Anzuelos de oro para captar dinero y votos

Las personas con actitudes populistas más marcadas tienden a dar por buenas no solo teorías conspirativas, sino también noticias oscuras y políticamente neutras, frases huecas con apariencia de profundidad e incluso creencias sobrenaturales.

Por Txema García Paredes | 3/11/2026

El timo financiero que circula por las redes y la propaganda de la extrema derecha, que la derecha extrema asume cada vez con menos sonrojo, comparten manual: un aval robado, una cifra imposible, una herida real y un enemigo a mano. Y el mismo estanque donde pescar.

Lo explico. Esta semana, deslizando el dedo por la pantalla del móvil, Facebook me ofreció hacerme rico. Un falso reportaje con la maqueta de un gran diario, la imagen de Marc Vidal (un analista económico y divulgador tecnológico que nada tiene que ver con este engaño) ante un atril donde conviven, imposibles, los logos de RTVE y de El País, y una promesa: con 250 euros, puedes conseguir hasta 40.000 al mes “en piloto automático” y sin ningún esfuerzo ni riesgo alguno. Más abajo, una familia fabricada por Inteligencia Artificial sonreía delante de un chalé, junto a un calendario de la felicidad: “en 1 mes: 45.000 euros. En 9 meses: una casa propia”. Así todo limpio de polvo y paja.

Es Quantum AI, un viejo conocido. La CNMV lo tiene señalado desde 2023, cuando usaba la cara de Antonio Resines, y por sus anuncios acabó multando con cinco millones de euros a la red X. Hoy sigue ahí, ahora en los reels de Meta, con la etiqueta interna de la campaña a la vista de cualquiera que mire el enlace: “ES leads”. Captación de contactos en el Estado español. Somos el banco de peces, y lo dejan por escrito.

No me interesa tanto el timo como su anatomía. Porque al desmontarlo, costura a costura, tuve la incómoda sensación de conocer el patrón. Lo llevo viendo años en la política del Estado español. La extrema derecha no inventó este manual, pero lo aplica con una disciplina que ya quisieran los estafadores de Quantum AI. Y una derecha cada vez más extrema que, en lugar de disputarle el marco, ha decidido comprárselo.

El estafador necesita a Marc Vidal y la tipografía de un periódico serio porque no tiene credibilidad propia: la roba. Es un aval robado: el prestigio ajeno puesto, sin permiso, al servicio del engaño. La extrema derecha ha perfeccionado la jugada. Primero desacredita a la prensa, a los jueces, a los científicos, a cualquier árbitro independiente: “medios del régimen”, “periodistas comprados”, “expertos a sueldo”. Después ofrece, como única fuente limpia, sus propios canales, sus agitadores con micrófono que se hacen pasar por periodistas, sus vídeos verticales. El timador falsifica El País. El demagogo te convence de que El País es la falsificación.

“De 250 euros a 40.000 al mes” no resiste una calculadora, y no importa: no está hecha para ser calculada, sino para ser deseada. En abril de 2021, Vox empapeló la estación de Sol con un cartel que enfrentaba a una anciana y a un chaval con la cara tapada: “Un mena, 4.700 euros al mes. Tu abuela, 426 euros de pensión”. La Comunidad de Madrid, gobernada por el PP, desmintió la cifra. Ningún menor tutelado cobraba nada parecido. Daba igual. La Audiencia Provincial acabó amparando el cartel como “legítima lucha ideológica-partidista” aun reconociendo que podía contener datos falsos. El bulo ya había hecho su trabajo, y lo sigue haciendo: cinco años después hay quien lo repite como un hecho.
Es la misma lógica del timo: una cifra enorme, un agravio comparativo y una víctima a la que señalar. Cambia el producto, no el mecanismo.

La herida verdadera

Aquí está la costura decisiva, la que conviene no olvidar. El anuncio de Quantum AI no miente sobre la inflación, sobre los sueldos que no llegan, sobre unos ahorros que se deshacen en el banco. Todo eso es verdad, y por eso el anzuelo funciona. La mentira está en la solución, casi nunca en el diagnóstico.

Con la extrema derecha y la derecha extrema ocurre lo mismo. La vivienda convertida en lujo, los jóvenes que no pueden emanciparse, la España vaciada, la sensación de que la política institucional es un club cerrado: son heridas reales, abiertas durante décadas por gobiernos de uno y otro color. El demagogo no las inventa; las explota. Y su gran truco consiste en desviar la culpa. El anuncio despotrica contra los “monopolios bancarios” mientras vende un fraude financiero. El discurso ultra apunta hacia abajo y hacia fuera, al mantero, al menor tutelado, a la vecina con hiyab, y casi nunca hacia arriba, hacia quienes fijan el precio del alquiler o se reparten los beneficios récord.

La urgencia y el miedo

“Regístrate antes de que se agoten las plazas”. “Es la última oportunidad para salvar España”. El tiempo apremiado anula la deliberación. Ningún timador quiere que consultes a tu hijo antes de transferir; ningún agitador quiere que contrastes el vídeo antes de compartirlo. La prisa es la condición del engaño.

Nada de esto sería tan eficaz sin la maquinaria que lo distribuye. Y aquí el paralelismo deja de ser metáfora para convertirse en descripción literal: el timo y la propaganda ultra viajan por los mismos cables, con los mismos algoritmos, hacia los mismos ojos.

La arquitectura tiene pisos. En el sótano, Telegram y los canales cerrados, donde se fabrica el material y se organiza la gente. En la planta noble, X, TikTok, los reels, el vídeo corto que el algoritmo premia cuanto más indigna. En el ático, el dirigente político que recoge lo que ha subido y lo legitima con su firma. Y abajo del todo, como eco, los medios que lo amplifican aunque sea para desmentirlo.

Torre Pacheco, julio de 2025, fue el laboratorio a cielo abierto. Tras la agresión a un vecino de edad avanzada, un canal de Telegram llamado Deport them now Spain convocó una “cacería” de personas de origen magrebí con fecha y hora. Los bulos corrieron por las redes durante días antes de que nadie saliera a la calle, y la violencia llegó puntual a la cita. Los expertos lo explicaron con una frialdad estremecedora: un chaval de un pueblo de Murcia interesado por lo que pasa en su comarca puede entrar en cuestión de minutos en grupos con contenido anti-inmigración. Es el mismo embudo que el de Quantum AI: un anuncio, un clic, un formulario, un “gestor” que te llama. Aquí, un vídeo, un clic, un canal, una consigna.

Y cuando la realidad no colabora, se fabrica. Tras la DANA de Valencia circularon decenas de bulos sobre cientos de cadáveres ocultos en el aparcamiento del centro comercial de Bonaire. La Policía Nacional y los bomberos revisaron cada vehículo y no encontraron ninguno. No importó. El producto nunca fueron los cadáveres, sino la frase que los acompañaba: nos lo están ocultando. Es el mismo producto que vende Quantum AI cuando insinúa que los bancos te esconden la verdadera rentabilidad. La desconfianza es la mercancía; el bulo, solo el envoltorio.

Quién pica, y por qué

Sería cómodo pensar que quien muerde estos anzuelos es tonto. Es falso, y además es exactamente lo que el pescador necesita que pensemos. La investigación en psicología política ha encontrado algo más inquietante: las personas con actitudes populistas más marcadas tienden a dar por buenas no solo teorías conspirativas, sino también noticias oscuras y políticamente neutras, frases huecas con apariencia de profundidad e incluso creencias sobrenaturales. El motor común no es la falta de inteligencia, sino una confianza creciente en la intuición propia y una desconfianza profunda en las instituciones.

Dicho de otro modo: pican quienes tienen motivos para desconfiar. El jubilado con una pensión corta. La joven que encadena contratos y comparte piso a los treinta y cinco. El hombre que siente que su pueblo se muere y que nadie en Madrid lo nombra. No les falta visión; les sobra abandono. Y el desprecio de quienes miran desde arriba, con su “cómo pueden votar eso”, es el mejor cebo que existe, porque confirma exactamente lo que el demagogo les ha dicho: que las élites les desprecian.

Hay un último paralelismo, el más cruel. La víctima de un timo financiero que ya ha depositado 250 euros tiende a depositar más antes que admitir el error, porque la vergüenza pesa más que la pérdida. Con el voto pasa algo parecido: cuando alguien ha construido parte de su identidad en torno a una bandera, reconocer el engaño duele más que redoblar la apuesta.

En esta pesca hay más beneficiarios que el pescador. Meta cobra por cada anuncio de Quantum AI que sirve, del mismo modo que su algoritmo premia el vídeo que más enfurece. Las plataformas no son un tablón neutral, sino el negocio que hace posible la estafa y la propaganda a la vez, y que monetiza ambas. Las instituciones, por su parte, llevan años mirando cómo se abría la herida sin cerrarla. La extrema derecha y su pariente envidioso de la derecha extrema no habría encontrado un estanque tan lleno si alguien hubiera puesto la vivienda, el salario y los servicios públicos en el centro de la política, en lugar de en los discursos.

No se desactiva un fraude explicando a la víctima que es avariciosa. Se desactiva cerrando la herida que el estafador explota y cortando el cable por el que llega el anzuelo. Lo segundo exige regular de verdad a las plataformas que hacen caja con el engaño. Lo primero exige algo más difícil: que la política vuelva a ofrecer soluciones reales a problemas reales, para que las imposibles dejen de parecer la única opción.

El 29 de noviembre muchos votarán con el móvil todavía caliente en la mano. Las encuestas sitúan a la extrema derecha cerca del veinte por ciento, siete puntos por encima de 2023. Antes de morder, conviene mirar quién sostiene la caña. Y, sobre todo, quién lleva años vaciando el río.

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