![]()
Las de Andalucía serán las elecciones definitivas que al PSOE le sirvan como test último para comprobar si se tiene que poner en serio a hacer política de izquierdas.
Por Lucio Martínez Pereda | 19/05/2026
El hueco no lo gana quien lo llena, lo pierde quién lo deja libre. En Andalucía no ha ganado el PP: ha perdido el PSOE. No es una derrota de liderazgo ni siquiera del partido. Lo que se ha castigado es la ausencia de políticas de izquierda, se ha rechazado una gestión que aparenta actuar sin cambiar nada.
Por otro lado, el llamado “partido de la sonrisa”, ese soberanismo andalucista es atractivo como una flor de primavera: vistoso, pero efímero. Sus votos son la expresión de un enfado con Podemos que se ha dejado absorber por los de Yolanda Diaz. No hay mérito en llenar un hueco si antes alguien lo dejó desierto: No existe acierto en quien llega sino error en quien se fue.
Las de Andalucía serán las elecciones definitivas que al PSOE le sirvan como test último para comprobar si se tiene que poner en serio a hacer política de izquierdas.
Las elecciones andaluzas son el último termómetro político para un PSOE que lleva demasiado tiempo situado en una tierra ideológica de nadie. Andalucía, que en mayor medida que Cataluña ha sido laboratorio histórico del socialismo español, envía un mensaje molesto pero necesario. El resultado confirma el desapego de su electorado tradicional, ya no hay margen para la ambigüedad: tocará decidir si el partido está dispuesto a reencontrarse con una política genuinamente de izquierdas o si, por el contrario, persistirá en esa deriva centrista que diluye su identidad hasta volverla irreconocible.
La política andaluza actual se define por errores ajenos más que por aciertos propios. El verdadero problema radica en la izquierda (especialmente el PSOE), que ha desertado de su rol histórico como motor de cambio social, dejando un vacío que otros llenan sin merecerlo realmente. Lo que evidencia el resultado electoral de ayer en Andalucía más que una derrota coyuntural, es una erosión ideológica y programática profunda. La izquierda ha de volver a llenar su propio hueco con contenido real, o seguirá perdiéndolo una y otra vez.
Se el primero en comentar