Estamos asistiendo a la voladura interna, con colaboracionismo incluido, de los frenos que las llamadas democracias liberales pusieron al Fascismo tras la Segunda Guerra Mundial.
La propuesta de Blas Infante es la de una República Andaluza de carácter socialista fundamentada sobre una economía socialista en la que la principal motivación del pueblo no es enriquecerse, sino prosperar colectivamente.
De nuevo Andalucía, mejor que cualquier otro lugar, nos muestra el nuevo escenario de cantonalización, discurso identitario y soberanismo, por la derecha y por la izquierda. Pero sobre todo por la izquierda.
La presión creció. Empresas empezaron a notar la ausencia en otro plano: consumo reducido, huelgas de cuidados invisibles, renuncias silenciosas. Lo que no se había entendido en las urnas se empezó a sentir en la economía.