Sangre en la nieve

Kraftidioten (In Order of Disappearance) es un film noruego, estrenado en 2014, que nos muestra a un padre, ciudadano del año, que, roto por la pérdida de su hijo, decide saltarse todas las normas de su ordenada vida

Por Angelo Nero

Siempre he sostenido que el mal nos habita, desde la cuna, y que solo hace falta que algo o alguien prenda la llama, para que nos entreguemos al fuego. No creo, ni tan siquiera, que los niños sean, por naturaleza, buenos, y lo cierto es que nunca he visto más maldad que en el patio de un colegio. Los que han padecido al matón de clase saben bien de lo que hablo. El cabrón que hay en nosotros se salta la educación y el civismo en cuanto puede, y para mantenerlo a raya hace falta una conciencia que, a veces, se rinde a los instintos. Del mismo modo que en todo ser humano hay una violencia latente, que se desata, en unos individuos en mayor medida que en otros, cuando ya no encuentras otro modo de canalizar tu rabia, tu impotencia o tu frustración porque te das cuenta de que no hay justicia que te ampare, y el cuerpo te pide rock and roll. La venganza es uno de los sentimientos en los que el cine ha explorado ese momento límite en el que una persona aparentemente pacífica, salta las líneas rojas y explota, alcanzando expresiones tan brutales como las de “I Saw The Devil” de Kim Jee-woon.

Kraftidioten (In Order of Disappearance) es un film noruego, estrenado en 2014, que nos muestra a un padre, ciudadano del año, que, roto por la pérdida de su hijo, decide saltarse todas las normas de su ordenada vida, para tomarse la justicia por su mano, al cerciorarse de que la policía no va a investigar el crimen, sin dudar en enfrentarse a una poderosa banda de narcotraficantes, aunque esto implique dinamitar todo lo que hasta ese momento era el motor de su existencia, su trabajo, su familia, la comunidad.

Entre el nordic-noir y el western, con un ritmo trepidante y explícitos» guiños a “Fargo” –los dos policías bien podrían ser los del pueblo creado por los hermanos Cohen- Hans Petter Moland, -que ya sorprendiera en 2004 en el festival de Berlín con “A Somewhat Gentle Man”, y en 2010 dirigiera la notable “The Beautiful Country” con guión de Terrence Malick- nos trae una violenta historia nucleada alrededor de Nils Dickman (interpretado por el brillante Stellan Skarsgård, a quien dirigió en otras tres películas), un apacible conductor de quitanieves, que vive en una pequeña población noruega, en medio de un idílico paisaje que no dudará en transformar en un infierno. Cuando su hijo es víctima de la banda de narcotraficantes del excéntrico y sádico Conde (Pål Sverre Valheim Hagen, a quien vimos en “Kon-Tiki”), donde sus integrantes toman sus nombres de películas de acción americanas (Rodrigo, Wingman, Chinamar…), Nils inicia una espiral de violencia que arrasará todo a su paso, como un quitanieves –y, a menudo, utilizando también su quitanieves-.

En medio de su trepidante ascenso de sangre para llegar al jefe de la banda, se suma a la venganza otra banda serbia de narcotraficantes rival, liderada por el hierático Papa (Bruno Ganz, el genial actor suizo, desaparecido en febrero de 2019, protagonista de tantos films inolvidables, como “El cielo sobre Berlín”, o “El hundimiento”), que da una vuelta de tuerca más, y escoge al hijo del Conde como objeto de su venganza.

En 2019 el propio Hans Petter Moland dirigió un remake de la película, con el título de “Cold Pursuit”, protagonizada por Liam Neeson, Laura Dern, Emmy Rossum, y Tom Bateman.

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