12 de octubre: lo que la ‘Hispanidad’ no quiere recordar

El problema con esta fecha no es solo histórico, sino político y simbólico. Lo que España celebra ese día no es tanto un hecho pasado, sino una idea: la ficción de una comunidad “hispánica” que encubre siglos de desigualdad.

Por Selim Balouati | 12/10/2025

Cada 12 de octubre se celebra en España la fiesta nacional. Una festividad que siempre abre debate, pues lo que se conmemora es la unidad de los pueblos hispanos, una idea ficticia. La llegada de los europeos al continente americano no es sino el inicio de una colonización. Es por ello que la celebración trae polémica, pues la conmemoración esconde una memoria de dominación e imposición que además muestra una carencia en el currículo académico de la asignatura de historia en las aulas.

El problema con esta fecha no es solo histórico, sino político y simbólico. Lo que España celebra ese día no es tanto un hecho pasado, sino una idea: la ficción de una comunidad “hispánica” que encubre siglos de desigualdad. Un proceso violento de conquista, desposesión y sometimiento que reorganizó el mundo bajo una jerarquía racial y económica que todavía hoy condiciona nuestras sociedades. La llamada “Hispanidad” no fue nunca una unión entre iguales, sino la extensión de un centro metropolitano sobre territorios subordinados. Fue la manera en que el imperio justificó su poder cuando las colonias empezaron a reclamar autonomía. Y sigue siendo, en buena medida, el lenguaje con el que se evita una verdadera revisión del pasado colonial.

Cuando se analiza el proceso histórico, se observa que el mito de la unidad hispánica se desmoronó mucho antes de las independencias del siglo XIX. Durante la crisis de la monarquía española (1808-1814), los territorios americanos mostraron claramente que la fidelidad a la corona era más retórica que real. La llamada vacatio regis, el vacío de poder tras la abdicación de los Borbones en favor de Napoleón, obligó a los virreinatos y audiencias americanas a decidir por sí mismos. Así nacieron las juntas americanas, que en nombre del rey comenzaron a gobernar sin él.

A través de esas juntas —en Caracas, Buenos Aires, Santafé o México—, los pueblos americanos aprendieron una lección fundamental: la soberanía no dependía del trono, sino del territorio y sus habitantes. En sus actas se invocaba la lealtad a Fernando VII, pero esa lealtad era un escudo político, una estrategia de supervivencia frente a la acusación de rebelión. En la práctica, aquellas juntas inauguraron un proceso irreversible: el de la emancipación política y simbólica. La llamada “Hispanidad” nacía fracturada, porque los pueblos que la componían ya no necesitaban al centro imperial para gobernarse.

Sin embargo, cuando España perdió sus colonias en América, no perdió su imaginario imperial. Lo reconfiguró. A comienzos del siglo XX, intelectuales como Ramiro de Maeztu reinventaron el concepto de “Hispanidad” como una forma de orgullo nacional herido. Bajo el franquismo, esa idea se consolidó como mito fundacional: España se presentaba como madre espiritual de un mundo que había “descubierto” y “civilizado”.

El 12 de octubre se convirtió en fiesta nacional y en desfile militar. La violencia colonial se transformó en épica. Las víctimas, en “hermanos menores” agradecidos y la conquista, en “encuentro”.

Esa operación simbólica tuvo un propósito: borrar el conflicto y convertir la desigualdad en identidad compartida. Se fabricó una memoria sin culpa, una historia sin víctimas. Por eso todavía hoy cuesta tanto en España hablar de colonialismo. Se considera una cuestión ajena, como si lo ocurrido en América no formara parte de nuestra historia, sino de la de “otros”. Pero el pasado colonial no es un relato lejano: es una estructura que sigue viva en la forma en que se organizan nuestras jerarquías culturales, raciales y económicas.

La persistencia del 12 de octubre como fiesta nacional revela que España aún no ha pasado por un proceso de descolonización de su memoria. Mientras muchos países de América Latina rebautizan esa fecha como Día de la Resistencia Indígena, Día de la Diversidad Cultural o Día de los Pueblos Originarios, España sigue celebrando la “Hispanidad” con un desfile de armas. Es una metáfora: mientras otros recuerdan las heridas del pasado, aquí se sigue reivindicando el poder que las causó.

Celebrar el 12 de octubre como “Día de la Hispanidad” significa ignorar que aquello que se llama “descubrimiento” fue, en realidad, una invasión; que el supuesto “encuentro” fue una imposición; que el “hermanamiento” se construyó sobre la subordinación. Significa también negar que los pueblos indígenas, afrodescendientes y mestizos no fueron sujetos pasivos, sino protagonistas de su propia historia, capaces de resistir, transformar e reinterpretar el legado colonial.

El problema no es recordar 1492, sino cómo lo recordamos. En el currículo académico de secundaria hay un mancante de esta parte en el estudio de la historia. Es la amnesia a la que ha sido sometida la historia colonial de España que va desde el continente americano, pasando por el asiático y el Africano, pero que sigue siendo un desconocido en la historiografía española. Una nación madura no teme revisar sus mitos. España necesita una memoria histórica que incluya también su historia colonial, que reconozca la violencia del imperio y escuche las voces que fueron silenciadas por siglos. Descolonizar el 12 de octubre no es un gesto contra España, sino un acto de honestidad con su historia. No se trata de borrar el pasado, sino de mirarlo de frente.

El 12 de octubre no debería ser una celebración, sino una jornada de memoria. Recordar no es culpar, sino comprender. España no puede entender su presente sin recordar su pasado colonial. Descolonizar la memoria no es reescribir la historia, sino contarla entera.

2 Comments

  1. Seguramente el perfecto español del señor Boluari, debe ser el efecto de ese imperialismo y colonialismo español, que trata de endilgar a otros colonialismos, sin asumir el propio, en una hispanidad imaginaria e imaginada. Ni Hispanoamerica ni Latinoamérica, simplemente AMERICA.

  2. El Sr. Balouati lleva razón al «descubrir» que la Hispanidad es producto del colonialismo, la dominación, la jerarquía… ¿A qué materialista le sorprende que los procesos históricos sean fruto de la lucha y derrocamiento de clases sociales? Bastaría con re-leer lo que Marx escribió sobre la India y el Imperio británico. ¿Acaso no fue España, junto con otras sociedades europeas en menor medida, la que propició una «revolución» en aquellos territorios?
    Queda pendiente que el Sr. Boluati descolonice también su pensamiento ¿Es «América Latina» un concepto ajeno a pretensiones imperiales de otras metrópolis? ¿Ajeno a Francia, por ejemplo?
    Eso sí, el Sr. Boluati se expresa en un perfecto español.

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