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El sindicalismo pactista quiere usar la huelga general del 11 de noviembre para salvar a un Gobierno que ha defraudado a la clase trabajadora.
Por Joaquín Castro | 8/10/2026
CCOO y UGT, junto al Sindicato de Inquilinos, han fijado para el 11 de noviembre la primera huelga general conjunta de las dos grandes centrales desde 2012. El paro de 24 horas llega 18 días antes de las elecciones del 29 de noviembre y dos días antes del arranque oficial de la campaña. Se convoca por la grave situación que hay en España con la vivienda.
Esta huelga llega muy tarde. Pedro Sánchez gobierna desde junio de 2018. Son ocho años de Ejecutivo supuestamente progresista, en coalición con Unidas Podemos y luego con Sumar. En ese periodo el alquiler y la compra se han convertido, para amplias capas de trabajadores, en un atraco a mano armada. La Ley de Vivienda de 2023 no detuvo el encarecimiento. Los decretos de última hora que el Congreso tumbó la semana pasada —y que el Gobierno ha vuelto a aprobar ya con las Cortes disueltas— son el epílogo de una legislatura que ha defraudado muchísimo. El problema de la vivienda se viene arrastrando desde hace mucho tiempo. Sin embargo, CCOO y UGT preferían la mesa de diálogo y la foto con el ministerio.
El argumento que presentan ahora es tramposo. La convocatoria se presenta como respuesta al rechazo parlamentario de esos decretos y a la presión de la calle tras el desahucio de Maricarmen. En la práctica señala a la oposición —PP, Vox y Junts — y exonera a quien ha tenido la mayoría, el BOE y ocho presupuestos para intervenir el mercado. El rentismo es una lacra que viene arrastrándose décadas. Creció mientras el sindicalismo mayoritario firmaba acuerdos de empleo y negociación colectiva que dejaban el coste de la vivienda fuera de la ecuación real del salario. El sindicalismo de Pacto Social ha sido un fracaso.
Además, las centrales sindicales mayoritarias llevan a cabo con esta convocatoria una maniobra de desgaste. Colocar el paro a las puertas del 29N permite a los sindicatos afines al Gobierno aparecer como voz de la calle sin haber cuestionado al Ejecutivo mientras tenía margen. El sindicalismo pactista usa la huelga para salvar a un Gobierno que ha defraudado a la clase trabajadora y para transferir la factura a quien está en la oposición o aspira a sustituirlo. Un movimiento lamentable de unas direcciones que llevan años siendo correa de transmisión del poder y que solo se acuerdan de la huelga general cuando el calendario electoral les conviene.
Aun así, sobran motivos para parar. El salario más frecuente no alcanza para un alquiler en las grandes ciudades. El parque público es residual. Los desahucios siguen. La especulación y el uso de la vivienda como activo financiero no se han frenado. Secundar el 11N tiene sentido si se hace contra el gobierno que nos ha mantenido en esta situación.
Hay que salir a la calle y desmarcarse de CCOO y UGT. El reformismo no es la solución para los trabajadores: es la forma de contener la protesta, pactar migajas y devolver el conflicto al día siguiente de las urnas. El 11 de noviembre sobran razones para parar. No vayamos de la mano de aquellos que actúan como mamporreros del Gobierno.
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