Me lo dijo Sánchez

Por Daniel Seixo

“Sin caer en asamblearismos, voy a habilitar mecanismos de consulta directa para que los compañeros se puedan pronunciar en hechos de interés político”.
Pedro Sánchez
"¡Con Rivera no!"
Militancia del PSOE

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Volvimos a las urnas y la cosa no podía ir peor, no por unos resultados con ciertos sobresaltos pero no muy alejados de lo que en el fondo y siendo sinceros todos nos esperábamos, sino que no ha podido ir peor por la constatación firme y real de que no existe ahí fuera una alternativa real o una política seria más allá de las fuerzas, todavía hoy minoritarias, del nacionalismo periférico.

Si una cosa parece clara en este parlamento, es la realidad indiscutible del nacionalismo como motor político de nuestro estado: catalanes, vascos, gallegos… Pero también canarios, cántabros, navarros e incluso la digna y durante tanto tiempo olvidada gente de Teruel, han comprendido que ante un reino injusto y una política durante largo tiempo sorda y ciega ante los problemas ajenos a Madrid, la única solución consistía en la vertebración de proyectos políticos propios alejados de las dinámicas y deseos de la capital. El propio Pablo Iglesias reculaba de su apropiación de la bandera rojigualda en los últimos compasas de campaña, para admitir al fin y novedosamente en la izquierda española, la necesidad de construir un proyecto alternativo al sentimiento castizo que parlamentariamente todo lo impregna en este país. Nunca es tarde para descubrir otro mundo y supondría para nuestra política un verdadero  soplo de aire fresco que la formación morada le diese de una vez por todas un poco de su color a la última franja de la hasta ahora nuestra bandera común.

Necesitamos políticos que se vistan despacio ante la urgencia de nuestras necesidades como estado

Sánchez decidió apostar por nuevas elecciones convencido de la fidelidad de un electorado socialista que se niega a abandonar a un partido no siempre fiel y que mira al futuro con temor a la ultraderecha y a los desafíos independentistas. No le ha salido del todo mal la jugada al doctor Jekyll y el señor Hyde de la progresía española, con un más que contundente castigo a la prepotencia de Albert Rivera que amenaza claramente con hacer desaparecer al partido naranja y un ligero toque a Unidas Podemos que parece confirmar la firmeza del suelo electoral del partido de Pablo Iglesias, los socialistas y el propio Sánchez encaran el futuro con la seguridad de verse atados por la inoperancia social de una nueva convocatoria electoral y la seguridad del Kamikaze que confía en que el otro se apartará primero en el último momento.

Iglesias sabe que en la pugna de banderas su formación sufre y pese a suponer el ascenso de Vox una oportunidad de oro con la que forjar un frente amplio de resistencia antifascista con las formaciones periféricas, que le permita comenzar la andadura de un proceso constituyente a largo plazo con el que presionar a Ferraz, las negociaciones de gobierno parecen situarse a como una prioridad inamovible en la agenda morada que a día de hoy parece no cuestionarse de modo alguno la conveniencia o no de entrar a formar parte de un ejecutivo que a todas luces parece destinado a encarar grandes retos y desafíos a corto, medio plazo. La economía, para bien o para mal, está destinada a devolvernos a la tierra tras mucho tiempo ya de castillos políticos difuminados en el aire.

El parlamento español debe volver a la realidad y será precisamente la fuerza del nacionalismo la que comience a poner sobre la mesa el materialismo que siempre debe caracterizar al debate político en un estado. ERC, JXCAT y la imprevisible CUP actuarán sin duda alguna unidos de cara a azuzar las brasas del conflicto con el estado, pero ante unos comicios cercanos, la clase social y la muy diferentes realidades de los ciudadanos de la República que dicen gobernar, irán ganando hueco en sus intervenciones. No esperemos menos de una entente vasca que siempre a la gresca entre abertzales y “gente seria” no deja pasar una oportunidad de desviar una parte de España cara a Euskadi, han aprendido los vascos que no siempre el que más grita gana más. La fuerza electoral, en los parlamentos burgueses, siempre tendrá más razón que las armas y a día de hoy, esa es nuestra realidad común guste más o menos.

Por su parte, entre la constelación de partidos y naciones con voz propia en Madrid, destaca la entrada del BNG de Ana Pontón y Néstor Rego, una formación nacionalista, pero ante todo práctica. No tuvieron prisa los cuadros del BNG por recomponer sus postulados tras el golpe de la nueva política, no cedieron a los experimentos, ni levantaron en exceso la voz conscientes de su todavía minoritario peso en la sociedad gallega. El bloque, como así es conocido entre sus votantes, supo aprovechar el descontento e inoperancia de la nueva política en tierras gallegas y el brillante papel en Europa de Ana Miranda, enviada a Bruselas tras un provechoso acuerdo con las formaciones del nacionalismo aliado de la periferia. De ellos podemos esperar el nacionalismo más clásico y más necesario, ese que acude a Madrid para exigir lo que le corresponde, consciente en cada momento de sus fuerzas y de la necesidad de avanzar mediante acuerdos en un estado más democrático que abra nuevos campos de juego.

No le ha salido del todo mal la jugada al doctor Jekyll y el señor Hyde de la progresía española

Estas elecciones dejan muy lejos cualquier cambio brusco en el estado español, pero al mismo tiempo nos encontramos en un punto interesante: ese en el que cada paso puede ser definitivo o cuanto menos indicativo de lo que podemos esperar de cara al futuro de cada uno de los actores que han pasado a formar parte del juego.

Necesitamos políticos que se vistan despacio ante la urgencia de nuestras necesidades como estado, no sería descabellado hablar de un proceso constituyente a un futuro vista, ni sería improcedente comenzar a negociar bloques de futuro en paralelo a la formación del actual  gobierno de cara a acostumbrarnos a cierto orden nuevo en medio de todo este nuevo caos. España ha cambiado y ahora necesitamos que nuestros políticos lo comprendan, la única alternativa a esto la dibuja el continuismo de una política de egos y grandes banderas en las que el narcisismo y el fascismo verde han demostrado saber navegar muy bien.

Si no queremos acercar todavía más la distopía de una figura como Santiago Abascal sentado en un Consejo de Ministros, necesitamos urgentemente hacer comprender a nuestros políticos lo inevitable de ceder y negociar, incluso cuando no siempre estemos jugando al mismo juego. Al fin y al cabo, eso es para lo que los hemos votado.


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