1 de Mayo: rearmarse ideológicamente y organizarse para lograr las conquistas obreras del siglo XXI

Los sucesos de 1886 fueron la respuesta organizada de una clase que supo leer su época y actuar en consecuencia. Hoy toca organizarse en torno a las necesidades concretas del siglo XXI.

Por Claudia Navarro | 1/05/2026

El Primero de Mayo no puede seguir siendo una fecha más en el calendario para salir a la calle y corear consignas de hace cien años. No se trata de reducir esa jornada a un homenaje a los mártires de Chicago de 1886. Aquellos trabajadores tomaron las calles para conquistar derechos. Organizados, decididos y con un objetivo concreto —la jornada de ocho horas—, pusieron en jaque al capital y obligaron al sistema a retroceder. Y ese es el espíritu que debe recuperar el Primero de Mayo en España en la actualidad: un día para rearmarnos ideológicamente, para organizarnos como clase social y para pasar a la ofensiva.

Hoy, más de un siglo después de la victoria de la huelga de ‘La Canadiense’ en 1919, seguimos bajo la jornada laboral de ocho horas. Y lo que es peor: llevamos treinta años con salarios estancados en términos reales. La inflación se come el poder adquisitivo, la precariedad se ha normalizado y la vivienda es un lujo. Mientras tanto, los beneficios empresariales baten récords y los gobiernos —sean del color que sean— nos venden “diálogos sociales” que solo sirven para que la burocracia sindical firme acuerdos a la baja.

Es bochornoso e intolerable que la dirección de CCOO y UGT lleve más de una década sin convocar una huelga general. Esa burocracia sindical no representa los intereses de la clase trabajadora; representa su propia inercia, su cómoda poltrona y su miedo a perder el control de unas estructuras que hace tiempo dejaron de servir para la lucha.

La clase obrera española necesita organizarse en torno a sus necesidades concretas del siglo XXI. No se trata de repetir consignas vacías. Se trata de identificar las batallas necesarias: reducción de la jornada laboral, aumentos salariales acordes al coste de vida, derogación efectiva de reformas laborales que precarizan el empleo, o un control obrero sobre los ritmos de trabajo, la subcontratación y la digitalización.

Pero nada de esto se conseguirá si los trabajadores no dejamos de delegar nuestra fuerza en burócratas que ya no creen en la huelga. Es primordial volver a tomar las riendas de nuestro propio movimiento. El Primero de Mayo debe ser el día en el que las asambleas de trabajadores, los comités de empresa combativos, las secciones sindicales de base y los sectores más conscientes se reúnan para trazar un plan de lucha real.

Los sucesos de 1886 no fueron un accidente histórico. Fueron la respuesta organizada de una clase que supo leer su época y actuar en consecuencia. Hoy, en pleno siglo XXI, la respuesta tiene que ser la misma: organización, confrontación y conquista.

No queremos un Primero de Mayo de flores y discursos. Queremos un Primero de Mayo de asambleas, de debates estratégicos y de preparación de las luchas sectoriales y de la huelga general que este país lleva demasiado tiempo esperando. La clase trabajadora española no está derrotada; está desorganizada y desmovilizada. Es hora de cambiar eso. El 1 de Mayo no puede ser solo una conmemoración, tiene que ser el punto de partida de la contraofensiva obrera. Porque si no avanzamos, retrocedemos. Y ya hemos retrocedido demasiado.

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