![]()
La equidistancia, presentada como prueba de objetividad, opera como una pedagogía política de la desmemoria
Por Lucio Martínez Pereda | 31/01/2026
Xavier Fortes, al salir en defensa de Pérez-Reverte, no hace sino reproducir la vieja doctrina de las responsabilidades simétricas: esa cómoda coartada que pretende repartir culpas por igual entre víctimas y verdugos, como si el golpe de Estado y la guerra fueran una masacre sin autoría.
Detrás de esa aparente ecuanimidad se agazapa una genealogía propagandística precisa: la fabricada en los laboratorios ideológicos del tardofranquismo, cuando Manuel Fraga, ministro e ingeniero del relato, ordenó reescribir la historia para allanar el camino a una reforma sin ruptura.
Aquella teoría -disfrazada de reconciliación y envuelta en lenguaje de concordia- sirvió para convertir la impunidad en un valor político aceptable dentro de un marco de olvido planificado y sacar adelante La Ley de Amnistía de 1977: el punto final que permitió a torturadores y jerarcas franquistas sobrevivir al cambio de régimen con las manos limpias y la biografía intacta.
La equidistancia, presentada como prueba de objetividad, opera como una pedagogía política de la desmemoria: Xavier Fortes, al salir en defensa de Pérez-Reverte, adopta la matriz discursiva de las “responsabilidades simétricas”, una fórmula historiográfica que permitía desplazar la cuestión de la responsabilidad criminal a un terreno de equivalencias morales donde desaparecían la noción de víctima y la figura del victimario. El objetivo último era dotar al franquismo de un relato de origen y cierre: una historia circular en la que la violencia fundacional del golpe hallaba su absolución en la violencia defensiva del enemigo derrotado.
Hoy, cuando el presentador de un programa público vindica al novelista que asume sin rubor ese marco narrativo, no estamos ante una polémica cultural, sino ante la hegemonía de la equidistancia como política de Estado. Defender a Pérez-Reverte en ese terreno no es un gesto de libre pensamiento; es el eco actualizado del guion que Fraga legó a la democracia.
Lo que esta polémica deja entrever no es una disputa menor sobre interpretaciones literarias. En la España contemporánea, donde la memoria histórica se invoca a menudo como signo de división y no como derecho democrático, el relato simétrico vuelve a funcionar como instrumento de manipulación propagandistica. Se presenta como defensa de la moderación, pero en realidad preserva las distintas legitimidades heredadas del franquismo.
Esa supervivencia depende de un ecosistema mediático que convierte la historia en entretenimiento y la opinión en sustituto del conocimiento. En ese terreno, novelista que por astucia o ignorancia renuncia a la complejidad fáctica y el periodista que se ampara en una neutralidad impostada coinciden en un mismo proyecto de desactivación crítica.
Al repetir la gramática de la simetría, ambos colaboran en la perpetuación de un relato de impunidad que atraviesa la democracia española como una fractura no resuelta. Así, lo que Fortes defiende al proteger a Pérez-Reverte no es sólo a un escritor, sino un marco ideológico que pervierte la Historia interpretando el pasado como algo que tiene que ser presentado como circunstancia portadora de un equilibrio moral. Lo que está en juego es la posibilidad misma de una historia pública emancipada de la pedagogía tramposa de la equidistancia.
Se el primero en comentar