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Wilson Tavares se hizo un hueco en el boxeo amateur, donde acumuló medallas y títulos. Mientras muchos boxeadores descansan, Tavares sale a trabajar.
Por Héctor Bujari Santorum | 15/06/2025
“Trabajo de 10 de la noche a 9 de la mañana. Cuando salgo, duermo hasta las 4 y a las 5 ya estoy entrenando hasta las 8”, cuenta Wilson. Luego vuelve a casa, come, se ducha y se prepara para volver a su trabajo. Así, día tras día, sin descanso real.
No es fácil. De hecho, es casi imposible. Pero para Wilson, el boxeo no es solo un deporte, es un sueño que está decidido a cumplir a toda costa.
Llegó a España con 15 años desde Cabo Verde, sin saber español, y puso el boxeo en pausa mientras aprendía y estudiaba. Pero nunca abandonó el ring. Se hizo un hueco en el boxeo amateur, donde acumuló medallas y títulos: en 2014 compitió en su primer campeonato promesas, quedando segundo, y desde 2016 hasta 2022 fue campeón élite de forma consecutiva en Galicia, además de ganar dos medallas de bronce en campeonatos de España (2019 y 2022). En 2022 dio el salto al profesionalismo.
No ha sido fácil. En 2022, Wilson vivió uno de los momentos más difíciles de su carrera amateur. Quería retirarse del amateur con un último campeonato de España, soñaba con un oro que coronara los años de esfuerzo. Llegó hasta semifinales, donde se enfrentó a un rival de la selección española.
Durante la pelea, Wilson abrió la ceja de su oponente en el segundo asalto, y el árbitro decidió parar la pelea por razones médicas. Según las reglas, cuando un combate se detiene por una lesión causada por un golpe legal, el otro competidor debería avanzar automáticamente en la competición. A pesar de la detención, su rival no fue eliminado y Wilson perdió en los puntos.
“Fue una injusticia. Sabía que ganar a un boxeador de la selección, a los puntos, era muy difícil si no era una victoria muy clara. Cuando te paran la pelea, deberías pasar adelante. Esta vez no fue así. Esa derrota no me dejó con sabor a derrota.”, explica Wilson.
Desde entonces, ha peleado cuatro veces como profesional, todas con victoria, pero el camino sigue lleno de obstáculos. “Pago mis entrenamientos, fisioterapia, dos gimnasios… todo sale de mi bolsillo. No tengo patrocinadores ni apoyos. Los equipos de boxeo son caros y no puedo permitirme ir al fisio cuando quiero, solo cuando no puedo evitarlo. Pero lo hago porque creo en mí.”
Wilson podría entrenar más, mejorar más rápido, si tuviera un pequeño empujón. Un apoyo que le permita concentrarse en ser el mejor, sin tener que repartir fuerzas entre el trabajo y el ring.
“Me gustaría hacer cinco sesiones personalizadas a la semana, pero no puedo.”
Pese a todo, Wilson sigue en Ourense, la ciudad que ha hecho su segunda casa. Muchos le han dicho que busque oportunidades fuera, pero él mantiene la fe en que aquí puede llegar lejos.
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“No quiero que me recuerden solo como un boxeador. Quiero que sepan que soy capaz de grandes cosas, que Ourense también tiene su campeón.”
Wilson no solo entrena y trabaja; también es responsable de su casa desde que tiene 18 años. “Vivir solo no es fácil. Tienes que ocuparte de todo: la casa, la comida, el descanso, y entrenar.” Para él, el tiempo es un recurso limitado que siempre está en déficit.
En el ring, Wilson se siente más fuerte que nunca. “Mi boxeo es más dinámico, más creativo. Tengo una pegada que nadie en mi categoría tiene.” Pero lo que más le motiva no son los golpes, sino demostrar que, con disciplina y sacrificio, se puede llegar lejos aunque el camino sea cuesta arriba.
Wilson trabaja en una residencia para jóvenes con discapacidad, un empleo que exige energía y entrega total. “Son chicos, no es una residencia de ancianos. Trabajo de noche y eso afecta mi descanso, pero es un trabajo gratificante.”
La combinación de trabajo nocturno y entrenamientos no solo exige un gran sacrificio físico, sino también mental. Wilson enfrenta un nivel de desgaste que muchos deportistas profesionales ni siquiera llegan a conocer. “Trabajo de lunes a lunes. No es fácil, pero no quiero rendirme”, afirma.
Su único descanso llega tras completar siete días consecutivos de trabajo, lo que le permite disponer de una semana libre.
Su sueño es dejar el nombre de Ourense en lo más alto, ser campeón de España y, sobre todo, ser reconocido por lo que es: un boxeador que lucha contra todas las adversidades.
Wilson Tavares no solo pelea contra rivales en el ring. Cada día, pelea contra el cansancio, la falta de recursos y la falta de oportunidades. Pero no se rinde. Y ese es el combate más admirable.
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