Violencia obstétrica

Por Pili Capi

Primero vamos a decir qué es esto: aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929.

Un parto cualquiera… La primera vez que te haces el test de embarazo y sale positivo, es lo que buscabas junto con tu pareja, desde ése momento aunque hayas leído mucho, hablado con otras madres cada una te cuenta la feria como la ha vivido y para nada las historias serán como la tuya, ni el embarazo, los síntomas que se sienten, el dolor, molestias y parto serán como el tuyo, cada mujer y cada cuerpo es un mundo, el umbral del dolor también es distinto. Partiendo de ahí vas a tu primera cita con la ginecóloga/o… enhorabuena estás de x semanas, analítica y eco para verificar que el embrión se ha implantado en el útero bien y tiene las medidas correctas a las semanas de gestación. Te hacen tumbarte en una camilla e insertan un preservativo en una ¿¿¿alcachofa de ducha????.  Es el ecógrafo y tiene una cámara donde hace fotitos de tu interior, pero si no te lo explican entre que no sabes por donde te viene el aire y el fresco que notas en los bajos cuando te ponen el gel que está frio como el hielo, te sientes un poco agobiada y ridícula al mismo tiempo.

Las siguientes visitas son rutinarias, peso, preguntas normales si sientes síntomas raros, como te encuentras, nadie te pregunta por tu estado emocional que por cierto es una montaña rusa de emociones cada media hora, sensible, con muchas preguntas en la cabeza que no te atreves a hacer porque igual te consideran tonta, no hay ése clima de confianza entre facultativa y paciente, como es algo tan natural un embarazo, temes que al preguntar se piensen que te has caído de la higuera.

Pasan los meses haces las pruebas correspondientes a cada periodo de embarazo, analíticas, ecos, prueba de la glucosa, te escuchan los latidos del feto… pero todo muy frío, como que dan por sentado lo que estás pasando, a ver si, verán a miles de embarazadas todos los días muchos nacimientos pero cada mujer sufre su embarazo y sus dudas, un poquito de empatía y calidad humana a veces no viene mal, que las primeras veces son para todas. Supongo que el primer día de trabajo para todo el mundo es único, se pasan nervios y se tienen dudas, pues esto igual. Última visita al “gine”, entras con tu tripa que no te puedes mirar ni los pies, te notas pesada, cansada y tienes ganas de parir, contracciones de Braxton Hicks, para preparar tu cuerpo para lo que te va a venir… tela… y sin tú saberlo te calzan la mano hasta adentro sin ningún tacto ni mesura porque se piensan que tienes un pozo sin fondo y allí cabe todo, joder, duele, vale que va a salir una criatura por ahí pero “coñio”, un poco más de tacto que no me dices nada y me has dejado muy fresca, sales de la consulta como si hubieras montado a caballo al trote durante 24 horas, dolorida y con cara de sorprendida mientras miras a las mujeres que están allí expectantes de que pronuncien sus nombres para realizarles la misma visita…( jajaja verás la que te espera).

Llega el ansiado día, te pones de parto con dolores varios, eres un manojo nervios, estás pensativa seguramente sin poder descansar bien en varios días, tu cuerpo es una bola redonda con un ser vivo que dentro te está pegando una somanta leches porque quiere salir, se le queda pequeño tu útero y pide conocerte, algunas pueden expulsar el tapón mucoso, otras romper aguas sin expulsar el gelatinoso tapón, o simplemente ninguna de las dos cosas y tener contracciones cada 5 minutos que duelen a morir. (Recordar cada parto, embarazo y umbral del dolor en cada mujer es muy personal y un mundo).

Llegas a urgencias y mientras no sabes dónde ni cómo ponerte para que remitan los dolores, alguien en ventanilla pregunta por tus datos, supuestamente vas acompañada de alguien para vivir lo que vas a vivir, miras alrededor y encuentras a otras como tú, las caras son un poema, el dolor reflejado en los rostros de la sala corta la respiración, estás cagada.

Te meten en una sala y sin preguntar te rasuran el vello púbico porque mira se hace así, pero bueno, sin preguntar ni decirte nada te dejan la “pepitilla” más pelada que el culo de un mono, de repente ves aparecer a 3 o 4 personas y tú ahí con todo al aire bien dolorida, asustada y deseando que todo acabe y te palpan por dentro para ver cuántos cm de dilatación llevas y si hay que pasar ya a paritorio, una persona es la gine, el resto estudiantes, que si, que tienen que aprender pero bueno, los 4 introducen su mano entera para aprender donde está el fondo de tu pozo y tú allí mirando con cara de alucinada entre dolores, me acaban de manipular los bajos 4 “batablancas” que no había visto en mi vida porque tienen que aprender, vale sí, pero avisar “coñe”, mira somos estudiantes y vamos a palparte, tranquila, ná… tu coño es tu casa e invito sin permiso. Dilatas poco, te enchufan oxitocina para provocar las contracciones más seguidas y borrado del cuello del útero, como has ido con la bolsa rota no puede estar la criatura sin líquido amniótico más de 24horas, ok eso te lo explican mientras estás llena de monitores y tu tripa parece el control de la nasa, cables por todos lados para ver si lo de está dentro de ti chuta convenientemente. Aquello te empieza a doler y tu barriga te pega unas sacudidas muy fuertes, (jodó… la oxitocina ésta como arrea), yo creo que ni Regan, la niña del exorcista, se atrevería a decirte ahora cualquier cosa, te tiembla el cuerpo, tienes frío, nadie te explica las consecuencias y cómo actúa la oxitocina, dolor no lo siguiente, no sabes si lo que llevas dentro es una criatura o lo que poseyó a la niña del exorcista… ¡sacarme esto yaaaaaaaaa de aquí!.

Después de eso y un rato de dolor, tienes ganas de empujar y vas al paritorio a traer una nueva vida al cochino mundo éste que vives, viene alguien y sin explicarte nada te calza la mano hasta adentro con un tubito que lleva unos electrodos, se los inserta al bebé en la cabeza para mirarle funciones vitales o yo que sé… te quejas que te hace daño y te espeta que haber cerrado las piernas que estabas allí porque querías, que ella estaba donde tenía que estar… Entre el daño que te hace, la impotencia de no mandarla a la mierda y la situación que te sobrepasa te sientes débil y frágil,  entra la “gine”, le cuentas lo que te ha pasado y menos mal te da la razón, el trato recibido ha sido lamentable, se disculpa y por supuesto pides que no quieres verla y que si quieren pongan otra en su lugar, no formulas queja escrita porque la verdad, deseas que se acabe todo ya. Pero se portó mal contigo y lo saben, no son formas.

La epidural puedes pedirla para reducir el dolor en todo éste proceso, si atinan a ponerla bien te llevas un pinchazo guapo, y si no te hace efecto correcto notas todo el dolor con lo cual te llevas dosis extra al cuerpo, bendita epidural. Sin respirar por  miedo a que la aguja te deje paralítica del montón de historias que te han contado por ponerte dicha inyección, ni respiras aguantando estoicamente una contracción de narices para que la aguja ni se mueva, que montón de cosas pasan por la cabeza, madre mía.

En paritorio ves un montón de caras, hace frio o al menos es lo que sientes tú, te tumbas en la mesa ésa con las piernas arriba y con la pepitilla bien ahí… como una pantalla en el cine, público para todos, la postura es incómoda, muy favorecedora para el personal sanitario pero para las madres complicada, no tienes libertad de movimientos, no te puedes girar, ésa es la postura de parto que hay y te la comes, cuando está demostrado que la mujer decida la posiciones para dar a luz y cuándo empujar durante el parto es mucho mejor.

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La Organización Mundial de la Salud asegura que la creciente medicalización de los nacimientos está dañando la capacidad de las mujeres para dar a luz. El parto debe ser tratado como un proceso natural, con la madre en el centro de la toma de decisiones y solo debe intervenirse cuando haya complicaciones.

Cuando te dicen empujar empujas y cuando te dicen para lo haces, no te explican el proceso, no te cuentan nada, algunas personas si te dan muestras de afecto, otras es un proceso mecánico que deben de hacer cientos de veces al día, todo muy frio, pero la que hay en la mesa espatarrada es única y no la conocen.

Sin pedir opinión otra vez te practican una episotomía de la cual te vas a acordar varias semanas y de la cara de quien te la práctica, ésta práctica no se debería hacer sistemáticamente a todas las parturientas si no hay alguna amenaza que pueda complicar el parto y nacimiento de la criatura, el perineo se estira, la piel cede y es un proceso natural por el cual si no hay desgarro o peligro alguno no debe hacerse sin más, para facilitar el trabajo al personal médico, rajar por rajar pues mira no.

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Unos “ minutejos” que parecen eternos por fin sale la criatura, no sientes dolor, la miras, he sido capaz de parir una vida, te embarga la paz, tranquilidad, estás feliz, plena, lloras de felicidad, te la ponen en tu pecho y la hueles, es tuya para siempre, un cordón que nunca se corta emocionalmente y es de por vida.

Llegas a la habitación llena de dolores, lágrimas con el “mochuelo” en la cuna, hay que poner al nuevo ser humano a mamar, te vienen como 4 o 5 personas a decirte cómo has de poner al neonato en las tetas, unos dicen una cosa otros otra, lo haces mal, así no se pone, la boca así, el brazo allá, no tienes paciencia, sentada, ¿por qué sentada? dejarme en paz que por mucho que acabe de parir sé bien como alimentar a mi criatura, mira eso si sale sin más, es algo indescriptible, la unión es perfecta, es automático en cualquier postura, de pie, sentada, acostada, lateral…. , perfecto.

Sales del hospital pasados unos días con unos consejos y dudillas resueltas a tu casa a enfrentarte a la vida con tu pequeño milagro en brazos, eres feliz.

La historia que he contado es un parto cualquiera de una mujer cualquiera, habrá miles de anécdotas por el mundo de cada mujer, sí, que hay que humanizar más todo esto, el personal médico es espléndido y la dedicación, cariño que dan a muchas mujeres que pasan por esto es fundamental, pero si hay casos de personas que tratan un parto como si las que van a parir no fuesen personas con sentimientos, no hay que juzgar a ninguna, gritarla ni menospreciarla. Respeto la labor sanitaria y el trabajo tan bonito que tienen de ayudar a traer vidas, pero un poco de humanidad a veces siempre es mejor para todos.

 

 

 

 

 

 

 

 


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