Vacíos en la nueva realidad

Nuestra realidad está destrozada. Es fea y hace daño. Pero lo peor es que no podemos curar todavía porque los golpes nos siguen cayendo cada día incrementando esa fealdad

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Por Iria Bouzas

Intento pensar en cómo será la vida cuando el maldito virus pase y me doy cuenta de lo mucho que me gustaría tener alma de artista para poder describir lo que creo que será entonces la realidad. 

Si tuviese talento para pintar, podría crear cuadros con escenas corrientes. Escenas en las que apareciesen personas haciendo su vida normal. Una vez terminados los cuadros y seca la pintura, podría coger un punzón y hacer agujeros sobre algunas de esas figuras humanas y romper a golpes esa parte de lienzo.  

Y lo dejaría así, lleno de agujeros. Ese sería el aspecto final de mi cuadro. Escenas cotidianas llenas de vacíos. 

Si tuviese habilidad para la fotografía me apostaría en un rincón más o menos discreto de alguna calle y estaría horas capturando imágenes un día cualquiera. Una vez reveladas las fotos usaría unas tijeras para recortar agujeros entre los viandantes. Las cámaras no pueden retratar a los muertos pero sí podemos recortar la silueta de sus fantasmas de las imágenes. Podemos vaciar los espacios por los que deberían seguir transitando si esta maldita pandemia no los hubiese arrancado tan dolorosamente de nuestra realidad. 

Si tuviera talento artístico podría retratar la realidad, pero parece que las palabras, al menos mi habilidad y mi capacidad de trabajar con ellas no son lo suficientemente poderosas como para conseguirlo. 

Mientras escribo, no dejo de pensar que quizás cuando todo pase alguien que yo ame, o incluso yo misma, podemos ser uno de esos agujeros de las imágenes. 

Y mientras lo pienso se me revuelve todo por dentro con una mezcla de miedo y pena. 

Se ha quedado mucha gente atrás. Han muerto personas que eran los padres, los hermanos, los abuelos, los hijos y los amigos de personas que, aunque siguen aquí, probablemente estén con nosotros a medias porque el dolor les haya arrebatado partes de sí. 

Nuestra realidad está destrozada. Es fea y hace daño. Pero lo peor es que no podemos curar todavía porque los golpes nos siguen cayendo cada día incrementando esa fealdad. 

Más muertos y más enfermos que se unen a sanitarios cansados, personas con problemas mentales, dolor y tristeza. 

Es horrible y no podemos hacer casi nada para evitar que lo sea. 

Solo podemos hacer que no sea aún peor protegiéndonos todo lo que podamos para no ser otro agujero más en la imagen de esta existencia. 

Cuídense mucho. Ignoren los cantos de sirena de esos que les hablan de una supuesta libertad que lo único que puede conseguir es que su entorno se llene de agujeros que con el tiempo solo pueden ser llenados de vacío. 

Cuídense y cuiden a todos los que tengan la responsabilidad de cuidar. 

Cuando te vas haciendo mayor te das cuenta de que el tiempo pasa volando. Pasarán las próximas semanas y los próximos meses y por ahora no parece que la realidad pueda ser diferente a corto plazo. 

Pero todo esto pasará.  

Antes o después, pero pasará. 

Y la imagen que nos va a quedar ya tiene demasiados agujeros. Demasiados huecos y heridas que cicatrizar.  

Cuídense mucho, por favor se lo pido. 

No quiero que usted, la persona con alma que está leyendo esto me falte en esa realidad. 

Ni que falten esas personas que hacen que su vida sea lo que es y que le conforma a usted como la persona que es. 

No quiero que falten los míos porque sin ellos yo no tengo ningún sentido. 

Y no quiero faltar yo porque la vida, aunque a veces se convierta en un sitio atroz, de momento es en el único en el que me garantizan que pueda estar. 

¡Cuídense mucho! Tomen esa frase como un ruego, como una orden o como lo que quieran. Pero háganlo. 

Y cuando lleguemos a esa nueva realidad sin el maldito bicho este, podremos reflexionar juntos sobre todo lo que nos ha pasado. 

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