Una Europa cipaya y arrodillada ante EE.UU

Europa hace demasiado tiempo que se ha convertido en una chiringuito militar estadounidense. ¿Hasta cuándo vamos a soportar esta vejación?

Por Oriol Sabata | 14/01/2026

La nueva ola de chantajes e intervenciones militares que está llevando a cabo Estados Unidos responde a una estrategia para tratar de mantener su hegemonía mundial, que está siendo disputada por otras potencias.

Lo novedoso de esta nueva fase es que Washington, en su obsesión por controlar el ártico, está amenazando incluso a un Estado miembro de la OTAN como Dinamarca para anexionarse Groenlandia. Esto, a priori, puede parecer contradictorio y muy alarmante, más todavía cuando desde el final de la Segunda Guerra Mundial nos han vendido la idea de que la alianza atlántica era garantía de seguridad para Europa. Sin embargo, los recientes acontecimientos vienen a reafirmar que la OTAN siempre ha sido una herramienta de dominación y de defensa de los intereses estadounidenses.

Las bochornosas declaraciones de Mark Rutte evitando condenar las amenazas de invasión sobre Groenlandia, y la tibieza de la jefa de la diplomacia europea Kaja Kallas, refuerzan la imagen de vasallaje de estos entes supranacionales alineados por completo con los caprichos de la Casa Blanca.

Europa hace demasiado tiempo que se ha convertido en una chiringuito militar estadounidense. La propia Groenlandia tiene alojada en su territorio la base aérea de Pituffik, construida en 1951 durante la Guerra Fría, y que cuenta actualmente con unos 700 efectivos. En el territorio de la UE hay alrededor de 50 bases estadounidenses y se estima que hay desplegados unos 70.000 efectivos militares. Los estados miembros han transformado a la UE en un gran centro de operaciones norteamericano, vendiendo la soberanía de los países y borrando por completo cualquier atisbo de dignidad e independencia.

Ante semejante claudicación, vemos a un Donald Trump desatado y conocedor de que no habrá respuesta desde Bruselas. El panorama en los Estados miembros de la UE, salvo alguna excepción como la de Robert Fico en Eslovaquia, es igual de gris. Ni se plantean sanciones, ni se llama a consultas a los embajadores de EE.UU. Y por supuesto, tampoco se cuestiona la permanencia en la OTAN ni se pone sobre la mesa la expulsión de tropas y el desmantelamiento de las bases. La burocracia europea baja la cabeza y asume plácidamente la humillación. ¿Hasta cuándo vamos a soportar esta vejación?

Frente a esta Europa cipaya y arrodillada ante EE.UU, surge la necesidad urgente de conformar un amplio movimiento de carácter progresista y patriótico que recupere la soberanía del continente. Y esto pasa, irremediablemente, por trabajar para la salida de la UE y la OTAN, dos organismos supranacionales clave en este sometimiento y que juegan un papel fundamental como dique de contención ante la irrupción de una alternativa popular en el seno de la UE que plantee cambios estructurales.

Vienen tiempos convulsos. Nos encontramos en un momento de militarización y escalada bélica en el que tocará librar una nueva batalla por la neutralidad y la independencia. Y esto solo será posible sacudiéndonos la losa del imperialismo estadounidense que tanto tiempo llevamos arrastrando sobre nuestras espaldas. Europa debe comenzar a caminar libre de tutelas.

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