Turismo masivo. Cómo empobrece a las clases populares y subyuga a la economía nacional (1)

Por Pablo Molejón

  1. INTRODUCCIÓN Y BREVE ANÁLISIS SOBRE EL NACIMIENTO DE LA INDUSTRIA TURÍSTICA EN ESPAÑA

Barcelona. Año 2017. En una ciudad con entonces 1.625.137 habitantes, hicieron noche 30 millones de turistas. En Mallorca, los turistas llegan al Aeropuerto de Son Sant Joan a ritmo de 2 pasajeros por segundo, y este mismo aeropuerto es, desde hace varios años, el más atascado de Europa. Las Islas Baleares en su conjunto soportan al día 486.072 personas más que hace 20 años, y Mallorca es líder mundial en plazas de hoteles ofertadas.

Este es el panorama que se vive en ciertas regiones de España desde hace tiempo. Nuestro país lleva ya mucho tiempo dependiendo económicamente del turismo, y no del cultural, sino del de sol y playa. España lleva años condenada a ser la playa de Europa, el país al que todos se van de vacaciones. Y esto conlleva consecuencias (como se está viendo ahora con la pandemia del coronavirus). Pero ya comentaremos esas consecuencias después. Ahora quiero centrarme y explicar brevemente cómo surge la industria turística en España.

El turismo de sol y playa aparece en España por primera vez en los años 60. En el año 1959, el gobierno de Franco impulsa el llamado Plan de Estabilización, un plan económico cuyo objetivo de fondo era que, después de tantos años, la comunidad internacional viese al régimen fascista con buenos ojos. El Plan de Estabilización consistió básicamente en liberalizar más la economía, y abrirse a los mercados financieros extranjeros. España entró en la Organización Europea para la Cooperación Económica, el FMI y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, de los cuales recibió créditos y ayudas económicas. la dependencia del país de estas ayudas, sumado a los bajos costes de la industria turística, el clima y condiciones geográficas que propician el crecimiento de esta industria y la buena imagen del régimen que se daba con el turismo a la comunidad internacional, hicieron que el gobierno de la dictadura basara la estabilización y el crecimiento económico fundamentalmente en el fomento de inversión privada en la industria turística.

Ya muerto Franco, en los años 80, el turismo masivo incrementó de forma exponencial con el gobierno de Felipe González. Se liberalizó todavía más el sector turístico y, además, se introdujo por primera vez el márketing en este sector, lo cual atrajo a millones de turistas, muchos más que en los años anteriores.

Desde entonces el sector turístico no ha hecho más que crecer de forma alarmante, trayendo consigo innumerables problemas sociales, económicos y medioambientales. Estos últimos serán los que presenten las consecuencias más graves a largo plazo, y algunas de esas consecuencias ya las estamos viendo ahora. De eso hablaré en el próximo bloque.

  1. DAÑOS MEDIOAMBIENTALES GENERADOS POR LA INDUSTRIA TURÍSTICA.

De todos los problemas que acarrea el turismo masivo, este es sin duda el que peores consecuencias nos traerá a largo plazo, porque afecta directamente a la tierra en la que vivimos, daña a la naturaleza de la que subsistimos, agota los recursos de los que nos abastecemos. La industria turística es, sin duda, una de las más contaminantes.

Simplemente mencionar algunos datos bastante preocupantes sobre les Illes Balears. En 2010 entraban y salían del Aeropuerto de Palma 30 aviones cada hora, 4.300 pasajeros. En 2017, el número de aviones cada hora ascendía a 40, el de pasajeros a 5.600 pasajeros. Un avión comercial de los más comunes consume de media en torno a un galón (4 litros) de combustible cada segundo. Este consumo, en el marco de los datos de entradas y salidas de aviones mencionados al principio, es algo abismal.

En cuanto a cruceros, los datos no son mejores. En 2012, llegaban a Mallorca 632 cruceros, 1,9 millones de pasajeros. En el año 2017, llegaron 825 cruceros, 2,13 millones de pasajeros. Un crucero del tamaño de los que suelen llegar a Mallorca contamina en cuestión de CO2 (según el diario The Guardian) lo mismo que 80.000 coches. Además, uno de los más importantes problemas de los grandes barcos es que el combustible que utilizan es extremadamente contaminante, más que el de un coche, un autobús o un camión, ya que los cruceros utilizan la fracción del refinado del petróleo de más baja calidad, el cual tiene un más alto contenido en azufre, materiales pesados altamente tóxicos, etcétera.

 Ya pasando a la parte de consumo en tierra firme, en febrero se consumían en Mallorca 396.276 MwH de energía. En agosto, en plena temporada turística, se consumían 707.577 MwH. El consumo de agua también aumenta con el turismo, en los siguientes datos, varía no en función de la temporada turística (que también), sino en función de la ubicación del municipio que se estudie. En los municipios de interior, zonas con poco turismo (dentro de lo que puede significar “poco turismo” en Mallorca), el consumo de agua es de 150 litros por persona. En los municipios de costa, los más afectados por el turismo, el consumo medio es de 320 litros por persona, algo verdaderamente alarmante. Y en cuanto a residuos, en enero de 2019 se generaban 45.766 toneladas de basura. en agosto del mismo año, 88.893 toneladas, casi el doble.

Además, según el científico del CSIC Antonio Turiel, las energías no renovables están llegando a sus máximos de producción, y la alternativa que queda, las renovables, no serán capaces de aguantar el peso del turismo masivo si este sigue en su línea actual o aumentando, ni serán capaces tampoco de cubrir o arreglar el daño causado hasta ahora.

Y todo esto sin hablar de la destrucción directa del medio ambiente por parte de las constructoras de chalets turísticos de lujo. Se estima que en los últimos 60 años en Mallorca se ha urbanizado una hectárea al día. 100 metros cuadrados de entorno natural, de espacios agrarios que eran productivos, naturales, paisajísticos, etcétera, destruidos para construir casas de lujo cada día.

  1. IMPACTO DEL TURISMO SOBRE EL MERCADO DE LA VIVIENDA. ALQUILER, GENTRIFICACIÓN Y DESHAUCIOS.

Uno de los grandes conflictos que se viven en España es el mercado del alquiler. A lo largo de estos últimos años el precio de la vivienda ha subido de forma alarmante, vemos noticias que nos dicen que de media, un jóven destina el 90% de su sueldo a pagar el alquiler, y cada día son más abundantes las familias que no pueden pagar la subida del precio de su piso, y que tienen que mudarse a zonas más baratas (si tienen la suerte de encontrarlas) pero de calidad casi denigrante. También aparecen cada día más noticias de gente deshauciada por no poder pagar el alquiler, desde familias con hijos hasta, por ejemplo, una señora de 70 años con discapacidad, que fue expulsada de su casa a mediados de julio, cuyo deshaucio intentaron para diversas asociaciones (que por cierto, sufrieron cargas policiales). Todo esto se debe, en gran parte, a la influencia del turismo.

En los últimos años está apareciendo un fenómeno que sustituye progresivamente a los hoteles y que, por desgracia, viene para quedarse: El alquiler turístico. Plataformas como Airbnb o Homeaway ofrecen pisos de alquiler en buenas zonas de la ciudad, pero sólo a turistas. Y no hay pocas ofertas: Airbnb ofertaba en Mallorca 120.000 pisos en 2019, y una semana después de salir la oferta de Airbnb, Homeaway ofertaba 160.000 plazas más. Esto acarrea varios problemas, el primero, la gentrificación. Las zonas conectadas, accesibles, baratas y de calidad pasan de ser de los habitantes de la ciudad a ser de gente con más dinero que ellos, en este caso, no particulares, sino plataformas de alquiler turístico como las anteriormente mencionadas. Esto tiene como consecuencia la expulsión de estas familias trabajadoras a zonas más pobres y de peor calidad (en eso consiste la gentrificación). Yo diría incluso que este tipo de gentrificación es aún más cruel de la habitual, es un tipo de gentrificación más cruel, ya que normalmente esta ocurre porque las familias no pueden pagar el alquiler, pero en este caso no es sólo eso, ya que no es simplemente que no puedan por motivos económicos, es que tampoco se les deja ya que esos pisos son ofrecidos exclusivamente a turistas, es decir, en las épocas en las que no hay turismo, ¡Muchos de esos pisos permanecen vacíos! porque son de uso exclusivamente turístico, y porque las familias obreras no los pueden pagar.

El alquiler turístico no sólo trae consigo gentrificación, trae algo peor: deshaucios. Según el Diario de Mallorca, el alquiler turístico ha provocado más de 1500 deshaucios al año en Palma de Mallorca. Ni que decir tiene que un deshaucio es una violación en toda regla de uno de los derechos humanos más básicos. El derecho a una vivienda digna está recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y en el artículo 47 de la Constitución Española (para todos aquellos partidos que se proclaman constitucionalistas y que violan permanentemente este artículo, un saludo).

Además, el turismo masivo afecta también a la industria constructora de viviendas, que ha pasado de dedicarse a construir vivienda convencional, a vivienda turística de lujo como, según dice el Diario de Mallorca, reconocen los principales promotores.


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