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Este noir italiano, que graba imágenes dolorosamente bellas en tu retina en cada escena, tiene también mucho de los western de otro maestro italiano, Sergio Leone.
Por Angelo Nero | 22/11/2025
Carlo Bonini y Giuliano Foschini publicaron en 2019 Ti mangio il cuore. Nell’abisso del Gargano. Una historia feroce, en donde desvelaba uno de los clanes mafiosos más violentos de Italia -con permiso de la Cosa Nostra sicialiana, la camorra de Campania y la ‘Ndrangheta calabresa y la Cosa Nostra siciliana-, la Sacra Corona Unita, que tiene su sede en la región de Apulia, en el sur de la península itálica: “En las tierras que se extienden desde el Gargano hasta San Severo, desde Manfredonia hasta Cerignola, las familias de la Sociedad Foggia y los Montanari del Promontorio controlan el territorio”. Con un arduo y peligroso trabajo de investigación y documentación, recabando testimonios de víctimas y magistrados, los periodistas pusieron sobre la mesa una violencia arcaica y bestial, que cada año dejaban cerca de 360 asesinatos, de los cuales la mayoría quedaban impunes.
En 2022 el director Pippo Mezzapesa tomó como base este trabajo periodístico, y recreo libremente algunas de las situaciones que describía en Ti mangio il cuore, uno de los más bellos y violentos film de la Cronaca Nera italiana que he visto, que rezuma, además una fuerte dosis de neorrealismo o, por hacer un juego de palabras, de noirrealismo, y rodada en un exquisito blanco y negro que refuerza el dramatismo de una película que te atrapa desde las primeras imágenes: la estatua de la Madonna que, de pronto, es salpicada con la sangre de unos disparos que suceden fuera de escena, unos asesinos que ultiman a sus víctimas en el barro de una granja, y que los dejan a expensas de una piara de cerdos hambrientos, y la mirada horrorizada de un niño, que desde su escondite ha sido testigo de todo. La venganza se masca en el ambiente, y será la piedra angular sobre la que gire Ti mangio il cuore.
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Podría ser la enésima recreación de Romeo y Julieta, ya que la génesis de la historia son dos familias que se odian a muerte -y nunca mejor dicho- y la pasión que surge entre la deslumbrante Marinela (interpretada por la cantante Elodie), la mujer del capo de los Camporale, y Andrea (Francesco Patanè), el primogénito de los Malatesta. Cuando se descubran sus encuentros clandestinos se desatará una guerra abierta entre clanes, con el agreste paisaje de Apulia como escenario, entre procesiones religiosas, pueblos de empinadas y estrechas calles, hombres y mujeres violentos y rencorosos, caseríos decadentes, ovejas y cerdos, cielos dramáticos y una tierra permanentemente llena de barro, de sangre y de mierda. Los hombres parecen moverse por instinto, como los animales, pero, a diferencia de estos, urden planes siniestros, que pueden arrasar generaciones enteras.
Este noir italiano, que graba imágenes dolorosamente bellas en tu retina en cada escena, tiene también mucho de los western de otro maestro italiano, Sergio Leone, en esa recreación de la violencia, o más bien, en la reivindicación de la violencia, como el instinto más primario del ser humano, que es arrastrado hacia un horizonte de destrucción, sin resistirse a ello, o, como en el caso de Andrea, siendo instrumento de ello. Tiene también una cierta estética de videoclip, pues cualquiera de estas escenas podrían resultar para la promoción de un grupo de rock, donde, al fin y al cabo, belleza y violencia marinan muy bien. E incluso recuerda a esos dramas rurales, como las películas de Francisco Javier Gutiérrez, donde las fuerzas de la naturaleza también parecen conjurarse para que el mal encuentre su escenario natural.
En los papeles secundarios, dentro de un excelente reparto, cabe destacar a Teresa, la mamma de los Malatesta (Lidia Vitale), que tras el asesinato del patriarca asume sus roles, y ejerce un enfermizo influjo sobre su hijo, al que obliga a cometer los más terribles crímenes, y sobre toda la familia. También el personaje de Vincenzo Montanari (interpretado por Michele Placido), el capo di capi que, desde la sombra, mueve los hilos de la historia.
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