Televisión | Bojack y el deber de sentarnos

Por Puertos

Cuando uno ve la imagen en la pagina de Netflix, piensa que un hombre caballo solo puede ser el protagonista de una serie más de humor. Además, cuando lo hace tras haber visto Rick and Morty, ¿qué se puede esperar? Pero los capítulos pasan, y aunque va de menos a más, consigue absorberte a partir del sexto capítulo de la primera temporada. Desde ese momento, el mundo de Bojack ya es tu mundo. Ahora, meses después de la cuarta temporada, uno debate con un amigo sobre la serie y no puede evitar debatir de su propia vida.

 Tras haber escrito un artículo en este mismo medio sobre el dolor de estar aquí —No puedes enseñar los dientes[i]— uno ve en Bojack la única serie capaz de trasmitir, en cierto modo, esa inconformidad generalizada con el mundo.  La clave para poder soportar el desasosiego del caballo reside en que es eso; un caballo. La suerte de ser ficción no anula la suerte de empatizar con el personaje. Aunque tu no eres caballo, y como sabes, tampoco estas en una serie de dibujos animados.

 No quiero hablar de qué trata cada capítulo, el artículo no trata de la historia. Quiero hablar de la serie, del significado de la serie. Bojack, quien probablemente podría mimetizarse en Charlie Sheen, no puede soportarse a si mismo. Intenta paliar esa realidad —suya— con drogas y alcohol. Bajo la indiferencia y el ego que muestra, que intenta mostrar, no deja de ser uno más de nosotros. Quizá, en este contexto, Bojack esté en todos nosotros. El miedo a lo diario y a lo futuro, el constante añoro de un pasado mejor —retrotopia—, el abandono a una intranquilidad que nos gobierna.  Todo eso es él, todo eso —a grandes rasgos— podemos serlo nosotros. Pero el caballo no va solo, cualquier estereotipo de la sociedad actual aparece en la serie. Desde la inocente escritora —politizada y con ideales— que contrata, hasta su no-amigo el Sr Peanutbutter. Todo gana significado con el pasar de los capítulos, hasta que en la cuarta temporada los secundarios pueden gozar del protagonismo en la mayoría de los momentos.

 Uno pensaba que con el tiempo la serie caería, que la calidad inicial sería difícil de mantener. Lejos de eso, seguramente, la cuarta es la mejor de las cuatro. Tanto para Bojack como para los que vemos la serie. Todo gana sentido, todo se resuelve —o no—. Cualquier contradicción que se nos pueda presentar en nuestro no-avanzar constante, aparece en la serie. Pero también se toman decisiones, la cuarta temporada está llena de ellas. Desde el transcurrir de una relación amorosa —Diane y Sr Peanutbutter— que parece derrumbarse constantemente, lo que les obliga a estar siempre en movimiento —hay que asustarse cuando llega la calma—, hasta la dependencia de un depresivo severo como es el caballo respecto a Todd y a Princess Caroline. Toda la serie está llena de lo que ahora llamamos “toxicidad”, ¿pero no lo está también lo nuestro? Lejos del análisis utilitarista de las relaciones, lejos de la idea del individuo, la serie consigue moverse en ese mundo de “tristeza sostenida”.  Un mundo en el que lo bueno, asusta porque no tiene que ser nuestro.

 Quien piense que no se elijen los animales que se representan está equivocado, cada personaje, cada apariencia, tiene su significado. De hecho, se plantea extraño ver a humanos ¿qué tienen de especial? ¿qué hacen en la serie? Los humanos, son los normales. Y yo que empecé creyendo que no valdría la pena… Bojack es, claramente, una serie que marca un antes y un después. Hay linealidad, evolución. Nos edulcora nuestras miserias y, además, nos consigue hacer reír.

 Nosotros que no sabemos querer, que no sabemos ser queridos. Cierto es que igual alguna de las acciones del protagonista no las haríamos, pero es lo de menos. Da igual si vamos drogados o no, da igual porque como le pregunta un personaje[ii] —referencia a un episodio de la cuarta temporada— “¿la voz que escucho se callará?”  es la pregunta que nos hacemos cada día. Pero el interesado, desgraciado de Bojack contesta: “Sí, con el tiempo acaba callándose” ¿No demuestra en esa mentira su corazón? ¿no lo hace también cuando le compra el videojuego a Todd? En la serie —como en nuestra tierra— no puede hablarse ni de bien ni de mal. No hay moral, aunque todos son juzgados. Es impresionante como se trata desde lo deshumanizado, la humanidad que no nos queda.

 Aun así, pese a ser una serie que habla de mundos internos, de sensaciones, de sentimientos y sentidos —llega a haber un capítulo en el que no se habla— no puede evitar rebajar el tono cuando habla de todo lo “problemático” que hay en nosotros —particularmente, más agudo quizá, en España— la política, lo mediático, la fama, los negocios… todos estos movimientos que son sociales son secundarios y sirven para entretener. Pero también están, también aparecen. Me quejaba antes de que es una serie que empieza lenta, que nos obliga a sentarnos, ¿pero ¿cómo cuentas el castigo de los días a máxima velocidad?


[ii] No quiero decir quien es, para no ser acusado de hacer spoiler

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Nueva Revolución utiliza cookies, no podemos evitarlo. Al seguir navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies