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Entrevistamos a Tamara Muruetagoiena, hija del doctor Esteban Muruetagoiena, que falleció en 1982 tras ser detenido y torturado por la Guardia Civil.
Por Jayro Sánchez | 24/04/2026
Tamara Muruetagoiena (Oiartzun, 1974) es una activista española por los derechos humanos. Hija de un médico torturado y asesinado por los cuerpos de seguridad en 1982, ha luchado de manera incansable para recuperar la memoria y la dignidad de los miles de víctimas del conflicto vasco. En 2024, narró su historia familiar en el documental Que se sepa. Ahora, responde con amabilidad nuestras preguntas sobre los conocidos «años de plomo» y sus efectos en Euskadi.
‘Que se sepa’ narra la historia de tu padre, el doctor Esteban Muruetagoiena, una de las numerosas personas que fueron víctimas de torturas por parte del Estado durante la década de 1980. ¿Qué te ha impulsado a ponerte frente a la cámara y contar lo que le ocurrió?
Todo empezó como un pequeño proyecto audiovisual. Yo conocía al director que lo ha llevado a cabo, Ander Iriarte, porque somos del mismo pueblo. En cierto momento, le comenté que me gustaría que alguien hiciera un documental sobre mi aita, y él me propuso la idea de realizar un corto.
Consiguió financiación y planeó hacerme una entrevista con recortes de la época y cosas así. Quería publicarlo en el cuadragésimo aniversario de la muerte de mi padre.
Cuando lo hicimos, él y la otra directora, Amaia Merino, me llamaron y me dijeron: «Mira, Tamara, hemos estado viendo lo que hemos rodado. No es la historia de Esteban, sino la tuya. Pero necesita otra estructura, y más edición y distribución»
Me explicaron que estaban dispuestos a meterse en ese jaleo, aunque solo si me parecía bien. Yo pensé: «¿A quién le va a gustar verme durante 1 hora contando mi chapa?». Sin embargo, ellos hicieron maravillas con la animación y la narración de la historia. Y así salió.
Como tantos otros civiles vascos, tu progenitor sufrió la violencia de Euskadi Ta Askatasuna (ETA) y la de las fuerzas de seguridad del Estado. ¿Se vio en medio de una guerra para la que no estaba preparado?
Así es. La gran mayoría de los relatos sobre el conflicto se cuentan poniendo a unos de buenos y a otros de malos. La consideración de héroes y villanos varía según los intereses de cada narrador. No obstante, su historia es muy complicada y se puede observar desde muchísimos puntos de vista.
En la época en que murió mi padre, había al menos dos facciones violentas. Pero dentro de ellas también existían muchos matices, y mi aita fue víctima de esa extrema complejidad.
Su asesinato no es un acontecimiento que quiera ser recordado por ninguno de los que refieren cómo fue aquella guerra. Y eso es porque enseña los miles de detalles que a nadie le gustan sobre el tema, los más difíciles de contar.
¿Cuántos hubo como él en Euskadi?
La sociedad vasca ha sufrido mucho. Se lo ha guardado todo y ha vivido en silencio durante demasiado tiempo. Nadie puede imaginarse las dificultades morales generadas por la violencia.
¿Dónde se posiciona uno? Depende de lo que ha experimentado, de si tiene un primo aquí o un amigo allí. Hay muchas personas que han convivido con ambas realidades. Eso es algo traumático.
Y también hay que decir una cosa que suele silenciarse bastante en los medios de comunicación: la mayoría social vasca ha evolucionado. Pocos periodistas hablan del proceso de pacifismo y de las acciones no violentas dentro de la región. Es como si todo esto no hubiera existido de puertas para afuera.
Según dos informes realizados por encargo de los Gobiernos vasco y navarro, entre 1960 y 2015 más de 5.000 personas fueron torturadas en ambos territorios por los cuerpos policiales españoles. El Estado no ha reconocido ni investigado la mayoría de estos casos. ¿A qué crees que se debe esta falta de atención de las instituciones?
No quieren decir que ellas mismas son las causantes de aquel mal. De hecho, no es solo que ignoren el problema. Es que utilizan todas las herramientas que poseen para esconder su responsabilidad y hacer que la gente se olvide del tema. Se tapan las unas a las otras.
Parece aún más escandaloso si se piensa que el conflicto en el País Vasco es un hecho histórico reciente, con víctimas de carne y hueso que siguen sufriendo secuelas.
Habrá algunos que todavía quieran decir que los funcionarios policiales que torturaron eran solo unos cuantos locos, salvajes, desalmados y violentos. Pero cuando enfrente tienes tantos casos probados, no puedes decir que los que cometieron esos crímenes formaban un grupo muy reducido.
La historia nos ha demostrado que el Estado español se ha caracterizado por tener líderes crueles a los que no les ha importado cometer violaciones contra los derechos humanos. En especial, durante la dictadura franquista.
Me parece importante recalcarlo porque nuestros cuerpos de seguridad son herederos de los organismos represores del franquismo en términos culturales y orgánicos. Y también son los que han desarrollado la lucha contra ETA ya en democracia.
Muchos policías, militares y guardias civiles han vivido embargados por el terror y el odio contra los etarras durante décadas. Para algunos de ellos, la guerra sucia no solo fue justificable, sino necesaria.
Sí. Ellos pensaban que cualquier medida valía a la hora de tratar con terroristas. Buscaban venganza, y ampliaron el radio de acción de sus golpes. Así fue como aterrorizaron a la totalidad de la sociedad vasca. Incluso con la ayuda de determinados jueces. El caso de mi padre fue uno de los más extremos. Sin embargo, no fue el único.
Varias organizaciones que trabajan en favor del cumplimiento de los derechos humanos han criticado la inacción de España en cuanto a la reparación de la violencia perpetrada por el Estado en el País Vasco entre finales del siglo XX y comienzos del XXI. ¿Qué opinas al respecto?
Las instituciones ignoran sus llamados porque, si dieran apoyo a las víctimas, estarían reconociendo que ha pasado algo. Como te decía antes, su prioridad es huir y evitar hablar sobre los horrores y bestialidades que han permitido durante décadas.
Como familiar de una víctima mortal de las torturas, ¿sientes que no has sido reconocida e indemnizada por lo que ocurrió?
Desde luego. Yo nunca he recibido nada. Mi condición solo ha sido admitida por el Ayuntamiento de Oiartzun. Llevo 5 años a la espera de que el Gobierno vasco emita una resolución semejante.
Además, yo he sido la que ha tenido que recopilar todas las pruebas que los funcionarios encargados de estas cuestiones querían evaluar.
El proceso es surrealista, porque, aún en el caso de que consigas toda la documentación y tu solicitud de reconocimiento sea aprobada, la indemnización monetaria y administrativa es menor de la que proporcionan, por ejemplo, a una víctima de ETA.
Estamos hablando de una diferencia de entre 250.000 y 365.000 euros. Y, en el fondo, de que el Estado considera que las víctimas de torturas merecen la misma indemnización que los familiares de una persona que muere en un accidente de tráfico.
El día que me reconozcan seré muy feliz. No obstante, también sentiré mucha rabia porque esa victoria la obtendré a costa de un alto grado de discriminación.
ETA abandonó la estrategia de la lucha armada en 2011 y se disolvió en 2018. Pero el pasado sigue importando para muchos ciudadanos vascos, sean sus creencias las que sean. ¿Es posible un reencuentro entre ellos?
Sí, y ya se han dado. Yo he estado en varios eventos con muchas víctimas de ETA. He tenido una relación fantástica con ellas. Es una pena que lo que nos ha unido sea el dolor.
Sin embargo, sigo insistiendo en que las víctimas de la violencia institucional somos menos conocidas. Hay familias, como la de Mikel Zabalza, que han sido pioneras en la búsqueda de justicia y que llevan muy avanzado el proceso de reparación. Para mí en particular, son una fuente de inspiración y apoyo.
¿Cuál es la condición indispensable para alcanzar una verdadera paz en la región?
La mayoría de los ciudadanos vascos quería que se acabara el conflicto ya a finales de los años 1990. Y, para eso, los políticos tenían que haber hablado. Su capacidad es muy triste. Si el pueblo vasco supiera cómo me van a indemnizar, si es que lo hacen, se quedaría horrorizado.
Los políticos han hecho todo lo posible para que no haya paz porque, en el fondo, todos se han beneficiado de la guerra. La violencia les ha servido cuando no tenían argumentos con los que responder a cuestiones complejas, como las demandas de cambios políticos, económicos y de desarrollo social.
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