Sociedad que duele

Por María José Robles Pérez

Enero. Tres hombres con los ojos vendados y las manos atadas, mientras son grabados con cámaras y mientras la multitud aclama con impaciencia el final, mueren al ser lanzados al vacío desde unos edificios por ser homosexuales. Por otro lado, Victoria se ve obligada a huir de su hogar por confesar con 16 años que se siente hombre y no una mujer.

Febrero. Un niño de 12 años se quita la vida después de que su padre le rapase la cabeza tras enterarse de que este era homosexual. Por su parte, a Dannan, con 2 años, no le interesa los juguetes de su hermano mayor, su taza favorita es de color rosa y le gusta disfrazarse de princesa, se siente como una chica pero el pediatra diagnostica que solo es una fase más del crecimiento, más tarde le diagnosticará trastorno bipolar, esquizofrenia y dislexia.

Marzo. Roxana es despedida a los 23 años a consecuencia de su identidad de género. En otro lugar, Ryland a sus 5 años de edad declara que es un niño, siendo rechazado por su familia de tal forma que afirma que cuando su familia se muera, por fin, se cortará el pelo.

Abril. Una joven transexual llamada Alesana publica en sus redes sociales que todos la odian, incluso ella misma se odia, y se termina suicidando -¿suicidando?- días después. En otra ciudad, Gina con 14 años es expulsado de casa por su padre por utilizar “cosas de mujeres”.

Mayo. La policía realiza una nueva redada donde detiene a travestis y homosexuales que sufren chistes y burlas por parte de los agentes. Al mismo tiempo, Beatriz con solo 7 años dibuja a petición de las monjas de su escuela a su futura familia: se dibuja casada con su mejor amiga, tres niños y varios perros y gatos, dibujo por el cual su padre y su madre recibirán una carta donde se recomienda que manden a Beatriz a un psiquiatra para arreglar ese “problema” que tiene.

Junio. Víctor sufre una brutal paliza de parte de dos chicos, además de un intento de violación, siendo todo grabado por cámaras, pero el juez no ve que se trate de un caso de homofobia. Esa misma noche, Alan se termina poniendo una cuerda al cuello en el salón de su casa porque solo él es capaz de ver lo que realmente es.

Julio. Sergio con 14 años se suicida por el acoso que sufría en la escuela de parte del alumnado, dirección y mismo profesorado. A unos kilómetros, Miguel siente una enorme vergüenza de confesarle a su padre que le gustan los chicos porque acaba de escuchar como este decía “maricón” como insulto a un jugador de fútbol que veía en la televisión.

Agosto. Isaac y Julio son encontrados degollados, cosidos a puñaladas y quemados en su propio hogar, el culpable será condenado en un primer juicio simplemente por haber quemado la casa. En una ciudad no muy lejana, una chica llora en el baño del colegio porque en el patio todos y todas le dicen “marimacho” por querer jugar a “juegos de chicos”.

Septiembre. Amalia mira como todos sus compañeros y compañeras de clase pintan bonitas corbatas como regalo para el Día del Padre, pero Amalia tiene dos mamás y a ninguna le gusta las corbatas. En el mismo pueblo, esa tarde Martín recibirá una fuerte paliza bajo el insulto de “maricón” mientras arbitraba un partido.

Octubre. José con 26 años es atravesado por una bala que lo deja en el suelo en medio de un charco de sangre por ser conocido como un chico transexual. En otro país, un partido fascista que se cree en auge, afirma abiertamente ante los medios que las personas homosexuales no deben ni pueden formar familias porque no son naturales.

Noviembre. Dos jóvenes de 20 años -Anwar y Alí- son apedreados públicamente hasta la muerte en su ciudad, condenados por ser homosexuales. En otra parte del mundo, la organización neonazi conocida como Occupy Pedofilyaj, es responsable de que varias personas homosexuales sean asesinadas en una ciudad, tras ser duramente torturadas, quedando un vídeo como prueba en internet y la puesta en libertad de los culpables.

Diciembre. Leelah, que había planteado a sus padres el realizarse un cambio de sexo, pero estos rechazaron dicha propuesta y la llevaron a terapia, ya no puede soportar más la espera de su felicidad, así que se termina quitando la vida. El mismo día, Marcos se encierra en su cuarto a llorar porque le ha confesado a su familia que le gustan los chicos y como respuesta ha recibido unas lágrimas de tristeza.

Aquí, solo algunos casos de los muchísimos que hay, que puedes encontrar por cualquier parte: en tu trabajo, en tu barrio, en tu familia, incluso en ti misma/o.

Muchxs de ellxs, murieron. Algunxs de ellxs incluso con la expectación de los morbosos que se acercaron a contemplar en primera persona la escena, otrxs lo hicieron a muchos kilómetros del lugar, en sus hogares, pegados a sus televisiones, instalados en sus tradiciones de las que se niegan salir, soltando esos pequeños comentarios que no hacen daño a nadie, votando a partidos que disparan discursos de odio hacia otrxs, mirando hacia otro lado.

Todxs ellxs en sus mentes habían cometido el terrible delito de imaginar una utopía sexual, al parecer prohibida, donde existe la libertad del individuo para hacer con su propio cuerpo lo que quiera. La utopía de creer que un mundo libre es posible. La utopía de creer que podemos escapar de la frontera impuesta. Y esta es la manera que tiene este Sistema de acabar con las utopías: asesinando, a veces rápidamente con una bala entre ceja y ceja y, en otras ocasiones, dejando agonizar de la forma más lenta y dolorosa posible hasta que los cuerpos ya no pueden aguantar más la agonía.

La primera y última conclusión que habría que sacar de todo esto es que vivimos en una sociedad que es terrible, una sociedad que duele, pero no es justo volcar toda nuestra rabia y frustración en una sociedad completa porque haya manadas que no tengan conciencia. El ser humano no es tan malvado, tenemos que negarnos a creer eso. Lo único evidente es que cuando hablamos de cuerpos y de carne humana, los determinismos no existen: no todo es tan sencillo como vestirnos de azul o de rosa, ni inyectarnos hormonas por un tubo para hacernos ser hombres o mujeres. Somos mucho más que eso, ¿no creéis? Está claro que la educación es fundamental en nuestro desarrollo, en nuestra forma de ser y de pensar, pero no lo es todo, también hay algo inherente en nosotros que nos hace ser lo que somos. Por tanto, ni la genética ni el ambiente por si solos nos aportan una identidad. Nada por si solo lo hace. Somos el resultado de muchas combinaciones y, sobre todo, somos algo extremadamente complejo.

No he conocido personalmente a ninguno de los sujetos descritos anteriormente, pero reconozco que numerosas lágrimas recorren mis mejillas cada vez que leo sus historias. Lloro porque pienso e imagino todas esas vidas que se han perdido, todo lo que tuvieron al alcance de su mano, al alcance de un simple suspiro, pero les fue arrebatado; lloro por todo lo que sufrieron y por todo el sufrimiento que aún se avecina. Lloro por la perdida del calor humano. Lloro por la indiferencia.

Cada uno de esos nombres se han quedado grabado en mi memoria con la misma fuerza que una aguja deja tinta bajo la piel. Los recordaré siempre, no puedo olvidarme de ningunx de ellxs, ni de sus nombres, ni de sus historias. No puedo olvidar esa incansable lucha. Que también es la mía y la tuya, hermanx.

Nadie debe olvidarlxs.

Nadie debe olvidar que la discriminación hace daño.

Nadie debe olvidar que la discriminación mata.


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