Sindicatos y estudiantes se movilizan en Ámsterdam contra el plan de restablecer el servicio militar obligatorio

El Gobierno neerlandés ha avanzado en planes para un sistema de conscripción selectiva que podría activarse si ‘empeora la situación de seguridad’.

Por Fernando Ariza | 29/09/2026

Miles de personas se congregaron el 27 de septiembre en la plaza Dam de Ámsterdam en la protesta nacional «Stop de Oorlogskoorts» (Detengan la fiebre de guerra). La movilización, convocada por De Nieuwe Vredesbeweging, FNV Young & United y la Landelijke Studentenvakbond (LSVb), reunió a unos 3.000 participantes que rechazaron el aumento del gasto militar, la militarización de la sociedad neerlandesa y la posible reintroducción del servicio militar.

Tras el acto en la plaza, los manifestantes recorrieron las calles del centro. Desde el escenario se repitió que «la militarización está en plena marcha» y que el Gobierno se prepara para un conflicto cuyo costo recaerá sobre la clase trabajadora. Organizadores y oradores vincularon el incremento de presupuestos de Defensa —impulsado por el objetivo de la OTAN de alcanzar el 5 % del PIB— con recortes sociales, subidas de impuestos y el riesgo de que los jóvenes se conviertan en «carne de cañón».

Portavoces de la LSVb subrayaron que una mayoría de jóvenes ya enfrenta dificultades económicas y que, en ese contexto, se les prepara para un eventual servicio militar obligatorio. El rechazo a la conscripción fue aplaudido. En el público se leyeron carteles como «No voy a morir por la OTAN». Los convocantes denunciaron que los fabricantes de armas obtienen «beneficios de miles de millones» mientras se plantea que la juventud defienda esos intereses.

El Gobierno neerlandés ha avanzado en planes para un sistema de conscripción selectiva que podría activarse si empeora la situación de seguridad, y ha reconocido que no descarta del todo el servicio obligatorio aunque afirma que no es su opción preferida. El aumento del gasto militar se justifica oficialmente por el deterioro del entorno de seguridad europeo, incluida la guerra en Ucrania y la fabricación de una supuesta amenaza rusa. Los organizadores de la marcha sostienen que esa narrativa sirve para legitimar un rearme que favorece a la industria armamentística a costa de recortes sociales.

La protesta formó parte de un clima más amplio de movilizaciones en Países Bajos contra recortes en servicios públicos y educación para financiar el incremento de Defensa. Se anunció una nueva manifestación contra la posible introducción de la conscripción para el 20 de noviembre.

La controversia refleja la tensión entre el impulso europeo de rearme —acelerado por presiones de la OTAN— y el rechazo de sindicatos, estudiantes y sectores de izquierda a que esa política se traduzca en conscripción y recortes internos. El Gobierno mantiene que el objetivo es disuasión y preparación, no una guerra inminente; los manifestantes argumentan que se está normalizando un rumbo militarista cuyos principales beneficiarios son las grandes empresas del sector.

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