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La invisibilización escolar es una invisibilización que contribuye a crear un desconocimiento que hace que los lectores de los medios -si exceptuamos casos de violación flagrante a los derechos humanos-, carezcan de los conocimientos básicos para entender el problema saharaui.
Por Lucio Martínez Pereda | 7/05/2024
En este texto transcribo mi participación junto a Gaici Nah, Taufig Moulay, Carmelo Ramírez Marrero y Jadiyetu El Mohtar en el programa de radio de Sáhara Occidental, Radio Revolución “Lawfare e invisibilización de la causa saharaui”
Gracias por invitarme. Quiero aclarar que participo en este encuentro sin tener un conocimiento especial del Sáhara, más allá del que pueda tener una persona preocupada por las nociones más básicas y universales de Justicia. Solo podré aportar un par de cosas sobre uno de los varios aspectos de esa invisibilidad intencionada: la invisibilidad del problema saharaui en el sistema educativo.
La invisibilizacion escolar es una invisibilización que contribuye a crear un desconocimiento que hace que los lectores de los medios -si exceptuamos casos de violación flagrante a los derechos humanos-, carezcan de los conocimientos básicos para entender el problema saharaui y ello es importante porque hace que finalmente ese lector se desentienda de la información periodística. El Sáhara no vende en la prensa, a no ser que algún periodista español vea sus derechos vulnerados por las autoridades marroquíes, o algún activista saharaui sufra problemas similares en España. Ese creo que es el marco habitual para lo que podríamos llamar el ciclo aparición- desaparición del Sáhara en el escenario de lo informativo. La decisión tomada hace meses por Sánchez volvió a poner el Sáhara en el tablero de la actualidad, pero creo que ese interés es un hecho excepcional en medio de una larga trayectoria en sentido contrario. La relación de España con el Sáhara no es percibida por el lector medio como una gran injusticia y hay distintos mecanismos de silenciamiento que trabajan sobre una ignorancia previa y creo que uno de los elementos que construyeron ese marco de desconocimiento ha sido la institución escolar.
El conocimiento del Sáhara por la vía escolar es marginal, no está sistematizado y carece apoyo legislativo-institucional. Un repaso a los distintos currículos educativos que establecen legalmente los contenidos de docencia escolares demuestra que la Historia de España y la historia de su descolonización en la edad contemporánea es como si no existiese. El material didáctico o es inexistente o es muy escaso y los libros de texto solo tratan la cuestión del Sáhara, algunos- muy pocos-, y esos contenidos figuran situados en los manuales de historia escolar en un espacio considerado de nula relevancia: entre el final del franquismo y el comienzo de la reciente etapa democrática y lo hacen sin analizar en términos de razonamiento histórico. Tan solo se hace una crónica de hechos desligados del análisis histórico que los explica: ni el Rey Juan Carlos I es responsable de nada ni mucho menos se nombran las presiones e intereses de la administración norteamericana del momento transicional, ni el cruce de intereses contrapuestos entre Argelia, Marruecos, ni los independentistas canarios, ni mucho menos las acciones concertadas de los servicios de información españoles probablemente monitorizados por la CIA, ni tampoco el papel de testigo activo de Francia.
Como digo, el Sáhara ocupa un lugar prácticamente invisible en los currículum. En todos los que ha habido en todas las leyes educativas, no es una cuestión de gobiernos de derechas o izquierdas. El Sáhara tan solo figura indirectamente en el contenido descolonización en historia del mundo contemporáneo en primero de bachillerato, pero una descolonización entendida como fenómeno mundial, no concretada en el ámbito español ni especificada en el Sáhara. El estudiante español carece de conocimientos sobre dos conceptos históricos tan básicos como son “potencia administrativa” y “ potencia ocupante”.
En segundo de bachillerato, en Historia de España podría volver a aparecer, pero sujeta a la capacidad y sensibilidad del profesorado a título particular. Algún profesor con tiempo para ello e interés podría hacer alguna mención a la Marcha Verde, pero creo que eso quedaría en lo anecdótico y no incluiría un análisis básico de las causas que la producen. Es decir, el conocimiento del Sáhara se debe a factores que no están determinados por la ley.
Si salimos del marco educativo legislativo, si nos fijamos en las experiencias escolares concretas podríamos encontrar alguna motivada por iniciativas personales pero muy relacionadas con los programas de acogimiento de estudiantes saharauis en las aulas. Hay casos concretos de Asociaciones de Padres de Alumnos que para enriquecer el proceso de acogida organizaron actividades culinarias para que el alumnado español tuviera conocimiento de las singularidades saharauis, pero no al revés. Y en ese mismo sentido de “no al revés” recuerdo algunas ONG’ S que intentaron grabar en audio una colección de grandes obras de la literatura española con la aportación de profesores motivados de “izquierdas”.
Este problema se podría haber solventado por vías alternativas que están admitidas en los currículos, con material didáctico específico para que el profesor que así lo quisiese remediase esta carencia sin incumplir la legislación educativa , pero por lo que sé ese material no existe. El Sáhara, en consecuencia está absolutamente invisibilizado en la institución escolar. Es más, creo, y esto es una apreciación no comprobada pero intuida, que muchos alumnos tendrían dificultades para localizarlo geográficamente. En segundo de Bachillerato, para que los alumnos presten atención a la cuestión del Sáhara, tienes que contar en tono dramático la Marcha verde, centrándote en un aspecto marginal pero de impacto cinematográfico: los monos soltados por Hassan para desactivar las minas del ejército español.
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