Ripoll y el ascenso de Aliança Catalana

Una vecina de Ripoll frente al Ayuntamiento. Foto: Guillem Trius

La izquierda miró para otro lado durante años, evitando abordar una cuestión que parece tabú entre su militancia, siempre acomplejada y con el temor de ser acusada de racismo e islamofobia.

Por Oriol Sabata | 15/08/2025

Corría el año 2019 cuando una no tan conocida Silvia Orriols se presentaba a la Alcaldía de Ripoll en la lista del Front Nacional de Catalunya (FNC). Obtuvo un modesto resultado de 503 votos.

Un año más tarde, en 2020, abandonó el FNC y fundó Aliança Catalana. En apenas tres años se hizo con la Alcaldía de Ripoll en las Municipales de 2023 acaparando el 30% de los sufragios (1.401 votos). En 2024, la formación liderada por Orriols desembarcó en el Parlament de Catalunya con 120.000 votos y dos escaños. Un crecimiento espectacular.

Para entender esta progresión exponencial es necesario poner el foco en la realidad migratoria de Ripoll durante los últimos tiempos.

Ripoll es un núcleo con algo más de 10.000 habitantes. Se estima que un 15% de su población es de origen inmigrante. Hasta no hace mucho, los medios de comunicación y el Govern de la Generalitat hablaban del municipio como un modelo de ‘convivencia multicultural’. Pero el 17 de agosto de 2017 unos trágicos sucesos cambiaron por completo esta percepción ‘oficialista’: los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils.

Aquella fatídica jornada, los terroristas magrebíes que atentaron en Las Ramblas y en Cambrils asesinaron a 16 personas y dejaron a un centenar de heridos. Hay un detalle sobre los autores que debería hacernos replantear muchas cosas: 10 de los 12 miembros de la cédula terrorista vivían desde su infancia en Ripoll.

Ante la gravedad de los hechos del 17A, ciudadanos de dentro y fuera del pueblo comenzaron a preguntarse qué es lo que había ocurrido y si realmente Ripoll era un ejemplo de ‘convivencia multicultural’. Obviamente no lo era. Desde antes de los atentados en el municipio había dos comunidades claramente diferenciadas: la población autóctona y la inmigrante. No se había dado ningún proceso de integración. Y probablemente eso fue un elemento determinante que llevó a que unos chavales marroquíes que llegaron de niños a Ripoll, no solo no sintieran esa sociedad de acogida como propia, sino que la odiaban.

El Imam de Ripoll por aquel entonces, Abdelbaki Es Satty, se valió del desarraigo de estos jóvenes para captarlos y radicalizarlos, hasta el punto de ser los autores materiales de los atentados del 17A. Por lo tanto, analizando el desarrollo de los acontecimientos, resulta evidente que Ripoll no solo no era ejemplo de integración, sino que se trataba de un polvorín multicultural que estalló en 2017 por la vía del islamismo radical en el corazón de Barcelona.

La izquierda miró para otro lado durante años, evitando abordar una cuestión que parece tabú entre su militancia, siempre acomplejada y con el temor de ser acusada de racismo e islamofobia. Este vacío fue capitalizado por Silvia Orriols. El fenómeno Aliança Catalana no surge de la nada, se nutre precisamente de ese modelo migratorio fallido que genera guetos. El caldo de cultivo estaba en Ripoll desde hacía tiempo y los atentados del 17A destaparon una realidad que muchos no querían ver. La izquierda, en vez de apostar decididamente por un modelo migratorio planificado que garantizara la integración real y la asimilación de los valores y la cultura autóctona, se dejó llevar por la corriente posmoderna del relativismo y la ‘diversidad cultural’, tolerando fanatismos religiosos que radicalizaron a una parte de la población inmigrante y que iban en contra de principios tan básicos como la igualdad entre hombres y mujeres.

Hoy esos mismos círculos que se autodenominan progresistas, siguen sin entender los ingredientes y las dinámicas que han llevado al auge de Aliança Catalana. Se limitan a tildar de ‘discursos de odio’ y de ‘extrema derecha’ el relato de Silvia Orriols sin plantear qué modelo migratorio y de sociedad quieren. Parecen haberse quedado anclados una década atrás, apelando una y otra vez a la convivencia y al ‘encuentro de culturas’. Ante una izquierda que ha enterrado las banderas del laicismo y la transformación social, organizaciones como Aliança Catalana tienen el terreno abonado para seguir ampliando su presencia en los parlamentos y su influencia en los pueblos y ciudades de Catalunya. Apelar a la unidad en las urnas ante la ‘amenaza del fascismo’ es un recurso que ya no resulta efectivo. Y las próximas citas electorales mostrarán la tendencia que ya se ha iniciado.

2 Comments

  1. Va a ser una constante de esta web la de publicar esta basura fascista? «Un modelo migratorio planificado que garantizara la integración real y la asimilación de los valores y la cultura autóctona». Me cuesta creer que una web publique esta basura y se siga considerando progresista. En ninguno de estos artículos he leído ni una sola vez la palabra internacionalismo. Porque para una persona progresista (y aun más para alguien que se considera revolucionario), el internacionalismo es realmente un elemento esencial, y no todo ese batiburrilo infumable sobre el «laicismo universal», la «integración» y no sé cuántas cosas más. A lo mejor alguno lo que tiene que hacer es integrarse en el mundo de hoy, en las sociedades de hoy. Señor Oriol Sabata, no sé si se lo han comentado alguna vez, pero ya se lo digo yo: es usted un fascista y al menos en los entornos en los que yo me he movido a lo largo de mi vida (y voy ya para viejo) le hubieran puesto en su sitio por los métodos más expeditivos si hubiera hecho uso de cualquiera de estos conceptos en una asamblea. Vota a Silvia Orriols, afíliate a su tinglado y deja de enfangar.
    Y lo más curioso, y que me tiene verdaderamente desconcertado, es que medios como La Haine estén replicando estos artículos. Internet es una gigantesca barra de bar donde, como decía Umberto Ecco, se da voz y repercusión a los idiotas.
    Un país está a un paso del fascismo abierto cuando hasta los sectores progresistas empiezan a comprar el discurso de la reacción.

  2. Un debate que la izquierda se ha de plantear. Acoger la inmigración sí, pero con criterios y planificación. Y la adaptación a la cultura nuestra es muy importante, cuando alguien va a otro país a vivir debe abrazar la cultura del país de acogida para ser realmente un ciudadano o ciudadana de pleno derecho.

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