![]()
Su padre, el sha Mohammad Reza Pahlavi, ya cedió hasta el 40% de los campos petroleros de Irán a compañías estadounidenses y británicas tras llegar al poder después de un golpe de Estado apoyado por la CIA en 1953.
Por Gabriela Rojas | 2/03/2026
Después de los criminales ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán iniciados este 28 de febrero, Reza Pahlavi, el hijo exiliado del último sha de Irán, Mohammad Reza Pahlavi, se ha posicionado una vez más como un peón en el tablero geopolítico. Este autoproclamado defensor de un Irán «democrático» y pro-occidental no hace más que repetir promesas vacías que revelan su verdadera agenda: entregar los recursos del país, especialmente su petróleo, a corporaciones estadounidenses, mientras actúa como un títere de Washington y Tel Aviv. Sus declaraciones, cargadas de servilismo, pintan un futuro donde Irán se convierte en un satélite económico y político de intereses extranjeros, traicionando la soberanía nacional en favor de alianzas que benefician a potencias externas.
Pahlavi ha sido descarado en su oferta de abrir las puertas de Irán a inversores extranjeros, particularmente estadounidenses, presentándolo como un «negocio lucrativo» que generaría «más de un billón de dólares en ingresos para el mercado estadounidense» en los primeros diez a quince años. Esto no es más que una promesa velada de vender el petróleo y gas iraní –las segundas reservas más grandes de gas natural en el mundo– a empresas estadounidenses, recordando el oscuro legado de su padre, quien, tras el golpe de Estado respaldado por la CIA en 1953, cedió hasta el 40% de los campos petroleros de Irán a compañías estadounidenses y británicas. Sin haber tocado poder alguno, el hijo del sha ya se ofrece para vender el país a intereses capitalistas extranjeros, en una clara maniobra que busca entregar la riqueza iraní a cambio de apoyo externo.
Bajo su supuesta visión del «Iran Prosperity Project», Pahlavi promueve un Irán como proveedor «transparente y predecible» de energía para el mundo occidental, lo que en realidad significa subastar los recursos nacionales para el lucro de corporaciones estadounidenses. Una medida que no solo no beneficiaría al pueblo iraní, sino que repetiría patrones del pasado donde el petróleo iraní fluía hacia Occidente mientras el país sufría bajo un gobierno títere. Las promesas de Pahlavi priorizan el capital extranjero, revelando su rol como un vendedor ambulante de la soberanía iraní.
Pahlavi no oculta su servilismo hacia Estados Unidos e Israel, posicionándose como un aliado incondicional que reconocería inmediatamente al régimen de Tel Aviv y expandiría acuerdos como los Acuerdos de Abraham a Acuerdos de Ciro. Ha descrito los recientes ataques aéreos de EE.UU e Israel como una «intervención humanitaria» prometida por Donald Trump, instando a los iraníes a «terminar el trabajo» mientras agradece el respaldo de potencias que han bombardeado el país.
Sus lazos con Israel, incluyendo visitas y reuniones con líderes como Benjamin Netanyahu, lo sitúan como un traidor que prioriza alianzas con enemigos históricos de Irán sobre la independencia nacional. Su apoyo al régimen de Israel durante los bombardeos que han asesinado a civiles iraníes destruye cualquier credibilidad, convirtiéndolo en una herramienta para intereses extranjeros que buscan controlar la región. Un títere que vende la narrativa de democracia mientras planea un gobierno dependiente de Washington.
En esencia, la visión de Pahlavi no es más que un plan para convertir Irán en un estado títere, alineado con los intereses de EE.UU e Israel, donde el petróleo y los recursos se venderían al capital estadounidense a cambio de un trono restaurado. Con los ataques imperialistas actuales sobre Irán, las promesas de Pahlavi representan una traición flagrante, priorizando el lucro extranjero sobre la dignidad y soberanía del pueblo iraní. Toda una demostración de que, si llegara al poder, Irán no sería libre, sino subastado al mejor postor occidental.
Se el primero en comentar