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El fundamentalismo cristiano no supone solo un fenómeno religioso, sino también una fuerza política central que ha logrado infiltrarse en el corazón del gobierno estadounidense.
Por Dani Seixo | 17/06/2025
Existe en la oscuridad del poder estadounidense un pequeño jardín oculto, casi mitológico, donde se cultiva una religión que no se anuncia con estridencia, pero que logra moldear el pulso político de una nación entera. El que aquí escribe siempre ha imaginado que en Washington el aire es más denso, cargado no solo de la humedad del Potomac, sino del rancio perfume de los secretos bien guardados por un sistema depredador. Esta es una ciudad de fachadas, donde el poder, como un reptil de sangre fría, rara vez se muestra bajo el sol del mediodía, prefiriendo la sombra fresca de los salones privados y los apretones de manos en pasillos apenas iluminados. Y en el corazón de toda esta mascarada, Jeff Sharlet nos susurra, con la urgencia de quien ha visto un fantasma a la luz del día, los secretos de una gran familia.
Con la precisión quirúrgica de un investigador de la vieja escuela y el lirismo penetrante que haría sentir orgulloso al mismo Truman Capote, el presente título teje un relato inquietante y fascinante, donde el fundamentalismo cristiano no supone solo un fenómeno religioso, sino también una fuerza política central que ha logrado infiltrarse en el corazón del gobierno estadounidense. No hablamos aquí de un grupo fanático en los márgenes del capitalismo estadounidense, sino de una élite dedicada a una religión de poder para los poderosos, un culto que ha manejado, desde 1953, la simbólica ceremonia del Desayuno Nacional de Oración, una tradición aparentemente inocua que en realidad funciona como una reunión secreta donde la fe se alía con la política.
La Familia, una criatura literaria que nos entrega la editorial Capitán Swing como si fuera un fruto prohibido, no es una novela. Ojalá lo fuera. Sin duda sería mucho más fácil digerir sus consecuencias si uno pudiera relegarlos a la sección de ficción de nuestras librerias. Pero el autor, con la paciencia de un entomólogo y el valor de un topo que se adentra en territorio enemigo, nos presenta un periodismo que logra helar los huesos.
En esta investigación, la crítica al fundamentalismo va más allá de la simple denuncia de la intolerancia o el fanatismo religioso. Sharlet nos destapa un sistema complejo, donde el poder, la economía y la religión se fusionan en un caldo que genera tensiones internas y contradicciones visibles. Mientras sus fieles proclaman desdeñar la política, sus acciones son política en estado puro. Mientras predican la humildad y la caridad, acumulan riqueza y control financiero a través de corporaciones libres de impuestos. Mientras hablan de paz, preparan la guerra contra sus enemigos.
Estos hombres, casi siempre son hombres, no gritan. No portan pancartas e insisten una y otra vez en que son solo amigos que se reúnen para orar. Amigos que, casualmente, gestionan miles de millones a través de fundaciones opacas y los invierten concienzudamente, ordenando los hilos que tejen el tapiz mismo del Congreso estadounidense. Se visten con la piedad humilde del lino, pero su alma está cortada en la seda cruda del poder absoluto.
Su evangelio es de una simplicidad pasmosa. Olvídate del sermón de la montaña, de los pobres de espíritu y de toda esa poesía para perdedores. Su Jesús es un Jesús de los Consejos de Administración. Un tipo duro, un capo de la mayor de las mafias. Un ser que no elige al humilde, sino al hombre clave. Y un hombre clave que puede ser un senador, un general o un dictador africano con cuentas en Suiza. Da igual, mientras sea un ganador. Es una teología que supone en esencia un permiso divino para ser un cabrón.
Y en ese jardín de piedad y poder, ¿qué podía florecer sino algo como Donald Trump? Él no fue su criatura, no exactamente. Fue simplemente su conclusión lógica. El grito que hacía pública la doctrina que ellos habían susurrado durante años. La Familia no necesitaba un hombre pío, necesitaba urgentemente una herramienta, una bola de demolición con la bendición de Dios. Y Trump, con su ego del tamaño de un rascacielos y su completa ausencia de brújula moral, supuso el instrumento perfecto.
En definitiva, La Familia no es solo un libro sobre fundamentalismo. Es un relato sobre el poder en Estados Unidos, sobre cómo se ejerce y se oculta, sobre las raíces invisibles que sostienen a un país que se debate entre su identidad democrática y las fuerzas oscuras que intentan dominarlo. Es una lectura imprescindible para entender y reflexionar sobre los peligros que acechan cuando la fe se convierte en instrumento de poder.
Leer a Sharlet supone en esta ocasión una experiencia incómoda. Supone asomarse a la verdad desnuda de cómo funciona el mundo. Descubrir que el susurro que oías en los pasillos no era una intriga pasajera, era una oración destinada a someterte. Y lo más aterrador es que a juzgar por cómo está todo, parece que sus plegarias fueron escuchadas.
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