¿Quién quiere borrar a las mujeres de internet? TikTok y el poder de los algoritmos

Los algoritmos se diseñan mediante decisiones humanas y pueden reproducir sesgos presentes en los datos o en sus propios criterios de funcionamiento.

Por Isabel Durán Báez | 23/10/2026

¿Qué ocurre cuando escribimos correctamente la palabra «mujer» en TikTok y su buscador nos sugiere «majer»? Esta anomalía, denunciada por usuarios de la plataforma, ha desatado una polémica que va más allá de una simple corrección ortográfica. También se han compartido ejemplos relacionados con la búsqueda de «woman» —mujer, en inglés— y con nombres de mujeres que, según las capturas difundidas, aparecen asociados a sus equivalentes en nombres de hombres.
No hay pruebas suficientes para afirmar que TikTok haya decidido censurar deliberadamente a las mujeres. Sin embargo, estas incidencias plantean preguntas legítimas: ¿se trata de errores técnicos?, ¿qué criterios utiliza el buscador?, ¿cómo se generan estas sugerencias? La empresa debe contribuir a esclarecer lo ocurrido, porque su influencia sobre la información que consumimos es demasiado importante como para ignorar estas cuestiones.

No estamos hablando únicamente de una palabra, sino del poder de las grandes tecnológicas para condicionar nuestra manera de acceder a la información.

Nombrar a las mujeres permite reconocer nuestra realidad, analizar las desigualdades que sufrimos y denunciar la discriminación. Esto resulta especialmente importante cuando buscamos información sobre violencia machista, prostitución, pornografía o desigualdad salarial. Si las herramientas digitales median cada vez más en el acceso al conocimiento, su funcionamiento debe permitirnos investigar estas cuestiones sin obstáculos injustificados.

Durante siglos, las aportaciones de las mujeres fueron relegadas, sus descubrimientos atribuidos a hombres y sus obras excluidas de los relatos oficiales. Conquistar el derecho a estudiar, escribir, investigar y participar en la vida pública exigió desafiar unas estructuras que las mantenían en un segundo plano. Hoy, parte de esa disputa se desarrolla también en internet, donde las plataformas tecnológicas influyen en lo que vemos, leemos y compartimos.

Los algoritmos se diseñan mediante decisiones humanas y pueden reproducir sesgos presentes en los datos o en sus propios criterios de funcionamiento. Por tanto, aunque una anomalía no demuestre por sí sola una voluntad de censura, es necesario investigar sus causas. La tecnología no está por encima del escrutinio público ni exenta de responsabilidad.
TikTok tiene la responsabilidad de aclarar qué está ocurriendo y garantizar que su buscador no genere barreras injustificadas para acceder a contenidos relacionados con las mujeres. Si se trata de un fallo, debe corregirse; si existen problemas en sus sistemas, deben investigarse. Lo que no podemos aceptar es el silencio de una empresa cuyo alcance le otorga una enorme capacidad para influir en la conversación pública.

Ante esta situación, debemos exigir respuestas y garantías de que las herramientas digitales funcionan con criterios transparentes. El avance tecnológico no puede servir de excusa para ignorar los derechos de las mujeres. Si internet es uno de los grandes espacios donde se construye el conocimiento colectivo, nuestra realidad debe poder nombrarse, estudiarse y debatirse también en él. Porque ninguna innovación merece llamarse progreso si deja sin respuesta las preguntas sobre la igualdad y la representación de la mitad de la población.

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