Putin, el neoliberalismo y la ceguera

«Deberíamos preguntarles a aquellos que defienden a toda costa a Rusia y ven a Putin como una reencarnación de Lenin si se están situando en el lado correcto»

Gonzalo Busqué

Ante la ceguera de una parte de la izquierda motivada por una oposición visceral al imperio yanki y que como consecuencia ve a Putin como una especie de nuevo mesías del socialismo, es imprescindible hacer un diagnóstico correcto de la situación actual en Rusia en base a la caracterización sobre quién ejerce el dominio de los medios de producción y de la hegemonía cultural, para no correr el riesgo de dar respuestas erróneas y confundir los momentos históricos del pasado con la realidad actual. ¿A quién pertenecen éstos medios de producción hoy? ¿A las clases populares? En absoluto. ¿Estamos ante la fase anterior de un capitalismo de Estado? Tampoco. 

Hagamos entonces un ejercicio de memoria histórica sobre el pasado reciente y la transformación del régimen de propiedad desde la Unión Soviética a la actual Federación Rusa. 

De acuerdo con el informe de Global Wealth Report, Rusia, ahora, se caracteriza por ser uno de los países con el más elevado nivel de desigualdad de ingresos en el mundo. En todo el mundo los multimillonarios representan 1% a 2% de la riqueza de los hogares; hoy, en Rusia, 110 multimillonarios poseen 35% del total de la riqueza del país. La transformación social posterior al capitalismo de estado creó en un polo un ejército industrial de reserva barato y en el otro, una “clase compradora”. Esto no es otra cosa que la implantación del subdesarrollo. Podemos hablar también de cómo se hizo la transición económica, diseñada en secreto por economistas estadounidenses, especialistas de la Universidad de Harvard estrechamente ligados al gobierno de EEUU, y fueron implantadas en Rusia a través del dirigente Anatoli Chubáis y su clan político. Los economistas neoliberales Jeffrey Sachs y Andrei Shleifer y el jurista Jonathan Hay ejercieron una influencia en la política económica de Rusia sin precedentes en un Estado independiente: los consejeros estadounidenses, nominados para ello por la administración del presidente Clinton, elaboraron las medidas políticas con Gaidar, Chubáis y sus colegas, que después se incluían en los decretos presidenciales. Cada resolución económica significativa de la presidencia de Yeltsin fue llevada a cabo de ese modo. El Parlamento fue dejado de lado. El Estado ganó por las privatizaciones menos del 5% del precio de mercado de su antiguo patrimonio. Se vendieron por un valor de entre veinte y treinta veces por debajo de su precio. La esencia social de las privatizaciones fue evidente: se trató de una expropiación de derechos de la inmensa mayoría de los rusos en beneficio de una nueva clase de propietarios conformada por parte de la burocracia, gente instruida y criminales. Por lo tanto podemos afirmar que con  Yeltsin  empezó algo que ya predijo Troski en su escrito de 1936 “La revolución traicionada” y que no era otra cosa que de no mediar una revolución socialista universal Rusia volvería a los brazos del capitalismo. 

Putin preside una coalición de dos partidos que conforman Rusia Unida y que se autodefinen como profundamente conservadores, que desde el gobierno han tejido una alianza estratégica con la iglesia ortodoxa rusa. El principal de ellos lo fundó Boris Yeltsin (al que Clinton definió como el mejor garante de los intereses de los Estados Unidos) que cuando se hizo con el poder en plena descomposición de la antigua URRSS, una de las primeras medidas que decretó fue la ilegalización del Partido Comunista Ruso. Fue el propio Yeltsin el que nombró a Putin como su sucesor en la presidencia, lo cual sitúa a la Federación Rusa como un régimen de carácter autocrático en el que los defensores de los derechos humanos y LGTBI son perseguidos (desde el 2012, con la «ley de propaganda homosexual» se prohíbe cualquier muestra de afecto entre personas del mismo sexo en público) y en muchos casos torturados por la policía, la libertad de expresión y prensa anuladas, los opositores como Alexei Navalni son  eliminados, los pacifistas encarcelados y en donde la única oposición, de carácter minoritario, es la del Partido Comunista. 

Deberíamos preguntarles entonces a aquellos que defienden a toda costa a Rusia y ven a Putin como una reencarnación de Lenin si se están situando en el lado correcto, ya que en realidad, con la invasión militar de Ucrania estamos asistiendo al principio de un conflicto violento entre dos conceptos del neoliberalismo, a una guerra económica entre un bloque desgajado del mundo creado a partir de la reunión del G8 en 2001 en cuyo cónclave se acordó la cooperación de todos los países presentes en la construcción de un nuevo imperio económico y en el que Putin como presidente de Rusia, y como defensor de los intereses de la nueva clase económica y política de la que él también forma parte, participó activamente, hasta que sus propios intereses entran en conflicto con el resto, si sumamos a ello la irrupción de nuevos elementos llamados China, la India y aún en menor medida Brasil, el mosaico geopolítico se ha convertido en algo multipolar, dando todo ello lugar a un enfrentamiento agresivo en el que sobre el tablero de Ucrania se dirime un nuevo reparto de unos bienes ya escasos y por lo tanto un choque de intereses con materias primas y combustibles como fondo. El siguiente capítulo de ésta guerra comercial será China, y también la India tal y como apuntan las recientes amenazas de Biden. Recordemos el axioma de que quien domine el continente euroasiático dominará el mundo. Ése será el nuevo escenario de batalla de un neoliberalismo agonizante y ya podemos adelantar que su final, será violento. 

1 Comment

  1. Mientes, el partido comunista, no se si Yeltsin lo prohibió, en todo caso ahora está representado en la Duma. No creo tampoco que el capitalismo que rige Rusia ahora sea peor que el de EEUU, no existe un capitalismo peor que el de los yankis, que además es imperialista, hace guerras por expoliar, cambia gobiernos que no son de su gusto i ha provocado la guerra en Ucrania, que por parte de Rusia es defensiva pero no para los gringos

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