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Entrevistamos a Pedro, trabajador de la limpieza viaria en Valencia, a propósito de las condiciones de trabajo en las olas de calor.
Por Isabel Ginés | 4/07/2025
Hola Pedro, gracias por hablar con nosotras. Para empezar, ¿puedes contarnos quién eres y a qué te dedicas exactamente?
Claro, soy Pedro, tengo 49 años y trabajo en la limpieza viaria en Valencia. Llevo en esto más de doce años. Ahora estoy con una empresa que tiene la contrata del ayuntamiento, así que me toca barrer calles, recoger papeleras, limpiar zonas peatonales… vamos, lo que es dejar la ciudad limpia cada día, haga el tiempo que haga.
¿Cómo ha cambiado tu trabajo desde que empezaron a ser tan frecuentes las olas de calor?
Buf… muchísimo. Antes los veranos eran calurosos, sí, pero ahora no hay respiro. Desde mayo hasta casi octubre vamos con el agua al cuello, y no por la lluvia precisamente. Hay días que el calor es tan denso que parece que se te mete en los pulmones. Y nosotros estamos en plena calle, lo peor es a partir de las 12 es malo malo. Beber mucho, agotarte, te cuesta respirar. Cada año cuesta más aguantar.
¿Tienes algún horario especial en verano o trabajáis igual que siempre?
El horario es el mismo. En mi caso, de la mañana a tres de la tarde. Ya a las 9 hace un calor tremendo. Y los compañeros del turno de tarde lo tienen aún peor. Hay veces que estamos en plena calle a las dos, a pleno sol, y no hay sombra ni un banco donde parar porque te dicen de todo. Y aun así tienes que seguir, porque el trabajo no se detiene por el calor.
¿Recibís algún tipo de formación o protocolo para saber cómo actuar ante el golpe de calor?
Nos han dado alguna charla, sí, pero muy general. “Bebed agua”, “si os mareáis, avisad”, “hacer descansos es obligado”. Cosas muy básicas. Pero no hay un protocolo claro que diga: “Si hace más de 38 grados, se suspende la jornada”, o “a esta hora se hacen pausas obligatorias”. Todo depende del jefe de turno. Y claro, cada uno lo lleva como quiere. Algunos sí te permiten parar un rato a la sombra, otros te dicen que espabiles.
¿Hay zonas especialmente duras para trabajar cuando aprieta el calor?
Sí, claro. Las zonas con mucho asfalto, o sin árboles. El suelo quema, literalmente. Y si estás en avenidas largas sin sombra, aquello es una sartén. También hay calles estrechas sin ventilación donde el aire no corre, y ahí el calor se te pega al cuerpo. Cuando llegas a casa tienes la sensación de haber salido de un horno. Cuesta recuperarse es agónico el calor se mete por todo.
¿Has sentido alguna vez que tu salud estaba en riesgo real por culpa del calor?
Sí. Dos veces he tenido que parar porque notaba que me iba a desmayar. Una vez me senté en un portal porque me empezó a doler la cabeza muy fuerte, como si me estallara, y me temblaban las manos. Otra vez me dio un mareo subiendo una calle empinada con el carro de limpieza. Me senté en el suelo, literalmente, y una señora me dio agua. No me fui al médico porque ya sabes… miedo a que te den la baja o te miren mal en el curro.
¿Tenéis acceso fácil a agua fresca, sombras o sitios para descansar durante la jornada?
Pues depende. A veces hay fuentes, otras no. Muchas están rotas o sin presión. Llevamos botellas, pero se calientan rápido. Y para descansar, como mucho puedes sentarte en un banco o en el bordillo. A veces nos dejan entrar un momento en algún bar a comprar agua o ir al baño, pero eso lo haces rápido y te vas. No hay un sitio habilitado para que el personal descanse o se refresque. Todo es improvisado.
¿Qué pensaste al enterarte de la muerte de Montserrat la trabajadora de limpieza que falleció en plena ola de calor?
Uf… me dio un vuelco al corazón. No la conocía, pero me vi reflejado. Tenía casi mis mismos años, trabajaba en lo mismo que nosotros, y murió en su casa, después de currar todo el día. Y lo más duro es que seguramente nadie se dio cuenta de cómo estaba. Llegas a casa, te duchas, te tumbas, y si te sientes mal… estás solo. Podía haber sido yo, o cualquier compañero. Fue muy triste. Y al final, ¿qué pasó? Una nota del ayuntamiento y punto. Al día siguiente, a seguir como si nada.
¿Crees que se valoran lo suficiente vuestros trabajos, sobre todo cuando las condiciones climáticas son tan extremas?
Para nada. Nos ven como si fuéramos parte del mobiliario urbano. Cuando todo está limpio, nadie se pregunta quién ha estado ahí a las seis de la mañana recogiendo la porquería de la noche. Y cuando hace calor, frío o llueve, seguimos igual. Pero el reconocimiento, cero. A veces te cruzas con alguien amable que te da las gracias, y eso te alegra el día. Pero a nivel institucional, somos invisibles.
¿Qué medidas pedirías, si tuvieras la oportunidad, para proteger a los trabajadores como tú en estos meses de calor extremo?
Lo primero, que se establezca por ley un límite de temperatura para suspender el trabajo en la calle. Igual que no se puede trabajar con tormenta eléctrica o con nieve, tampoco debería permitirse si hace 40 grados. También que haya pausas obligatorias, sitios donde podamos refugiarnos del calor, y que se nos proporcione agua fría durante la jornada. Pero sobre todo, que se nos escuche. Porque nadie mejor que nosotros sabe lo que se sufre.
Y ya para acabar, ¿qué le dirías a alguien que dice que ‘el calor es normal en verano’ o que ‘no es para tanto’?
Que venga un día conmigo a barrer calles en agosto. Que se ponga el uniforme, empuje el carro, y se tire siete horas al sol sin parar. A ver qué le parece. Una cosa es pasar calor en la playa, y otra muy distinta es currar bajo el sol abrasador con la cabeza que te va a estallar. El calor mata. No es una sensación incómoda, es una amenaza real. Y si no se hace nada, seguirá muriendo gente como Montserrat, como podría haber sido yo.
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