Pedro Sánchez, triunfador en la sombra del 4 de mayo

Por Domingo Sanz

Esto de hoy tenía que versar sobre lo de que España debe elegir lo antes posible entre Madrid y España, y no se trata de un juego de palabras.

Estoy convencido, y más desde ayer, que se está agotando la cuenta atrás que se inició en el siglo XVI, año 1.561 quizás, aunque yo no estaba, ese día en que Felipe II decidió trasladar a Madrid la capital del Reino de España.

Me refiero al tiempo, cada vez menos, que necesitamos para sacar el futuro político que tenemos por delante del atasco en que se encuentra, pues desde entonces se está cumpliendo lo que, según ha trascendido atravesando los siglos, el “emperador Carlos I de España y V de Alemania” le advirtió a su hijo cuando este le informó que trasladaría la Corte a la orilla del Manzanares.

Para refrescar la memoria, 27 años después alguien importante se tuvo que inventar lo de “los elementos contra mis naves”, como si en los mares no hubiera temporales, y así justificar la derrota de la Armada “Invencible”, que, dime de qué presumes…

Y, abundando en las derrotas, 80 años después del desastre naval se tuvo que conceder la independencia a Portugal para concentrar todo el ejército contra Catalunya pues, de lo contrario, Castilla habría perdido ambos territorios. Y con Portugal se iría Brasil, no tan pequeño.

Pero hoy no es posible seguir con el pasado, tan interesante. Lo inmediato manda y he leído y escuchado tantas veces lo de que Pedro Sánchez ha sido el gran derrotado de ayer en Madrid, y estoy tan en desacuerdo, que no me ha quedado más remedio que rendirme ante la presión ejercida por mi lógica interna y volver a escribirlo a la luz de los resultados.

La primera victoria que ha conseguido Pedro Sánchez ha sido librarse de Pablo Iglesias, y solo él sabe hasta qué punto esto le ha permitido ahorrar en somníferos, que no es necesario recordar la entrevista que mantuvo con Ferreras entre las elecciones generales de abril y noviembre de 2019.

Insaciable el presidente del gobierno, fue saber que el de Podemos dejaba la vicepresidencia para liderar la candidatura de UP donde, dicho sea de paso, ni siquiera tuvieron el detalle de realizar unas primarias creíbles antes de tomar la decisión, y lanzarse el propio Sánchez a la campaña para quitarle votos a Iglesias a riesgo de lo que fuera. Por ejemplo, restando a Gabilondo todo el protagonismo.

Al ver la reacción de Sánchez, la mayoría de analistas pensaron que buscaba una campaña cuerpo a cuerpo con Ayuso pues, entre otras cosas, ella lleva convocándole desde el primer día de la pandemia, gran oportunidad caída del cielo, que los muertos no votan.

En mi opinión, nada más lejos de las intenciones de Sánchez, pues todo el mundo sabe que, si a unas elecciones concurren varias candidaturas compitiendo entre ellas dentro de distintos bloques, son muchos más los electores que pueden estar dispuestos a cambiar de papeleta dentro de cada bloque que los que se plantean cambiar de bloque.

Dos detalles demuestran que lo que Sánchez perseguía era derrotar a Iglesias, un objetivo que, lógicamente, no podía proclamar como el principal.

Por una parte, la radicalidad improvisada desde el principio. En la primera rueda de prensa anunció que los datos de la pandemia en Madrid eran falsos. La sorpresa vino cuando al día siguiente le preguntaron por tal cosa a Fernando Simón y dijo que no le constaba. Estoy seguro que las carcajadas hacían temblar las pareces pagadas con dinero negro, o sea, falso para Hacienda, del número 13 de la calle Génova, “se vende”. Por cierto, las acusaciones mantienen la petición de 5 años de cárcel para los que pagarán el pato, como siempre, por los verdaderos responsables, que no se enteraban de nada. Ya. Cierro paréntesis.

El otro detalle se produjo en el momento, álgido y patético al mismo tiempo, de Ángel Gabilondo durante el debate de Telemadrid, cuando se vio obligado a proclamar, más tenso que en ningún otro momento de la noche, que “yo no me llamo Pedro Sánchez. Yo me llamo Ángel Gabilondo”. A partir de ese momento, el presidente desapareció de la campaña. Quizás alguna vez cuente el hermano de Iñaki con qué amenazó a Pedro si no dejaba de ningunearlo y, al mismo tiempo, concederle a Ayuso una categoría que no le correspondía.

¿Acaso felicitó Sánchez al triunfador, por poner un ejemplo, de las únicas autonómicas murcianas celebradas el 26 de mayo de 2019? ¿Porqué sí lo hizo ayer con IDA? Qué feo. Vuelvo a cerrar paréntesis, así no hay quien escriba.

Por tanto, dimitido Iglesias de todo y al margen de lo que ocurra con Podemos en el futuro, que algunos cargos institucionales serán recibidos en el PSOE con los brazos abiertos, es evidente que, además del propio Iglesias con sus errores, Sánchez ha sido quien más ha hecho por derrotarlo. Y entre ambos lo han conseguido en toda regla.

Sostengo, además, que Sánchez no quería que el PSOE y las dos izquierdas a su izquierda ganaran las elecciones y pudieran formar gobierno en Madrid, y menos para un mandato de solo dos años. Por eso, aún estando perfectamente justificado que le pidiera a Gabilondo que no encabezara la candidatura, poco antes se había anunciado su traslado a la oficina del Defensor del Pueblo y, además, no había hecho nada durante la media legislatura transcurrida, decidió mantenerlo.

Casi cualquier otro candidato, aunque solo fuera por el estímulo de la confianza depositada en él por parte del PSOE y sin “mochila” ninguna, lo hubiera hecho mucho mejor. Pero, con lo bien que se vive contra Ayuso, ¿para que potenciar un nuevo barón de los que después incordian?

Seguro que no es necesario dar nombres.

En mi opinión, el motivo principal de la maldad de Sánchez, la de no querer que el PSOE gobernara la C.A. de Madrid, se llama Catalunya.

Nadie mejor que la “atrevida” presidenta para, desde un Madrid en el que, aún con más brío, defenderá sus privilegios fiscales, seguir “disparando” a los independentistas con “pólvora del rey”, aunque sea fallando, pues para Sánchez se trata de molestarlos y que, preferiblemente, no sean García Page, ni Lamban, ni otros “amigos”. Y no digamos los Leguina, González y cía.

Porque a Barcelona acudió Ayuso durante la campaña electoral del 14 de febrero y el PP terminó perdiendo el 25% del poder parlamentario que tenía en Catalunya.

El reverso de la moneda es que los resultados del 14F soportan la hipótesis de que algunos electores no independentistas, incluidos socialistas y Comunes, podrían no haber acudido a las urnas para que su voto no terminara formando parte del mismo bloque que el de Ayuso, que en Catalunya sí que son capaces de trenzar cordones. Eso sí que pudo ser decisivo contra Illa. Pero claro, no se puede tener todo.

Por cierto, se imaginan la cara que pondría Núñez Feijoo si Amancio Ortega trasladara, precisamente antes de morir, su residencia a Madrid y los 11.000 millones de impuesto de sucesiones que ingresaría Galicia se convirtieran en cero allí y solo 250 millones para Madrid. Lo ha escrito Ignacio Escolar y no hay mejor manera de exponer el dumping fiscal que ejerce Madrid.

Vuelvo a cerrar paréntesis, pues lo de qué hacer con Madrid da para demasiados renglones más.

También habrá que pararse con más tiempo en las distintas versiones de lo que le dijo Carlos I y etcétera a Felipe II cuando este le dijo lo de Madrid capital. Por eso, esto de hoy continuará por diferentes derroteros.

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