Palestina también se enfrenta a Israel y a Estados Unidos

El conflicto en Gaza y Cisjordania muta a otra dimensión en la transición global; la masacre sigue.

Por Martín Martinelli | 12/04/2026

“Quien controla Medio Oriente controla el grifo del petróleo
Mundial, y quien controla el grifo del petróleo mundial, puede
controlar la economía mundial, al menos en un futuro próximo”.
David Harvey,

Introducción

Mientras todos los focos del mundo están puestos en la guerra Estados Unidos e Israel contra Irán, la crisis humanitaria en Gaza se agrava desde el “cese al fuego”. Continúan diferentes asesinatos y bombardeos. Además, se sufre la escasez extrema de alimentos y agua potable, un sistema sanitario colapsado, y severas restricciones a la ayuda humanitaria. Los mismos encargados de los bombardeos masivos y sus socios son los representantes de establecer la paz, sobre las ruinas de una franja de territorio devastada en un 80%. Su propio poder de fuego fue el que perpetró la masacre planificada en Gaza, que continúa, por un lado, de manera más lenta, pero por otro, por las consecuencias de esos dos años más intensos de bombardeos y de asedio.

Aunque actualmente no se le presta el nivel de atención que supo tener, para fines de marzo ya habían asesinado a setecientos palestinos desde el alto el fuego de mitad de enero, hirieron a 1.900, e Israel infringió cerca de mil veces lo convenido y continúan en sus cárceles nueve mil presos palestinos. En concreto, el 75% de la población en Gaza sigue con riesgo de hambrunas, y a eso se suman las torturas (que son consideradas un castigo colectivo) y las violaciones junto con más consecuencias de la destrucción y la contaminación.

Respecto de las torturas en particular, Francesca Albanese, la Relatora Especial de Naciones Unidas para los Territorios Ocupados Palestinos, publicó el informe “Tortura y genocidio”, en línea con sus cuatro anteriores: “La privación masiva de libertad como herramienta del apartheid”; “Anatomía de un genocidio”; “El genocidio como supresión colonial” y “De la economía de la ocupación a la economía del genocidio”. En su nuevo trabajo establece relaciones entre esas prácticas y llega a las siguientes conclusiones: “Desde octubre de 2023, la tortura sistemática de palestinos se ha convertido en un componente integral del genocidio colonial perpetrado por Israel, funcionando como un instrumento de violencia aniquiladora dirigida contra el pueblo palestino. Cuando la tortura se perpetra en todo un territorio, contra una población como tal, y se mantiene mediante políticas que destruyen sus condiciones de vida, la intención genocida resulta evidente.”

Los palestinos soportan una campaña de desplazamiento forzado, asesinatos en masa, privaciones de todos los medios de subsistencia para infligirles dolor y sufrimiento colectivo a largo plazo, y en última instancia, expulsarlos de su tierra. Es la arquitectura del colonialismo de asentamiento, construida sobre una base de deshumanización y practicada mediante una tortura colectiva. El colonialismo de asentamiento es una forma específica de dominación que no se limita a explotar recursos, sino que busca reemplazar a la población originaria, exterminarla o expulsarla, mediante el establecimiento permanente de colonos.

Acerca de la situación actual en la Franja de Gaza, el escritor palestino residente allí Hassan Hazrallah consideró en el artículo “Gaza, no hay alto al fuego” lo siguiente: “Durante la guerra esperábamos la muerte, asumíamos riesgos calculados y comprendíamos la lógica brutal de la supervivencia. Ahora nos dicen que la guerra ha terminado; nuestras vidas, sin embargo, no han cambiado en lo fundamental. Las explosiones siguen jalonando las noches, las casas se siguen derrumbando y seguimos enterrando a amigos. Lo único que ha cambiado es el lenguaje internacional, no nuestra realidad.” Por lo que muestra desde el terreno algo que trata de ocultarse o pasar desapercibido frente a las grandes tensiones geopolíticas actuales.

Gaza como prisión al aire libre es un derivado del proceso de Oslo de hace más de 30 años, y eso lo conecta el genocidio reciente. La estrategia israelí implica el uso periódico de la violencia, la tortura, la opresión y la búsqueda de una desmoralización de los palestinos. Algo que busca ocultarse con promesas falsas en negociaciones respaldadas internacionalmente. Su intención es, a través de ello, endurecer la fragmentación y el despojo continuos del pueblo palestino. Una negociación dirigida por Estados Unidos girará en torno de asegurar que Israel continúe sometiendo a las vidas y las tierras palestinas.

Lo singular de esta ocasión es que la transmisión, por otros medios tecnológicos, superó el bloqueo informativo debido a la viralización de las imágenes. Incluso en Telegram llegaban imágenes de la resistencia palestina, demostración de que un pueblo en las peores condiciones posibles resistía con las armas a su alcance. Y más allá del apoyo en lo retórico, o incluso del “eje de la resistencia”, en condiciones de asimetría, los gazatíes entendieron que su lucha era y es por la supervivencia ante un ejército invasor y ocupante. Esto no pudo ocultarse, aunque en Gaza bloquearon la electricidad, el agua e internet, para que no sigan apareciendo videos en redes sociales, de la destrucción que Israel continúa llevando a cabo.

La forma de guerra asimétrica híbrida expone la deshumanización del que se considera un enemigo. Los métodos de asesinato utilizados derivaron en que no se pueda llegar a medir el nivel de matanzas, para el cual se manejan diferentes cálculos.

En total, desde el 7 de octubre de 2023 (cuando ocurrió el ataque de Hamas y fueron asesinadas 1.200 personas en el norte de Israel), de los 2,5 millones de palestinos de la Franja, más de 72.000 palestinos fueron asesinados (en su mayoría mujeres y niños) y más de 171.000 han resultado heridos, según el Ministerio de Salud de Gaza. Pero miles de cuerpos permanecen aún bajo los escombros —según cálculos de la revista The Lancet serían 200.000 los muertos—, entre confirmados, 11.000 que están desaparecidos y 6.600 son desapariciones forzosas. Del total de asesinados, 18 000 son niños, además de unos 120.000 heridos y 1 900 000 desplazados. Para este mismo periodo, en Cisjordania se asesinaron 923 personas, 6.800 resultaron heridos, 14 500 palestinos fueron capturados y 47 000 desplazados. En cuanto a los israelíes, no lo aclaran con exactitud, pero podrían ser alrededor de 3.000 a 5.000 muertos de su parte.

La conducta genocida en Gaza ha sentado un precedente amenazante para el otro territorio palestino, Cisjordania. La estrategia deliberada de Israel (y así descripta por sus dirigentes) para hacer que la vida sea insostenible, se ha intensificado en todo el territorio palestino ocupado. Las consecuencias resultan devastadoras para la supervivencia de su población. Sin embargo, existe la hipótesis de un declive del sionismo por una situación tripartita: una falta de cohesión interna, una crisis externa y un declive asociado a su rol junto al imperialismo estadounidense.

En Jerusalén ocupada y en Cisjordania continúa la aceleración de la desposesión de los palestinos. Se expanden los asentamientos ilegales junto con el aumento de la violencia y los delitos de colonos respaldados por el Estado y el ejército. Según Amnistía Internacional, desde diciembre de 2025, las autoridades israelíes han adoptado una serie de medidas ilegales diseñadas para desposeer a la población palestina en la Cisjordania ocupada, incluida Jerusalén Oriental, y para anexar el territorio. Lo cual implica una intensificación sin precedentes del despliegue del proyecto israelí de la apropiación de más tierras palestinas, autorizan nuevas colonias, extienden los existentes y establecen el registro de tierras en Cisjordania como propiedad del Estado israelí.

Entonces surge la pregunta de por qué se desata esa política de intento de colonizar Palestina, desarraigar a la población, imponer presiones jurídicas, respaldar la violencia cotidiana de los colonos, impulsar la destrucción de casas y de cultivos, permitir los encarcelamientos selectivos, y un conjunto de acciones infringiendo los derechos humanos palestinos más elementales. Y cómo esto impacta en la disputa regional. Es evidente el rol del Estado de Israel para el objetivo de Estados Unidos de imponer un “caos controlado” de rediseño territorial regional y de buscar recuperar la primacía.

Trump y la alianza Estados Unidos-Israel

¿Cuál es la lógica del plan de Trump (e Israel) sobre Gaza? En convergencia con las intenciones israelíes, se busca la edificación de un espacio controlado y despolitizado para la circulación y el consumo. El Plan Riviera de Gaza es un proyecto de construir emplazamientos hoteleros por un conjunto de empresas trasnacionales de capitales (estadounidenses, franceses y otros). Y también de no permitir una reorganización de los palestinos gazatíes. Además, implica la explotación de los yacimientos de gas, que Israel exporta a Egipto, pero que pertenecen a la soberanía marítima de Palestina y Gaza.

La visión de esa idea tiene que ver con el rol que intenta cumplir Israel dentro de un vasto complejo regional logístico destinado a competir con China. La construcción un canal llamado “Ben Gurion”, que conecte el Golfo de Aqaba y el puerto de Haifa para competir con el canal de Suez. La creación de una Gaza –sobre las ruinas y los despojos del genocidio– se utilizaría para acelerar la integración del Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC).

La línea ferroviaria conectará el puerto de Fujairah (EAU) con el puerto de Haifa (Israel) a través de Arabia Saudita (Ghuwaifat y Haradh) y Jordania. En Israel se contará con el puerto de Haifa, mientras que en Europa serán los del Pireo, en Grecia, Messina en Italia y Marsella en Francia. El objetivo es constituir una red de transporte integral, con ferrovías, ruta terrestres y marítimas, que conecte India, Oriente Medio y Europa para competir con China, volcando a India como contrapeso geopolítico y geoeconómico.

Esa es la intención de un “Gran Israel” como potencia hegemónica de la región, que acuerde con los países árabes del Golfo. Pero que ahora está siendo puesto en cuestión por los contraataques israelíes a esos países y a las bases militares estadounidenses allí apostadas. Por eso, lo que está en juego detrás del sostén de Washington a Tel Aviv, que no se observa a simple vista, es su interés en la zona y con las alternancias, que tuvo con las diferentes potencias de la región: Turquía, Arabia Saudita e Irán. Los palestinos entran en esas lógicas, como un grupo de resistencia, en el proceso de evitar ser expulsados de sus tierras. Pero del mismo modo resultan una cuestión central en la región por todas las connotaciones que posee su desenvolvimiento y su relación con Israel y los demás países.

El Pentágono es el principal sostén de la política bélica que impulsa Israel, con la asociación de las principales potencias europeas. Washington costea y asegura el genocidio continuado, la limpieza étnica de los palestinos gazatíes, más los intentos de anexión de Cisjordania para reforzar su injerencia. Según el instituto Watson de la Universidad de Brown, Estados Unidos costeó casi 22.000 millones de dólares de los gastos militares de Israel en esta guerra, y 34.000 millones para las guerras en la región. Empresas estadounidenses de armas como Raytheon (RTX Corporation) y Lockheed Martin se han visto muy beneficiadas, ya su complejo militar-industrial se sustentan en estas destrucciones deliberadas —además de buscar ahora la reconstrucción.

Desde su creación en 1948, Israel recibió de Estados Unidos hasta ahora la mayor ayuda exterior directa, con 333.000 millones de dólares, según el US Agency for Development. Desde octubre de 2023 hasta mediados de 2025, fueron unos 45.000 millones. El programa de ayuda militar estadounidense hacia este país comenzó en 1959 y en el período de 2019-2028 recibirá 3.800 millones anuales, solo de base.

Tel Aviv es clave para el mantenimiento de los intereses hegemónicos del liderazgo estadounidense, y en menor medida del Occidente Geopolítico. El otro pilar de Washington en la región son las monarquías árabes del Golfo Pérsico, ricas en petróleo, sobre todo Arabia Saudita. Estados Unidos tiene instalaciones militares en al menos diecinueve emplazamientos —ocho de ellos considerados permanentes— en Arabia Saudita, Bahréin, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Israel, Jordania, Kuwait, Qatar y Siria. Pero estos han sido ahora destruidos casi en su totalidad por los drones y misiles iraníes. Las relaciones entre el Golfo, Israel y Estados Unidos son esenciales para entender el momento actual.

Desde el 7 de octubre de 2023, el papel israelí como custodio de los intereses estadounidenses cobra nueva vigencia por la deriva de Riad hacia Beijing, que hoy es su principal cliente, y la creciente alianza entre Moscú y Teherán. En ese sentido, juega un papel similar al de Taiwán, al que Eisenhower llamó “el principal portaaviones de Estados Unidos frente a China”. La dependencia israelí de Washington es utilizada para intentar minar el despliegue de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) china en su paso por el mar Rojo, así como el Corredor Norte-Sur entre Rusia-Irán e India, por los diferentes estrechos de la región de Ormuz, Bab el Mandeb y el Canal de Suez, y por mantener una inestabilidad en sus planes de medio plazo de generar una hegemonía israelí que lo beneficie.

La capacidad israelí para mantener un estado permanente de guerra, ocupación y opresión estaría en riesgo sin el continuo respaldo estadounidense. Por supuesto, esto no significa que con Washington no haya diferencias de opinión entre ambos gobiernos sobre cómo deben ser sus políticas hacia la región. A cambio, Israel sirve como socio leal y baluarte contra las amenazas a los intereses de la Casa Blanca en la región. Dicho país también ha apoyado regímenes represivos respaldados por Estados Unidos en todo el mundo, desde la Sudáfrica del apartheid hasta las dictaduras militares en América Latina. Y ahora se asocia con los políticos de ultraderecha a nivel mundial como Trump, Bolsonaro en su momento, Milei o Meloni.

El Pentágono, pero también Wall Street y las financieras como Black Rock y Vanguard, son el principal sostén de la política de exterminio que impulsa Israel, con la asociación de las principales potencias europeas. Washington costea y asegura el genocidio, la limpieza étnica de los palestinos gazatíes, más los intentos de anexión de Cisjordania para reforzar su injerencia. Israel busca expulsar a la población, aunque utiliza el eufemismo de “transferencia” –que es histórico–, para poder anexar Cisjordania. Mientras que en la Franja de Gaza continúa con una “práctica política genocida” que busca la limpieza étnica para consolidar un proyecto de colonialismo de asentamiento.

Escenario regional y global

El accionar de diferentes actores y Estados como Turquía, Arabia Saudita, Qatar, Israel, Estados Unidos y Rusia, demuestra una gran cantidad de variables que rodean la cuestión palestina. Por una parte, una serie de actores se contraponen a Israel: Ansarallá (o hutíes) en Yemen, Hezbollá en el Líbano o el mismo Irán (evidenciado en la guerra actual). Mientras que Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (ambos con cercanía la BRICS y por eso ambivalentes) y las monarquías del Golfo, además de Egipto o Marruecos, priorizan los acuerdos diplomáticos o comerciales con Israel y por ende con Estados Unidos. La balcanización y el “divide y reinarás” para la región son dos aspectos claves. Asimismo, esos regímenes políticos árabes contradicen en su accionar la solidaridad de sus poblaciones con la causa palestina, que impacta en su propio detrimento.

Palestina es uno de los epicentros del sistema mundial, por el lugar donde se encuentra, pero también por su carga simbólica y de representatividad. Los palestinos mantuvieron la atención mundial, porque a su voluntad de lucha, se la considera como uno de los procesos fundamentales de la era contemporánea. En el exilio interactuaron, e incluso en ocasiones colisionaron, con los países desde donde buscaron resistir a la ocupación, como Egipto, Siria, Líbano, Jordania. En síntesis, se erige como un movimiento anticolonial de los más activos en el último siglo.

Por eso está directamente relacionado con el creciente protagonismo israelí está ligado al control del petróleo, la ubicación estratégica en rutas comerciales y la cercanía a China y Rusia, y para tratar de balcanizar de la región. Además, tiene similitudes con el rol que adquiere Europa contra Rusia y de Israel contra el “mundo árabe”, con la intención de permitir a Estados Unidos actuar frente a China. Pero todo está puesto en cuestión por la guerra asimétrica y de desgaste actual entre Estados Unidos-Israel e Irán, con ramificaciones hacia las monarquías petroleras del Golfo, y con importancia directa en la economía mundial. Además del impacto en Eurasia y en las relaciones del triángulo geoestratégico Rusia-Irán-China, (sobre el que escribimos en Tektónikos).

Esta matanza y opresión generalizada, ahora continúa por las terribles consecuencias en la población gazatí y palestina en general (también con el intento de gazificación del sur del Líbano hasta el río Litani, que se está encontrando con grandes resistencias). Los conflictos que conlleva tendrán consecuencias significativas en tres dimensiones críticas: la correlación entre israelíes y palestinos; los vínculos de Israel en la región; y la relación entre Occidente y el Sur Global. A nivel regional, este nuevo enfrentamiento constata que no habrá paz en esa región sin que la cuestión palestina sea un punto sustancial de la discusión. Al mismo tiempo, aumentó la distancia entre las posturas del Occidente geopolítico y el Sur Global. Los primeros patrocinaron el derecho de Israel a defenderse, bajo diferentes condiciones. En cambio, en África, América Latina y Asia, el argumento es que Israel se comporta como un Estado colonial en una época poscolonial, pero actúa con el soporte de los antiguos imperios coloniales.

La alianza de Estados Unidos e Israel no es accesoria al despojo del pueblo palestino, sino que está fundamentada en este. El accionar israelí funciona como apéndice estratégico de su líder estadounidense. Su carácter colonial lo posicionó en el centro del fortalecimiento del poder estadounidense en la región. Por eso, la lucha palestina impulsa el cambio político regional, algo evidente en la confrontación bélica actual. Y, a la inversa, está ligada a los éxitos y fracasos de otras luchas sociales progresistas en la región.

Como proyecto, Tel Aviv depende del apoyo de Occidente, que es una especie de “metrópoli” de este sistema colonial de asentamiento (aunque sea un proyecto nacional). Pone en práctica un proceso sistemático y planificado de limpieza étnica y de demolición de la infraestructura, pero también de la vida cotidiana gazatí, que aún continúa. Mientras mantiene sus intentos violentos de anexionar Cisjordania. Pero con esas formas extremas (más los frentes bélicos abiertos), puede hacer que la opinión pública sea cada vez más crítica ante su nivel de criminalidad, más allá del intento de mantener el blindaje mediático. Mientras que Palestina continúa como una causa del Sur Global que busca liberarse de la opresión.

Este artículo fue publicado originalmente en Tektonicos

 

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