No es la religión, aunque lo parezca.

Innerarity concluye que la religión contemporánea, al estar más alejada de la pretensión de controlar la totalidad de la vida , podría incluso ser más coherente con la naturaleza democrática y la experiencia espiritual libre

Por Lucio Martínez Pereda | 29/04/2026

El artículo de Daniel Innerarity titulado ¿ Vuelve la religión? fue publicado el 20 de febrero de este año en El Pais. Para el filósofo la “ vuelta de la religión” no implica un retorno a las instituciones religiosas tradicionales ni una recuperación de su antigua capacidad para estructurar la sociedad. Según él lo que observamos hoy es un fenómeno distinto: una circulación ecléctica y descontextualizada de elementos religiosos que las personas utilizan de manera personal y selectiva. Desde esta perspectiva, Innerarity concluye que la religión contemporánea, al estar más alejada de la pretensión de controlar la totalidad de la vida, podría incluso ser más coherente con la naturaleza democrática y la experiencia espiritual libre.

Pero la interpretacion de Innerarity parece dejar de lado que el supuesto “ retorno de lo sagrado” no es una deriva espontánea hacia una espiritualidad íntima, sino una arquitectura deliberada. No, la religión no vuelve porque hayamos alcanzado un clímax de libertad secular o porque el individuo esté componiendo libremente su puzle existencial. No hay un puzzle de libre elección donde cada uno pueda quedarse con lo que más le gusta : vuelve porque ha sido reconvertida en un instrumento de la ultraderecha.

Es un error pensar que el ciudadano busca en la fe un complemento a su identidad plural. La incertidumbre del futuro, la ansiedad de precariedad y desamparo que el sistema neoliberal ha producido, no se está traduciendo en una búsqueda de sentido libre, sino en una rendición. La ultraderecha, con su olfato históricamente experto para el miedo, ha secuestrado la religión para ofrecerla como un refugio ante la intemperie: el ciudadano, agotado de navegar la complejidad política, termina por depositar su soberanía en manos de quienes, invocando una identidad sagrada, le prometen la seguridad que el futuro ya no garantiza.

Así, lo que Innerarity lee como una sofisticada transformación de la experiencia religiosa, no es más que una operación política no identificada como tal : la sustitución del pensamiento político por una espiritualidad privada. Al alejar al sujeto de la acción democrática y entregarlo al redil de lo identitario y lo absoluto, la derecha reaccionaria logra que sea el propio ciudadano quien renuncie a sus herramientas de emancipación, renunciando a la política y abrazando un refugio espiritual que, en el fondo, no es más que la antecámara tramposa del autoritarismo.

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