Luís Rosales, el amigo falangista de Lorca

Cuando el 16 de agosto detienen a Federico en casa de los Rosales, fue el hermano mayor de Luis quien le acompañó al Gobierno civil para evitar que sufriera algún tipo de represión. Luis Rosales protestó por escrito al teniente coronel Velasco de la detención del poeta. Hizo cuanto pudo por su liberación.

Por María Torres

Traigo a la Memoria a Luis Rosales, poeta, que falleció el 24 de octubre de 1992. Sé que a muchos lo primero que os venga a la mente es que Luis Rosales era falangista y no sin razón. Es cierto, era falangista, y también era una buena persona que es en definitiva lo que nos interesa de las personas, que sean buenas. La ideología política no está reñida con el compromiso humano y ético ni con el sentido de la justicia.

Luis Rosales se afilió a Falange, como lo hicieron sus hermanos Antonio y José y fue expulsado por uno de los jerarcas del partido, por haber refugiado en su casa a Federico García Lorca. 

Es sabido que Rosales y Lorca mantenían una sólida amistad. Una vez en Granada, Federico, asustado, llamó por teléfono a su amigo pidiéndole que fuese a su casa para tratar de algo “sumamente urgente, para una cosa que me apena”. Ante los temores del poeta la familia Rosales decidió acogerle en su domicilio. Luis Rosales contó tiempo después que:  “Yo siempre digo que si Federico, o su padre, o doña Vicenta – su madre- , o yo, hubiéramos pensado por un solo momento que Federico corría peligro de muerte, Federico hubiera sido salvado. Salvarle era facilísimo, sin duda. Lo que ocurre es que nadie podía pensar en eso, nadie lo pudo pensar (…) En el consejo de familia que se celebró (…) no se pensó ni por un momento en la posibilidad de que pudiera sucederle algo a una persona literalmente inocente, como Federico era”.

Cuando el 16 de agosto detienen a Federico en casa de los Rosales, fue el hermano mayor de Luis quien le acompañó al Gobierno civil para evitar que sufriera algún tipo de represión. Luis Rosales protestó por escrito al teniente coronel Velasco de la detención del poeta. Hizo cuanto pudo por su liberación. Hasta llegó a conseguir una orden de libertad firmada por el gobernador militar de Granada que cuando fue presentada ante Valdés no sirvió para nada, pues este último le mintió sobre el paradero de Federico informándole que ya había sido trasladado a Viznar.

A los hermanos Rosales se les abrió una investigación sobre por su «desleal» conducta y la vida de Luis llegó a correr serio peligro, como manifestó en octubre de 1936 el presidente de la Federación Universitaria Escolar (FUE) de Granada a varios diarios madrileños. Al final el asunto se cerró con una cuantiosa multa y la entrega de un anillo de oro para la suscripción popular del avión Granada.

El compromiso de Luis Rosales en la defensa de su amigo Federico García Lorca fue total. Poco tiempo después de su muerte escribió un excepcional poema: «La voz de los muertos», un poema que habían ideado juntos poco antes del asesinato del poeta: “Federico estaba decidido a que realizáramos entre los dos una composición a los muertos, a los muertos en los dos bandos. Él quería que fuese una cantata, o una especie de romance para poderlo cantar. Algo que no fuese una elegía. Y él se reservó la parte musical, para que yo compusiera la letra. La música no la tenía escrita, pero sí pensada, y a mí me la interpretó varias veces en el piano de mi tía. Yo no había escrito la letra. Posteriormente, a la muerte de Federico, yo hice mi poema como una elegía a los muertos (…) que nació influido por aquellas conversaciones tan repetidas que tuvimos. Mas al morir mi amigo, la poesía tomó el rumbo de la elegía”.

Al morir su amigo, el dolor le invadió y también se derrumbó su mundo: “¿Cómo se puede creer en nada, si es posible que en un país como éste y sólo por la ambición política personal de un individuo que no representaba, ni representa, ni representará nada se pueda asesinar impunemente al hombre más importante y más prometedor de España? Y cuando eso ocurre, ocurre porque es posible, ocurre por algo, porque se presenta una denuncia, porque esa denuncia se acepta, porque un gobernador se niega a recibir a la gente (a don Manuel de Falla, a mí, a muchas personas, que podíamos haberle dado una información amplia, completa y veraz sobre lo que era Federico de verdad), porque se condena injustamente a muerte a un inocente, y porque se le mata vilmente. ¡La vida del hombre más importante ha dependido de la ambición política de un don nadie, de un individuo que no ha representado literalmente nada!” 

Luis Rosales, «el falangista» fue durante muchos años el traidor que entregó a Federico a las garras de sus asesinos. El optó por el silencio y confió que algún día la verdad se impondría sobre la infamia.


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