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Entrevistamos al exteniente Luis Gonzalo Segura, quien acaba de publicar el libro ‘España, cara B’.
Luis Gonzalo Segura (Madrid, 1977) es exteniente del Ejército de Tierra. Su figura se hizo conocida en todo el territorio español en 2014, cuando denunció los abusos y la corrupción imperantes en las Fuerzas Armadas de nuestro país. Acaba de publicar España, cara B (Lola Books, 2026). Conversamos con él sobre su nuevo libro, en el que reflexiona sobre los retos antidemocráticos a los que nos enfrentamos.
Por Jayro Sánchez | 28/05/2026
En tu ensayo analizas una realidad que la mayoría de la gente no percibe: la de esa España olvidada que controla los despachos más poderosos del Estado y los consejos de administración de las grandes empresas nacionales. ¿Por qué?
Quiero revelar una cara del país que, por desgracia, los ciudadanos no conocen. Muchas personas votan a un partido u otro sin ser conscientes de que están yendo contra sus propios intereses. Lo hacen engañadas, ignorando que nuestro sistema político tiene unas profundas raíces que nos conectan con la dictadura franquista y que somos una democracia instrumental en manos de EE. UU.
¿No hay nada ni nadie que se resista a esas élites de las que afirmas que nos controlan?
Es muy difícil defenderse de la España negra. La mayoría de los que pueden actuar, como los periodistas, los políticos o los empresarios, están comprados o amedrentados. Todos tenemos que tomar una decisión: o estamos dentro o fuera. Si es lo primero, progresamos. Y, si es lo segundo, comienza nuestro ostracismo.
Tú fuiste expulsado del Ejército de Tierra por decisión de algunos de sus miembros en 2015. Te juzgaron por decir que las Fuerzas Armadas necesitan afrontar un verdadero proceso de democratización. ¿Aseverarlo es un delito?
Ahora no me cabe la menor duda. Y encima lo hicieron utilizando la doctrina del dictador Augusto Pinochet en el Chile de los años 1990. Aquella que propugnaba que denunciar la corrupción afecta a la disciplina.
Esto es lo que ocurrió en la España de 2014. Y no hubo ningún problema. Los jueces no se opusieron. Los únicos que defendieron la veracidad de mi denuncia fueron unos pocos medios de comunicación, pero tampoco sirvió para gran cosa.
El mundo militar es un reflejo del resto de la sociedad española. De hecho, me ha vuelto a suceder algo parecido en los periódicos en los que he trabajado.
Esto me ha hecho pensar que aquí no hay compartimentos estancos y que tenemos que llevar la democracia a todos los ámbitos: el político, el financiero, el mediático, el académico… etc.
¿Las instituciones sufren una degradación cada vez más severa?
Eso es lo que trato de contar en el libro. La Guardia Civil, la Policía Nacional… Hay casos dantescos. En el último lustro, hasta el ciudadano común se ha dado cuenta de lo que acontece tras las cortinas de la judicatura y de los medios de comunicación.
«El PP y el PSOE jamás han tomado una decisión que ponga en peligro el sistema»
En ‘Cara B’, explicas que el bipartidismo tiene una función muy concreta dentro de todo este entramado. ¿Cuál es?
La de sostenerlo a cualquier precio. Si te fijas, el Partido Popular (PP, en sus siglas en español) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) jamás han tomado una decisión que ponga en peligro el sistema.
El mejor ejemplo lo encontramos en el discurso contra Israel y el genocidio que está llevando a cabo en Gaza. La izquierda se ha posicionado en contra de esta barbarie desde un punto de vista discursivo. Sin embargo, ¿cuántos contratos de venta de armas ha firmado el Gobierno con Tel Aviv en los últimos años?
Uno de los elementos que más mencionas en tus críticas contra la actual sociedad española es el legado que obtuvo de la dictadura del general Francisco Franco. ¿El franquismo pervive en la España de 2026?
Por supuesto. Ni se ha desmantelado, ni sus crímenes se han juzgado. Y sus élites siguen siendo las nuestras, porque ocupan los mismos puestos de privilegio. Que se hayan modernizado es otra cuestión. No obstante, siguen gobernando con los mismos tintes autoritarios.
No nos equivoquemos. En este país hay una izquierda franquista. Parte del PSOE y figuras como las de Felipe González o Juan Luis Cebrián la representan. Y, si tienen que dar un golpe sobre la mesa, las manos no les tiemblan. Mira cómo, en octubre de 2016, obligaron al Parlamento a investir de nuevo como presidente del Ejecutivo a Mariano Rajoy.
Aquello fue un auténtico golpe a la democracia. Y se perpetró de forma pública, delante de toda la sociedad.
¿El pueblo español no es soberano?
Para nada. Se nos dejará votar mientras oscilemos entre las opciones que a ellos les interesan.
Hace un momento defendías la idea de que España es ‘una democracia instrumental en manos de EE. UU.’. ¿Por qué?
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Washington se volvió uno de los principales garantes del nuevo orden internacional. En aquel momento, una gran parte de los países de Europa se encontraba en un claro estado de descomposición.
Los norteamericanos aprovecharon la situación e hicieron un pacto con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) para repartirse el continente en zonas de influencia.
Casi cinco décadas después, Estados Unidos se convirtió en el único imperio superviviente de la Guerra Fría (1947-1989). Y siguió extrayendo los recursos de sus colonias, entre las que se incluye España, como había venido haciendo hasta entonces.
¿Y cuáles son las consecuencias de ello? Pues que, un día, un tipo nos viene por detrás y nos dice: «Duplique usted el gasto militar». Y, a la mañana siguiente, lo estamos haciendo.
«Cada conglomerado tiene su línea editorial. Tú sabes lo que puedes escribir en él y lo que no»
‘El País’ y otros grandes diarios de referencia intentan ocultar hechos como el que cuentas afirmando que el Gabinete de Pedro Sánchez se niega a ejecutar o aceptar ese tipo de políticas. ¿Los grandes medios de comunicación son órganos de propaganda?
Desde luego. Solo hay que fijarse, sin ir más lejos, en la actuación de supuestos periodistas independientes, como Antonio García Ferreras. Estoy seguro de que tú conocerás casos de compañeros a los que han echado de sus lugares de trabajo por llamar la atención sobre algo que ha molestado a cierta gente muy poderosa.
Cada conglomerado tiene su línea editorial. Tú sabes lo que puedes escribir en él y lo que no. Y, si lo haces, te vas a la calle. El problema es que tienes que elegir entre pagar la hipoteca o ser libre.
¿Nadie hace las cosas bien por honestidad?
Claro. Puede haber un buen policía en un pueblo o una ciudad, pero no en una unidad que investigue la corrupción. Los funcionarios judiciales son imparciales en los conflictos entre personas anónimas, aunque no en los casos que enfrentan a los sistémicos y los antisistémicos.
Esto mismo se aplica a todos los ámbitos que tienen algo que ver con el tema del que estamos hablando.
Como algunos otros españoles afectados por tu mismo problema, has luchado durante años para que los denunciantes de los abusos del poder cuenten con protección estatal e internacional. ¿Ya la tienen?
Por desgracia, no. En enero de 2023 se aprobó una ley para acabar con esta situación. Aun así, es insuficiente. No protege a las víctimas. Tampoco las repara de ninguna forma, ni les da voz. ¿A cuántas de ellas has visto en los medios de comunicación?
Necesitamos una reforma integral de la legislación para proporcionarles asistencia jurídica y psicológica, así como garantías reales de protección. Y sanciones para los que las persiguen.
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