Los socialistas y el “albiñanismo” en 1932

Los albiñanistas contaron con fuerzas de choque, como todos los movimientos fascistas, los denominados legionarios. Estuvieron presentes en muchos actos y situaciones contra la República, especialmente en las conspiraciones, lo que hizo que se incorporaran a la formación algunos militares

Por Eduardo Montagut

La primera formación política española que puede ser considerada como fascista fue el Partido Nacionalista Español, que en el año 1930 creó el doctor José María Albiñana, natural de Enguera (Valencia). Este especialista en enfermedades nerviosas y mentales trabajó en México de donde terminaría siendo expulsado por participar en una campaña contra el presidente Plutarco Elías Calles, que había fundado el PNR, precedente del PRI, teniendo que regresar a España. Fue elegido diputado por Burgos en el año 1933 y también en las elecciones de 1936. En principio, se integró en el grupo de Renovación Española hasta finales del año 1934, para pasar después al grupo del Bloque Nacional de Calvo Sotelo.

 El lema del partido era “Religión, Patria, Monarquía”. Se consideraba una “hermandad hispana de acción enérgica”. El PNE quería luchar contra los considerados enemigos de la patria. El partido estaba formado por aristócratas monárquicos muy reaccionarios, pero también contaba con campesinos castellanos muy conservadores. Esa heterogeneidad influyó en el programa del PNE. Unía ideas nacionalistas de unidad de España y hasta imperialistas, ya que España debía actuar para impedir su descrédito, con otras antisemitas y de defensa de la Monarquía y de la religión católica, junto con un cierto agrarismo y un programa social y educativo, apelando a la violencia, pero sin una articulación muy clara. Los albiñanistas contaron con fuerzas de choque, como todos los movimientos fascistas, los denominados legionarios. Estuvieron presentes en muchos actos y situaciones contra la República, especialmente en las conspiraciones, lo que hizo que se incorporaran a la formación algunos militares. Pero, en realidad, el PNE no tuvo una gran fuerza ni repercusión significativa en la España de los años treinta.

El periódico El Socialista se preguntaba en el verano de 1932 si el albiñanismo era o no un problema para la República. En realidad, al parecer, todo el mundo se tomaba a broma este Partido y apenas se le daba importancia, se confesaba. Pero la segunda pregunta parecía más importante: ¿tendría importancia mañana? Se calificaba a Albiñana como el tipo indicado para poner en marcha un movimiento fascista. Sus características personales le podían convertir en un personaje peligroso si conseguía financiación.

Por eso se ponía sobre aviso al Gobierno, y más cuando la policía había descubierto en esa época en el Centro albiñalista de Madrid gran cantidad de armas, produciéndose muchas detenciones, entre ellas la del propio Albiñana. Por otro lado, el gobernador de Bilbao había clausurado el Círculo nacionalista, incautándose la policía de numerosa documentación.

Por todo ello, aunque ahora no parecía preocupar Albiñana y los suyos, en política siempre había muchas incógnitas.

El Socialista consideraba que en ese momento el partido más cercano al fascismo era el de Albiñana. No contaba con muchos afiliados, y parecía muy “estrafalario”, y hasta absurdo, pero por mucho que así se considerase no dejaba de ser la primera célula del fascismo español con un jefe con cualidades para abanderarlo, ya que el fascismo necesitaba, siempre a juicio del periódico socialista, un “demagogo sin escrúpulos”, que no se detuviese en medios para conseguir su fin, y que no era otro que el exterminio de las fuerzas progresistas.

El periódico analizaba además que hasta el momento no había arraigado el fascismo en España porque no se habían dado las circunstancias para ello. Los socialistas no consideraban que la Dictadura de Primo de Rivera hubiese sido fascista. El fascismo sería la consecuencia de la agudización de la lucha de clases, y la dictadura militar lo que habría hecho era solucionar un problema político. Y en España la lucha de clases no había llegado a ese punto crítico porque en el parlamento la fuerza del proletariado no era temible, una apreciación curiosa viniendo del socialismo, casi la única fuerza en ese sentido, reconociendo que, como bien sabemos, era la principal minoría de las Cortes, aunque no las dominaban. Pero, también era cierto que, precisamente, con la República se había abierto el camino hacia la preponderancia del proletariado, y por eso se tendía a la agudización de la lucha de clases, por lo que comenzaban a darse las circunstancias para que iniciase su presencia el fascismo. Era una cuestión de tiempo que se consolidase, de ahí la prevención hacia su primera formulación.

Hemos consultado el número 7334 de El Socialista.

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