Los “limpiaculos” del sistema

Por Manuel Tirado

En esto de la cosa pública siempre han existido los típicos amigotes de los poderosos que aprovechando la posición del colega, hermano o familiar más o menos lejano, se han llenado los bolsillos consiguiendo prebendas especiales del político de turno. Estar tras las posaderas del amigo con poder, del gerifalte, del que “corta el bacalao”, a algunos les ha servido para medrar y conseguir o bien pingües beneficios en contratos a dedo, o también puestos de cierta importancia política debido a ese “apadrinamiento especial”.

Para que nos entendamos, estamos hablando de los pelotas, aduladores, estiralevitas, lameculos o brochas de toda la vida.

Algunos llaman a estos personajes que andan detrás de los políticos y mandamases, los chupaculos, y no porque sean aficionados a succionar el santo orifico de aquella parte que Quevedo gustaba llamar “donde la espalda pierde su casto nombre”, sino porque estos personajes son muy aficionados a dorar mucho la píldora a sus protectores y a sus benefactores.

Haberlos, siempre los ha habido y los habrá. Me refiero a los “lameculos”, claro está, pero tengo que reconocer que me sorprendió mucho saber que en la antigüedad eso de andar tras las posaderas de los hombres con poder era un trabajo muy reconocido y cotizado. Me refiero al oficio de “limpiaculos real”, una profesión actualmente desaparecida que durante algunos siglos fue muy codiciada por muchos hombres en Inglaterra.

Lo llamaban “Groom of the Stool” que traducido sería algo así como “limpiaculos del rey”. Su labor consistía en la limpieza de las partes íntimas del monarca después de defecar. Cabe preguntarse quién en su sano juicio querría este trabajo tan sucio y en apariencia servil, pero era todo lo contrario, conseguir el trabajo de “limpiaculos del rey” era motivo de disputas entre las familias más nobles del reino. Claro está, el hecho de que un noble se ocupara de tan “distinguida” tarea implicaba compartir momentos muy íntimos con el rey y llegó a convertir al “limpiaculos” en un confidente real y, en algunos casos, secretarios personales del monarca.

La información es el poder, ya se sabe. ¿Y en qué profesión, por desgracia, se reúnen muchos de los lameculos y “limpiaculos” de este país? Pues en el periodismo o mejor dicho en algunos empresarios metidos a periodistas que a través de la información o más bien de saber manejarla al antojo de los poderosos, muchos han hecho de su profesión de “periodistas” auténticos “limpiaculos” del gobierno de turno, capaces de venderse y de limpiar toda la mierda y corrupción que rodea a un gobierno o a un partido político podrido.

Auténticos “limpiadores de bazofia”, creadores de cortinas de humo, que limpian las inmundicias de un sistema que, cada vez menos, podemos llamar democracia, ya que la verdad la manejan las víboras de siempre que lo único que quieren es que todo siga igual.

Por eso necesitamos más periodistas libres, mejor pagados y que no tengan miedo a decir la verdad. Oprha Winfrey lo apuntaba en su magistral discurso cuando recogía el premio Cecil B. de Mille a toda su carrera en la de ceremonia de entrega de los Globos de Oro, y señalaba “la importancia de los periodistas en esa dedicación insaciable de desvelar la verdad, lo que nos evita estar ciegos ante a la corrupción y la injusticia”.

Es imprescindible valorar a esa prensa que está luchando y defendiendo decir la verdad de forma independiente y que se enfrenta a diario a todas las trabas que impone el sistema, en estos tiempos en los que decir la verdad y pelear por ella no te da beneficios, más bien te los quita.

Por eso defendamos a los periodistas de verdad y defenestremos a los “limpiaculos” del sistema, que como antaño, cuando limpiaban las posaderas del rey, sólo buscaban eso, ganarse la vida limpiando la mierda de los poderosos.

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