Los ilustrados españoles contra la tauromaquia. Felipe VI y su modelo Fernando VII

El rechazo a los toros en España es muy anterior a la aparición del pensamiento político de izquierdas. Desde el siglo XVIII los ilustrados españoles se opusieron a la tauromaquia.

Por Lucio Martínez Pereda | 8/04/2025

Cuando un jefe de estado se deja ver en un acto público sobre cuya celebración existe una controversia entre partidarios y detractores: estamos viendo que toma partido por unos en detrimento de otros. Cuando vemos al monarca actual en una corrida de toros, lo estamos viendo tomando partido por un tipo de tradición concreta y por un tipo de Monarquía también concreta. El rechazo a los toros en España es muy anterior a la aparición del pensamiento político de izquierdas. Desde el siglo XVIII los ilustrados españoles se opusieron a la tauromaquia. Gaspar Melchor de Jovellanos consideraba las corridas de toros una costumbre bárbara contraria a la moral y la civilización. León de Arroyal, autor de Pan y Toros, criticó la tauromaquia como símbolo de una España atrasada y decadente. Para José Cadalso este festejo era percibido como una expresión de atraso respecto otras naciones europeas. Para Cadalso, España debía modernizarse, pero para conseguirlo debía abandonar prácticas como la tauromaquia que no contribuían al bienestar común.

Los Ilustrados españoles consideraban que la tauromaquia perjudicaba la agricultura y distraía a los artesanos y a la nobleza de sus obligaciones, fomentando el gasto innecesario de recursos económicos. Veían en las corridas de toros una “escuela de barbarie” que promovía la insensibilidad y la crueldad alejando al pueblo del progreso cultural y social. Criticaban este espectáculo como impropio de un país civilizado y contrario a los ideales de educación promovidos por la Ilustración. Algunos denunciaron que la tauromaquia era usada por los poderes fácticos -especialmente la nobleza- para mantener al pueblo distraído y alejado del pensamiento crítico.

El rey español que -influido por los ideales de estos ilustrados- estuvo más cerca de prohibir la tauromaquia fue Carlos IV, quien en 1805 emitió un Real Decreto que prohibía las corridas de toros en España y territorios de ultramar. Carlos IV consideraba estas prácticas bárbaras y contrarias a los valores modernos. Sin embargo, esta medida no llegó a cumplirse debido a la oposición de la nobleza.

Antes de Carlos IV, Carlos III también intentó limitar y prohibir las corridas mediante varias disposiciones, especialmente mediante la Pragmática Sanción en 1785 aunque tampoco logró eliminarlas por los mismos motivos que su hijo.

Desde Fernando VII siempre ha habido en España una oposición entre democracia y tauromaquia, entre ciencia y barbarie. Recientemente lo recordaba en un acertado tuit el periodista Antonio Papell. La apuesta de Fernando VII por la tauromaquia era la manifestación de una toma de postura simbólica contra la influencia del pensamiento ilustrado. El actual monarca español también ha optado por seguir una postura contraria a la herencia del pensamiento ilustrado de sus predecesores y siguiendo la estela de la tradición taurófila de Fernando VII se hace fotografiar frecuentemente con toreros y se deja ver en celebraciones taurinas de maltrato animal, como ha sucedido recientemente en Valencia.

 

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