
En los campamentos saharauis de Tinduf, un cuerpo de bomberos combate los incendios y el abandono con unas herramientas escasas y voluntad inquebrantable.
Por Héctor Bujari Santorum | 14/09/2025
El paso del tiempo ha sido una lija con la que han intentado borrar la identidad del pueblo saharaui y su resistencia. Los enterraron en el desierto dentro del desierto, pero 50 años después siguen ahí, resistiendo con instituciones sufridas pero firmes.
Mientras las grandes potencias negocian sobre su tierra a menudo intentando excluirlos de las conversaciones, el pueblo saharaui ha ido tejiendo otra resistencia aparte: la vida diaria.
En los campamentos del exilio, donde el calor abrasa el suelo y una chispa puede consumir una vivienda en minutos, nació una necesidad urgente, proteger la vida cotidiana. Así surgió uno de los cuerpos más humildes y valientes del desierto: la Protección Civil Saharaui. Con más de una década de existencia, este cuerpo depende del Ministerio del Interior de la RASD y opera día y noche para salvar vidas respondiendo a las emergencias que amenazan a la comunidad.
Es un cuerpo profundamente respetado por el servicio profesional que brinda a la comunidad saharaui. Fue fundado el 1 de abril de 2015 y comenzó a operar en marzo de 2016.

Los bomberos actualmente cuentan con dos parques activos, ubicados en Auserd y Rabuni. En cada parque se asignan 10 bomberos, organizados en tres grupos rotativos, cumpliendo turnos. Cada grupo permanece en servicio durante una semana y luego descansa durante 14 días.
En Smara y Dajla también existen estaciones de bomberos, aunque se trata de parques aún sin los materiales adecuados para operar.

Para contactar con ellos, la población dispone de un número telefónico de atención. A diferencia de España, donde los números de emergencia suelen tener tres cifras, en este caso se trata de un número de nueve dígitos, como cualquier número telefónico convencional.
La presencia del cuerpo en las wilayas, escuelas e instituciones, especialmente durante actividades de sensibilización, ha fortalecido su reconocimiento público. «La gente ve que hay un cuerpo de bomberos, y cuando ocurre un accidente, nos llaman. Cada vez recibimos más llamadas con el tiempo», explica Ali Rahel Hosein, director del cuerpo de bomberos saharauis.

Su participación en festivales organizados por el gobierno en las wilayas también contribuye a esa percepción: «Cuando nos ven en estos eventos, sienten que los campamentos de refugiados saharauis cuentan con un servicio de bomberos».
La reacción de los niños es especialmente significativa. «Cuando vamos a las escuelas a hacer sensibilización, nos dicen que quieren ser bomberos, que quieren salvar vidas y trabajar con nosotros», comenta. Ali Rahel Hosein añade que esta admiración no es exclusiva de los campamentos: «Cuando fui como monitor a España, vi lo mismo. A los niños les encantan los bomberos. Hay un orgullo genuino en ellos hacia su cuerpo de bomberos».

El cuerpo de bomberos saharaui cuenta actualmente con seis camiones, todos ellos antiguos modelos Pegaso. Sin embargo, la falta de repuestos representa un grave problema. “Estos camiones llegan a través de caravanas de ayuda enviadas por asociaciones, muchas veces como donaciones de vehículos ya en desuso. No funcionan bien y, cuando necesitan piezas, quedan fuera de servicio en el parque”, explica Ali Rahel Hosein, director del cuerpo de bomberos saharauis. Actualmente, solo dos camiones están operativos: uno en Rabuni y otro en Auserd; los otros cuatro están fuera de servicio.

El principal obstáculo no es la falta de personal. “En tres o cuatro días podemos reunir al equipo necesario”, asegura Ali Rahel Hosein. “El verdadero desafío es la escasez de material: cañones de agua, equipos de intervención, ambulancias”.
A pesar de las dificultades, el interés de la juventud por integrarse al cuerpo es notable. “Ahora mismo tengo 20 bomberos activos, y ocho de ellos se han incorporado desde el año pasado. Vienen preguntando si hay plazas disponibles porque quieren entrar. Hay bastante gente interesada”, afirma Ali. “Tenemos sus datos y números de contacto registrados en la administración, para llamarlos cuando se libere una vacante”.
La formación de los nuevos integrantes del cuerpo de bomberos está a cargo de Ali Rahel Hosein, quien cuenta con una amplia experiencia en el servicio. “Soy el director, el mecánico, el basurero… no me importa, me gusta este trabajo. Hace dos horas estábamos cargando grava para el parque de Auserd. Nos gusta trabajar en el cuerpo de bomberos”, comenta con orgullo.
Mientras tanto, reciben apoyo de la asociación A.I.R.E., que viaja desde España entre tres y cuatro veces al año. Teresa Mendi Villarejo, coordinadora de la ONG AIRE, explica: “ONG AIRE nació de un grupo de bomberos de Coruña que se reunieron para colaborar en la crisis migratoria de 2016 en las costas griegas. Desde entonces, hemos trabajado principalmente con personas refugiadas. Hemos desarrollado varios proyectos en Grecia y en 2018 llegamos a los campamentos saharauis gracias a la colaboración con Acción Norte Zamora, una ONG de bomberos que inició este proyecto en 2015, pero que tuvo que detenerlo por falta de fondos.
Nosotros comenzamos a venir en 2018, construimos el parque de Smara en 2019, y tuvimos que paralizar nuestro trabajo en 2020, 2021 y 2022 debido a la pandemia de COVID-19 y a la reanudación del conflicto armado entre el Sáhara y Marruecos. Actualmente trabajamos en los campamentos desde 2023 de manera estable e ininterrumpida, gracias al apoyo de la Xunta de Galicia y la Diputación de A Coruña. También recibimos materiales de distintos parques de bomberos, grupos de protección civil y otras asociaciones.”

Ali se encarga de la formación práctica básica para los nuevos miembros, enseñándoles primeros auxilios, el manejo de cañones y máquinas de agua, el uso de mangueras y equipos de respiración, fundamentales para intervenir en incendios en espacios cerrados. Cuando llegan los voluntarios de A.I.R.E., se imparten formaciones.
Teresa Mendi, comenta: “Hay varias cuestiones que afectan al desarrollo del proyecto de ‘La Protección Civil Saharaui’. El principal desafío que enfrentamos al llegar a los campamentos fue la falta estructural de un sistema de protección civil funcional. No existían parques de bomberos organizados ni equipos técnicos formados para responder eficazmente a incendios, inundaciones u otras emergencias. Además, la hostilidad del entorno convierte a los campamentos en zonas muy vulnerables, enfrentando olas de calor extremas, tormentas de arena, inundaciones, etc.
Otro tema importante es la dependencia del pueblo saharaui en general y de las instituciones en particular, de la ayuda humanitaria; esto obstaculiza la autonomía de la comunidad saharaui en la gestión del riesgo.”
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Además de la formación, esta asociación se encarga de cubrir una parte importante del funcionamiento del cuerpo: paga una salario mensual de 80 euros a los bomberos y envía materiales esenciales como cascos, uniformes, botiquines y medicamentos.
“Si nos enfocamos en nuestra debilidad como ONG a la hora de apoyar a ‘La Protección Civil Saharaui’, podemos decir que nuestro reto más importante es conseguir financiación suficiente que nos permita seguir con el plan de tener un parque de bomberos funcional en cada una de las wilayas,” explica Teresa Mendi.
“Nos encargamos de la construcción de los parques, la dotación de materiales, la selección y formación del personal y el pago de los salarios. Desde la ONG tratamos de diversificar fuentes de financiación para asegurar la continuidad del proyecto, en un contexto de reducción de ayudas y recursos públicos. Para el tercer parque necesitaremos comprar además un camión motobomba y una ambulancia, así que toda ayuda es bienvenida.”
Ali describe con claridad la precariedad de los recursos con los que operan. “Contamos con una cisterna, un camión capaz de transportar hasta 10 toneladas de agua, y algo de material de excarcelación, pero es antiguo y presenta fallos”, explica.

Se refiere específicamente a un motor hidráulico y a unas pinzas para abrir vehículos en caso de accidentes, herramientas fundamentales que, sin embargo, no funcionan correctamente debido a la dificultad para conseguir repuestos.
“No tenemos ambulancias”, añade, “por lo que, cuando hay heridos, buscamos cualquier coche disponible para trasladarlos al hospital más cercano”.
A pesar de estas limitaciones, la respuesta ante incendios es eficiente, especialmente cuando los siniestros ocurren cerca. Las grandes distancias entre las wilayas complican la logística: de Rabuni a Bojador hay solo 8 kilómetros; de Bojador a Smara, 42; de Smara a Auserd, 18; y de Auserd a El Aaiún, 20. La wilaya más alejada es Dajla, situada a 170 kilómetros de Rabuni, lo que convierte cualquier emergencia en una verdadera carrera contra el tiempo.

“El problema es que no estamos cerca de la población, donde están las wilayas. Nos gustaría que cada una tuviera su propio parque, para poder atender más rápido los accidentes y los incendios. Si una familia vive en una tienda de tela, un fuego puede durar solo 5 o 10 minutos; si no estás cerca, no puedes llegar a tiempo para ayudarlos”, explica Ali.
La recarga de agua se realiza en las llamadas “jirafas” —por ejemplo, en Auserd, que está abierta desde las 8:00 hasta las 17:00 horas. Aunque no hay muchos incendios, la cisterna siempre está llena. En Rabuni, hay una jirafa argelina cercana. En ese sentido, no tienen problemas con el suministro de agua.
“Estamos esperando a ver si aparece algún material de intervención o un camión… De vez en cuando llega algo: uniformes, cascos, guantes”, comenta Ali.
Los incidentes más frecuentes que atienden son accidentes de tráfico e incendios. “Antes de ayer atendimos tres accidentes en la misma carretera”, relata. Esto no es raro: según Ali, el cuerpo responde a entre cinco y veinte accidentes al mes.
Cuando se le pregunta por las intervenciones más importantes realizadas desde 2016, Ali recuerda varias situaciones. “Han sido principalmente incendios en estaciones de combustible. No son como en otros países; aquí se usan barriles de combustible colocados fuera, en construcciones de ladrillo de tierra que no están bien organizadas, lo que genera mucho riesgo. También tuvimos un incendio muy grande en la wilaya de Smara, en una tienda donde vendían muebles y colchones; fue un fuego impresionante. Además, hemos intervenido en incidentes en el ACNUR y en la MINURSO, entre 2016 y 2017.”

Ali nos comenta lo siguiente: “Estamos muy orgullosos de ser bomberos y de poder ayudar a la comunidad. Estamos comprometidos con esta labor; no lo hacemos para obtener beneficios económicos ni para asumir responsabilidades políticas. Nuestra verdadera misión es salvar a nuestros ciudadanos mientras están en los campamentos de refugiados.”

“Mientras permanezcamos en los campamentos, seguiremos trabajando como bomberos. En caso de que se libere el Sahara, nos gustaría continuar desempeñando esta profesión siempre que sea posible. Deseamos mantenernos dedicados a esta labor.”
El cuerpo de bomberos difunde su trabajo a través de la cuenta de Instagram @proteccioncivilsaharaui. Es notable la calidad de su labor y la forma en que la comparten. “Recibimos consultas de otros bomberos que nos visitan en los campamentos o nos contactan directamente. Cuando participamos en festivales, tanto bomberos españoles, italianos como de otras nacionalidades se acercan para informarse sobre cómo pueden colaborar.”
Teresa Mendi Villarejo, coordinadora de ONG A.I.R.E., señala: “Las personas pueden apoyar el proyecto de muchas maneras. La forma más común son las donaciones económicas o en especie, ya sea a nivel individual o empresarial, que nos ayuden a financiar el proyecto. Pero también hay otras maneras muy valiosas, como seguirnos en redes sociales y difundir nuestro trabajo. Compartir la información de la ONG A.I.R.E. o de las redes de ‘La Protección Civil Saharaui’ nos ayuda a visibilizar esta causa olvidada y a sumar apoyos.”





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