![]()
Los manifestantes vinculan esta crisis a un descontento estructural con la Política Agrícola Común (PAC) de la UE, que subsidia desproporcionadamente a las macroexplotaciones industriales mientras asfixia a los pequeños productores.
Por Víctor Siles | 14/12/2025
En medio de un invierno cargado de tensiones, los agricultores franceses han vuelto a tomar las calles y las carreteras con sus tractores, desatando una ola de protestas que paraliza puntos clave del país. Con el objetivo de defender un sector al borde del colapso, miles de ganaderos y productores denuncian que las políticas agrarias de la Unión Europea (UE) priorizan a las grandes multinacionales en detrimento de las explotaciones familiares, empujándolas inexorablemente hacia la quiebra. Estas movilizaciones, que han escalado en los últimos días, combinan bloqueos viales, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y acciones simbólicas, recordando las grandes manifestaciones de 2024. Pero esta vez, el detonante inmediato es la matanza obligatoria de rebaños enteros por la enfermedad de la piel nodular (CND), una medida que los sindicatos agrarios ven como el colmo de una serie de regulaciones asfixiantes.
El epicentro de la indignación radica en las normas sanitarias europeas que exigen el sacrificio total de animales infectados por la CND, una enfermedad viral que apareció en Francia en junio de 2025 y que, según el Ministerio de Agricultura, ha provocado 109 brotes en todo el país hasta el 9 de diciembre. Los agricultores, representados por sindicatos como la Confédération Paysanne y la Coordination Rurale, rechazan esta política draconiana, argumentando que es ineficaz y cruel: solo un animal infectado en un rebaño de 208 fue inicialmente detectado en un caso reciente, pero el sacrificio masivo se impuso de todos modos. En lugar de ello, demandan una vacunación masiva inmediata, una propuesta que el gobierno ha desestimado, optando por zonas de restricción de 50 km alrededor de los focos y una vacunación limitada que ha cubierto solo a 3.000 de los 33.000 cabezas de ganado en Ariège.
Sin embargo, la CND es solo la chispa en un polvorín mayor. Los manifestantes vinculan esta crisis a un descontento estructural con la Política Agrícola Común (PAC) de la UE, que subsidia desproporcionadamente a las macroexplotaciones industriales mientras asfixia a los pequeños productores con regulaciones ambientales, costos energéticos disparados y escasez de agua. El acuerdo comercial Mercosur, pendiente de votación en el Parlamento Europeo entre el 16 y el 19 de diciembre, se erige como el villano principal: los agricultores temen que la inundación de importaciones baratas de carne y productos sudamericanos, producidos con estándares inferiores, destruya el mercado local, genere crisis sanitarias y acelere la desaparición del oficio campesino.
«Estamos defendiendo toda una profesión… Entre la escasez de agua, el acuerdo Mercosur y los rebaños diezmados por las matanzas, el mundo agrícola podría simplemente desaparecer», declaró Jérôme Bayle, un manifestante en el suroeste. Estadísticas alarmantes respaldan su grito: el 10% de las granjas (unas 500) enfrentan la bancarrota, y el 75% de los agricultores luchan financieramente tras dos años de protestas sin concesiones reales. La ministra de Agricultura, Annie Genevard, ha sido tildada de «bombero piromaniaco» por su gestión de la crisis, exacerbando la desconfianza hacia un sistema que, según los sindicatos, favorece a las «grandes empresas» a costa de la ruina rural.
Tractores, bloqueos y choques
Las protestas han estallado en múltiples focos, con el suroeste de Francia como bastión principal, donde la CND ha golpeado con fuerza. En Agen (Lot-et-Garonne), unos 60 tractores ocuparon el centro de la ciudad durante la noche del jueves al viernes, descargando estiércol, neumáticos y paja frente a la prefectura y las oficinas de la seguridad social agraria, en una acción simbólica de «limpieza» contra las políticas fallidas. En Les Bordes-sur-Arize (Ariège, cerca de la frontera española), cientos de agricultores bloquearon el acceso a una granja el jueves por la noche para impedir la eutanasia de más de 200 vacas; la gendarmería respondió con gases lacrimógenos antes de la medianoche, dispersando a los manifestantes tras incendios provocados con fardos de heno y palés. Una movilización similar se anticipaba en Hautes-Pyrénées para proteger un rebaño de unas 20 cabezas.
Los bloqueos viales han sido el arma principal: en la autopista A64 (sur de Francia), el grupo «A64 Ultras» ha mantenido cierres parciales con decenas de tractores, incluyendo ramales de acceso, durante varios días. La A75 y la RN20 (que une Toulouse con Andorra) también sufrieron interrupciones indefinidas, al igual que la A64 en el suroeste. En Foix y Pamiers (Ariège), rotondas fueron incendiadas como señal de protesta; mientras que en Clermont-Ferrand, Béziers, Auch (bypass), Mont-de-Marsan (frente a la prefectura) y Castres se registraron concentraciones y rallies. Hacia el este, se esperan manifestaciones en Estrasburgo y Chambéry, y en Touille (sur), una convergencia planeada busca prevenir más matanzas. Estas acciones, convocadas por la FNSEA y otros sindicatos, han paralizado el tráfico y alertado sobre riesgos para las exportaciones y los precios, con llamados a extender las zonas de vacunación.
Protestas también en Grecia
No es solo un problema francés: al otro lado del Mediterráneo, los agricultores griegos han iniciado protestas paralelas, denunciando demoras en los subsidios de la UE y costos de producción exorbitantes que amenazan su supervivencia, en un eco directo de las quejas transalpinas contra políticas europeas desiguales. En Tesalónica, el principal puerto del norte, tractores, autobuses turísticos y vehículos agrícolas bloquearon las operaciones el 12 de diciembre, acompañados de una caravana con cuernos estridentes, banderas negras y ataúdes simbólicos que representan la «muerte» del sector. En Larissa, fardos de heno obstruyeron las entradas a las oficinas de los legisladores, con los manifestantes rechazando el diálogo hasta que se aborden los altos gastos.
Bloqueos similares afectaron el puerto de Volos (con participación de pescadores), autopistas interurbanas como la Atenas-Tesalónica, aeropuertos en Creta (donde hubo choques previos con la policía) y cruces fronterizos. Estas acciones, que incluyen cierres diarios de una hora en puntos como Mpralos, subrayan la frustración por pagos estatales retrasados –muchos vinculados a fondos europeos– y costos elevados, recordando cómo la PAC y las dinámicas comerciales de la UE castigan a los pequeños productores en toda Europa.
Estas protestas francesas y griegas no son hechos aislados: son una demanda colectiva por una reforma agraria que priorice la sostenibilidad local sobre los intereses corporativos. Mientras el Mercosur acecha y la CND se propaga, los tractores siguen rodando, exigiendo que Europa escuche antes de que sea demasiado tarde.
Se el primero en comentar