La transición energética y el abandono del gas ruso se vendieron bajo un paraguas doblemente blindado. Es bueno para el planeta y es bueno para la seguridad.
En nombre de la protección infantil, una causa noble que nadie cuestiona, se pretende normalizar que Bruselas y las grandes tecnológicas tengan acceso rutinario a la vida privada de cientos de millones de personas.
Para BlackRock, la «transición verde» no es una necesidad ecológica, es un mecanismo para crear nuevos mercados de activos financieros y destruir la vieja industria que exige derechos laborales.
Los lobbies armamentísticos estadounidenses no actúan simplemente para vender material bélico; operan a nivel ideológico para construir un entorno político asfixiante en el que la guerra parezca inevitable.