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Lehsan Salki, director del Museo Nacional Saharaui, explica cómo el exilio forzó a su pueblo a encerrar su memoria en un espacio precario, mientras lucha por preservar su identidad sin recursos ni leyes que la protejan.
Por Héctor Bujari Santorum | 2/04/2026
¿Qué motivó la creación del Museo Nacional del Pueblo Saharaui?
El motivo de la creación del Museo Nacional Saharaui, en primera instancia, fue la necesidad de plasmar y dar a conocer diferentes elementos de la cultura saharaui, así como de su historia y su patrimonio en general, en un lugar determinado. Se trata de una nueva experiencia para los saharauis.
Nosotros teníamos un “museo abierto”, que era todo el territorio del Sáhara. Sin embargo, debido a las condiciones que no hemos elegido desde 1975 hasta la actualidad, hemos sido obligados a vivir en los territorios ocupados o en los campamentos.
A partir de ahí, se vio la necesidad de ubicarnos en un espacio específico que, gracias a los argelinos, se consiguió. En aquel entonces yo era niño, junto con mujeres y ancianos, y nos instalamos allí para ser protegidos. Entonces se empezó a desarrollar la actividad artesanal.
Estas actividades artesanales dieron lugar a exposiciones esporádicas o periódicas en diferentes fiestas nacionales y eventos a los que acudían visitantes que venían a los campamentos. Poco a poco surgió la idea de tener un lugar fijo donde exponer esos elementos que nos representan y nos identifican como pueblo, así como nuestra historia y nuestra población.
¿Cuál ha sido el papel del museo en la preservación de la identidad cultural saharaui?
Ha sido muy importante, a pesar de las dificultades para crearlo y conservarlo. No había una cultura de museo, no existía un espacio adecuado ni recursos para crear y establecer un lugar de este tipo.
A lo largo de los años, lo que se hizo fue utilizar un espacio que anteriormente era un taller de costura, donde las mujeres saharauis trabajaban confeccionando ropa y tapices. Allí comenzaron a exponer sus productos. Posteriormente, se creó otro espacio para ese trabajo, y se aprovechó el antiguo taller para convertirlo en museo.
No estaba diseñado originalmente como museo, por lo que, con el tiempo, fue modificado con el apoyo de distintos lugares como España, Argelia e Italia, así como con la experiencia adquirida en exposiciones y en la producción artesanal.
Existen elementos culturales a los que una persona que no los conoce no puede acceder fácilmente, pero que representan la cultura y el patrimonio saharaui. Al crear un espacio donde se conservan estas piezas representativas, surgió también otra necesidad: la formación de personas expertas en el tema.
A través de la ayuda de universidades argelinas y de otros países, se consiguió formar licenciados en este ámbito, lo que ha supuesto una gran ayuda para el desarrollo y la conservación del museo y de la cultura saharaui.
¿Cuáles son los desafíos de tener un museo en un campamento de refugiados?
Son muchos, pero los más importantes son los siguientes:
El material con el que está construido el espacio del museo no es idóneo para la conservación de las piezas. También hay falta de iluminación adecuada y de un diseño específico para cada tipo de pieza. Cada objeto está compuesto por diferentes elementos, por lo que requiere un ambiente de conservación adecuado, algo que no se puede garantizar debido a la falta de recursos y de experiencia museística.
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Otra cuestión muy importante y preocupante es la falta de continuidad del personal formado en el ámbito del museo. Son jóvenes que necesitan un salario, pero el museo no cuenta con fondos suficientes para mantener sus sueldos, por lo que acaban marchándose.
El Estado saharaui sí incluye el museo entre sus objetivos, pero debe establecer prioridades: un museo no tiene la misma urgencia que un hospital, una escuela, una maternidad, un almacén de alimentos o una ambulancia. Por ello, el museo queda sin financiación y se sostiene únicamente con lo que sobra, y en realidad no sobra nada.
Todo lo que se ha conseguido hasta ahora ha sido gracias a pequeños proyectos locales que han permitido ubicar y organizar piezas que forman parte del mosaico de la cultura saharaui. Sin embargo, no ha sido posible mantenerlo al nivel necesario para cumplir plenamente sus objetivos, que son reflejar y preservar adecuadamente la cultura saharaui.
¿Cuáles son vuestros objetivos como museo?
Nuestro objetivo principal es llevar el museo a las escuelas. Esto es muy importante para nosotros, ya que el museo se ha ido construyendo a lo largo de más de 50 años. Durante este tiempo han nacido diferentes generaciones que, en muchos casos, han estado desvinculadas o han sido obligadas a desvincularse de su territorio.
Todo lo relacionado con la tierra saharaui —la historia, la geografía, el paisaje, los recursos, la arqueología, la urbanización, la estructura social y los elementos climáticos que forman el Sáhara— corre el riesgo de quedar solo en la imaginación si no se transmite adecuadamente.
Por ello, es fundamental que el museo cumpla ante todo una función educativa, especialmente para las nuevas generaciones nacidas fuera del territorio, así como para las personas que lo visitan y desean conocer de primera mano estos elementos culturales que representan la identidad saharaui.
Muchos de los materiales culturales se deterioran con el tiempo, por lo que necesitan ser renovados, reproducidos y sustituidos. Por ejemplo, hoy en día son muy pocas las personas que fabrican una jaima, por lo que es necesario crear talleres en escuelas y espacios para jóvenes que permitan mantener viva esta actividad cultural. La jaima saharaui es un elemento cultural de primer nivel; dentro de ella está representado el modo de vida saharaui y todo lo que el pueblo ha creado. Si se pierde este elemento cultural, se estaría perdiendo una parte esencial de la identidad saharaui.
Además, es importante mantener al personal del museo, renovarlo y ofrecerle formación continua mediante talleres que permitan mantener el museo activo. También se busca aprender a difundir y dar visibilidad a la cultura saharaui a través de las redes sociales, utilizando la imagen y el sonido para llegar al mundo.
El objetivo es que el museo forme parte del ámbito internacional y que otros museos se interesen por nuestra cultura para contribuir a su difusión. Estos son los objetivos que me propongo como director del museo a corto y medio plazo.
A largo plazo, es algo que tenemos que conseguir mantener.
¿Cómo se organiza el museo? ¿Cuántas salas hay y para qué se destina cada una?
Tenemos un museo principal que está en Bojador. En los últimos años, con la ayuda de la Universidad de Girona, hemos visto la necesidad de llevar el museo a los campamentos donde no existe esa experiencia museística. Se han realizado iniciativas en Dajla y Auserd, pero debido a la crisis del coronavirus, estas actividades se vieron afectadas por la falta de recursos y de personal. Por ello, se tuvo que mantener principalmente el museo de Bojador.
El museo cuenta con tres o cuatro espacios. Hay una entrada y una sala interior que se divide en otras tres salas. En la entrada se explica la historia y el propósito del museo. En una de las salas se abordan temas de artesanía y arqueología, y en otra se presentan láminas donde se representa todo lo referente a los recursos naturales del Sáhara Occidental.
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En el museo se pueden encontrar diferentes elementos representativos, como el ajuar de la mujer, objetos de la cultura tradicional y utensilios utilizados en la vida cotidiana tanto por hombres como por mujeres. En total, se organiza en cuatro salas principales y un espacio central. El museo tiene una forma similar a un signo de suma.
¿Cuáles son los elementos más representativos de la colección del museo?
Realmente, todos los elementos son representativos, aunque aún faltan muchos que no han podido exponerse. Los más importantes son los que representan la jaima, los utensilios asociados a ella, la montura tradicional de la mujer y del hombre, así como los objetos de uso cotidiano en la jaima y en la vida diaria.
También hay piezas arqueológicas muy importantes traídas al museo, y las láminas resultan especialmente interesantes, ya que muestran diferentes aspectos de la cultura saharaui.
Sin embargo, se podría decir que el elemento más importante es la jaima, que es la pieza clave del museo y un símbolo fundamental de la cultura saharaui.
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Sobre los objetos que habéis conseguido recuperar, ¿cómo ha sido el trabajo de conseguir piezas arqueológicas para llevarlas al museo?
Las piezas son muy pocas, pero de gran valor. Tenemos materiales en estudio en diferentes universidades, como la Universidad del País Vasco y la Universidad de Girona. Estas universidades han sido muy importantes en el estudio, la ubicación y el desarrollo tanto cronológico como científico, así como en la localización, descripción y señalización de los hallazgos.
Existen libros y publicaciones sobre estos trabajos desde principios de los años noventa y el año 2000, hasta la llegada de la pandemia de la COVID-19, que afectó a los proyectos, y posteriormente la reanudación de la situación de conflicto.
Hay una documentación muy valiosa de carácter científico y cultural, así como mapas de localización de las piezas mediante GPS y del entorno en el que se encuentran, especialmente en los territorios liberados del Sáhara. Sin embargo, no se ha podido avanzar más debido a la problemática del muro que divide el territorio y la situación de ocupación.
Sobre el tema de los fósiles, ¿habéis identificado localizaciones y hay alguno en el museo?
Sí, hay algunas piezas, no muchas, pero sí contamos con algunos fósiles en el museo.
¿Qué tipo de actividades educativas y culturales realiza el museo actualmente?
Actualmente, lo que se ofrece principalmente es la recepción de visitas de las personas que llegan al museo. Se realizan charlas y coloquios sobre la importancia del museo, así como charlas científicas.
También se intenta que los niños de las escuelas organicen visitas, al menos los de Bojador, y aunque esto se está llevando a cabo, aún no se realiza al nivel que se desea.
Las principales actividades actuales son estas. Sin embargo, el museo se enfrenta a una importante falta de personal. De vez en cuando se busca a nuevas personas y se les ofrece formación para poder dirigir las visitas. Esto es lo que se está haciendo en la actualidad.
¿Cómo están siendo los proyectos de colaboración internacional en curso?
A partir de la pandemia de la COVID-19 y la situación de guerra, el material que se había trasladado para estudio ha sufrido interrupciones en su proceso. Hay piezas que están siendo analizadas para determinar su antigüedad cronológica, su interpretación cultural, el valor que tuvieron en su época, así como los detalles sobre su uso y su obtención.
En la actualidad, algunas investigaciones no han podido finalizarse debido a la guerra, que impide la continuidad de estos proyectos. De vez en cuando, se organizan visitas a los campamentos por parte de organismos e investigadores para realizar reuniones de trabajo y presentar los avances de los estudios.
Algunos materiales ya han completado su proceso de investigación, pero deben ser devueltos. Sin embargo, debido a la situación actual, no es posible devolverlos a su lugar de origen. Por ello, se está estudiando cuál es la mejor opción: si mantenerlos temporalmente en las universidades o trasladarlos a los campamentos. Se está analizando cuidadosamente cuál es la alternativa más adecuada.
¿Los trabajos que han realizado las universidades han llegado a conclusiones?
Sí, incluso se han presentado en coloquios internacionales en diferentes lugares del mundo. En abril de 2025, en un evento internacional de arqueología en Turquía, se presentó uno de estos trabajos. Esto demuestra la importancia y el valor científico de las investigaciones realizadas.
¿Tenéis noción de si Marruecos está recogiendo material en los territorios ocupados?
No, existe un bloqueo de información, por lo que no sabemos exactamente qué está ocurriendo en los territorios ocupados. Sabemos que existen yacimientos, pero no conocemos su estado actual ni qué se está haciendo con ellos, ni siquiera si siguen existiendo o han sido alterados.
También se sabe que existe una política de destrucción de cualquier elemento que pueda identificarse como patrimonio saharaui. De ello sí tenemos constancia.
¿Habéis hecho, a través del museo, alguna campaña dirigida a la población saharaui para que aporten objetos al museo?
Sí, se han hecho algunos intentos, sobre todo con piezas vinculadas a personalidades históricas importantes. También se trata de objetos que han acompañado a personas a lo largo de su vida.
A veces, estos objetos se deterioran, especialmente si están hechos de cuero, lana o madera. En ocasiones se intenta negociar con personas que conservan piezas en buen estado para que puedan depositarlas en el museo.
Sin embargo, existen dificultades importantes, ya que no hay seguridad suficiente. No existe la garantía de que la pieza se mantenga en condiciones adecuadas ni de que, si el propietario la reclama, pueda devolverse en el mismo estado de conservación. Además, no hay una ley que proteja el museo ni un marco legal establecido para proteger sus piezas.
Por ello, cuando se localiza una pieza, se puede negociar su depósito temporal: puede ser por un mes, dos, un año o más. Pero no hay seguridad de que se conserve adecuadamente a largo plazo en las condiciones en que fue entregada.
En este sentido, existen serias dificultades. Por ejemplo, hay manuscritos y documentos muy valiosos, algunos de hasta 300 años o más, que están en manos de particulares. Muchas de estas personas estarían dispuestas a donarlos, pero no podemos asumir el riesgo de recibirlos sin poder garantizar su correcta conservación y protección. En algunos casos, es preferible que permanezcan con sus propietarios, aunque tampoco haya total seguridad de su preservación.
Nuestra forma de trabajar actualmente consiste en localizar las piezas y, cuando existan condiciones adecuadas, proceder a su adquisición y conservación.
¿Qué necesitarían para que el museo pueda cumplir plenamente su función? ¿Más recursos por parte de la RASD, una ley de protección del patrimonio, o ambas cosas?
Necesitamos recursos para poder funcionar, y no solo una ley. El Estado puede crear esa ley, pero también queremos que las Naciones Unidas se encarguen de este asunto.
Cuando se protege a las personas, también deben establecerse leyes para proteger su cultura y su identidad, no solo su salud, alimentación y educación. Para nosotros, este es un elemento fundamental; lo mínimo es proteger nuestra identidad.
Existe una entidad dentro de las Naciones Unidas que se encarga de esto, la UNESCO, que hasta el día de hoy no nos ha reconocido plenamente.
Hace unos años hubo todo el problema ocurrido por las marcas y pintadas sobre las pinturas rupestres.
Eso ha sido un acto criminal, lo es.
¿En su día dijeron que iba a haber consecuencias, no?
Sí, el caso se llevó a juicio y creo que hubo respuestas en ese sentido. Se intentó solucionar, pero no se resolvió totalmente. No se destinaron todos los recursos necesarios para reparar el daño causado.
Lo más importante es que se reconoció que ese acto fue cometido por una entidad de las Naciones Unidas. Se reconoció, se llevó a cabo un proceso judicial en el que se asumieron responsabilidades, aunque las reparaciones fueron de poco valor.
También robaron rocas con grabados, ¿no?
Sí, eso ha ocurrido a lo largo del tiempo, incluso antes de la MINURSO, y creemos que sigue ocurriendo. Algunas piezas están en el museo y otras se han logrado recuperar.
Algo muy importante que han hecho las universidades es registrar las piezas con imágenes y localización GPS. Gracias a esto, aunque alguien las traslade o intente venderlas, pueden ser identificadas y localizadas fácilmente. Este es un elemento muy importante del trabajo realizado por las universidades.
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