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Insistir en que un nuevo ciclo electoral corregirá el estancamiento actual es engañar a la gente.
Por Raúl Alcántara | 5/10/2026
El panorama político actual en España, con la caída de los decretos de vivienda, es complejo y evidencia un estancamiento de la vía parlamentaria liberal.
El 2 de octubre el Congreso tumbó los dos reales decretos-ley con los que el Gobierno pretendía responder, a toda prisa, al malestar general que existe con los precios de la vivienda. El debate se desplazó, de inmediato, a si toca o no adelantar las elecciones.
Ese desplazamiento es el núcleo del problema. La vivienda lleva años entre las primeras preocupaciones de la población trabajadora: alquileres que se comen el salario, contratos precarios, desahucios de personas mayores sin alternativa y una oferta convertida en activo financiero. El Parlamento ha demostrado, una vez más, que no existe una mayoría dispuesta a tocar de forma estructural los intereses de grandes propietarios y fondos buitre. Quien esperaba que la vía parlamentaria liberal resolviera un problema estructural ha visto que esa vía está bloqueada.
No se trata solo de la aritmética de esta legislatura. El propio diseño de la democracia liberal española separa la decisión política del poder económico real. El Congreso puede convalidar o derogar un decreto, pero deja intacto el poder económico del gran capital. Mientras tanto, las condiciones materiales de la clase trabajadora siguen deteriorándose. En el Congreso no hay una voluntad política real para resolver problemas estructurales que afectan a los trabajadores. El capitalismo es incapaz de garantizar unas mínimas condiciones materiales a la población que le permitan vivir con dignidad.
De ahí que la apelación inmediata a unas nuevas elecciones sea una salida falsa. Las fuerzas reformistas, dentro y fuera del Gobierno, repiten que el cambio de mayoría lo arreglará. No es verdad. La realidad es que unos nuevos comicios no van a resolver nada. La calle tiene unas demandas que no caben dentro del régimen actual. Los mismos partidos del régimen que hoy bloquean, o que ayer gobernaron sin alterar la lógica del mercado, volverán a presentarse como solución. Y volverán a defraudar. Solo hay una salida y es la de transformar el orden económico vigente.
Hay un estancamiento evidente. Hay que escalar las movilizaciones populares. Esto trasciende la vivienda. Hay que avanzar hacia un cambio radical que ponga a los trabajadores al mando del país. Porque el estancamiento ya no se limita a la vivienda. Los salarios no alcanzan para asumir el coste de la vida, los servicios públicos están degradados y la economía está en manos del gran capital. Insistir en que un nuevo ciclo electoral corregirá esa tendencia es engañar a la gente.
La realidad es cruda: el Parlamento no está en condiciones de poder asegurar unas condiciones materiales para el pueblo trabajador. Hace falta una organización y una movilización sostenida capaz de forzar un cambio de régimen en este país. El reformismo tiene las piernas muy cortas. No podemos conformarnos ya con un cambio de gobierno. Es el momento de la calle y de dar un paso al frente.
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