Las ratas queman el barco

Mientras una pandemia global nos golpea sin compasión con miles de muertos e infectados. Mientras millones de personas se esfuerzan día a día por minimizar los daños poniendo en juego su propia salud. Mientras todos sufrimos en silencio por nuestros familiares y nuestro futuro. Mientras todos remamos en una misma dirección, tenemos a un grupo de ratas que se dedica a prenderle fuego al barco para poder así gobernar sus cenizas.

Por Juan Teixeira / EULIXE

Lo que está sucediendo a nivel político en el estado español no tiene nombre. Lo he estado buscando, pero creo que no existe ningún adjetivo o expresión que aglutine semejante nivel de irresponsabilidad y repugnancia al mismo tiempo. Y no me refiero al Gobierno, que podrá conseguir resultados mejores o peores, pero lo hace en la línea de todos los estados del planeta y lo mejor que puede (o sabe) ante una pandemia de estas características, y recién instalado. Sin duda se podrían haber hecho las cosas mejor. Sin duda se podrán pedir responsabilidades por ciertas actuaciones concretas. Y sin duda se puede criticar todo lo que se quiera, faltaría más. Pero sin sobrepasar ciertas líneas rojas marcadas por la ética y el sentido común, especialmente en épocas de crisis como las que vivimos. El problema es que hay quien con esas líneas rojas se ha hecho una bandera de 2 kilómetros cuadrados para poder envolver todas sus miserias e intentar rascar algún voto. 

Hablo de la ultraderecha y la megaultraderecha españolas. No se puede intentar obtener beneficio político o individual exprimiendo y alentando una desgracia del destino mientras nos golpea, y punto. No es algo que podamos debatir o donde haya tonalidades de grises. Aquí es blanco o negro. O eres una persona o una rata. Si echas gasolina al incendio que nos rodea con la intención de luego poder gobernar las cenizas y a los quemados que sobrevivan, no mereces respirar el mismo aire que aquellos que ponen en riesgo su vida para minimizar los daños. Y mucho menos cobrar un sueldo pagado por todos aquellos a los que se supone deberías servir, pero que en realidad estás boicoteando para poder continuar aferrado a tu sillón cual hiena a víscera putrefacta. 

Los ejemplos de esta inmunda forma de hacer política nos inunda día tras día. Hoy mismo hemos amanecido con la noticia de que tanto PP como C´s votaron en el parlamento europeo en el mismo sentido que los gobiernos de Holanda y Alemania, en contra de los eurobonos. Es decir, han votado en contra de mutualizar la deuda pública, en contra de una financiación solidaria europea de la lucha contra el Covid19. La única razón para oponerse es que les interesa más que el país se hunda económicamente para así poder reinar sobre los restos del naufragio. 

En los últimos meses hemos escuchado todo tipo de barbaridades por parte de esos ultras democráticos belicistas. Han llegado a referirse al portavoz de Unidas Podemos en el Congreso de los Diputados, Pablo Echenique, como un «payaso mayestático y mal tipo». Han afirmado sin rubor alguno que la ministra y portavoz del Gobierno María Jesús Montero es una «trincona de putas y cocaína». Del PSOE han dicho que «promueve la pederastia». De la ideología de Podemos han dicho que es «criminal». Y a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias le han proferido calificativos como «guarro», «hijo de puta», «basura», «miserable», o “cerdo” ¿En serio nos podemos permitir en estos momentos que representantes políticos públicos se dediquen a estas tareas de derribo tan rastreras?  

No existe un nivel similar de bajeza moral en la política internacional a día de hoy. Con sus mas y sus menos, en todos los países golpeados por el coronavirus, gobierno y oposición hacen frente común ante el enemigo. Es lo lógico. Otra cosa parece absurda. Pero aquí, está sucediendo. Es algo tan asombroso como intolerable. Desde inventarse bulos sanitarios que ponen en peligro la vida de las personas, a pedir directamente un golpe de estado, pasando por insultos, zancadillas ante todas las medidas puestas en marcha, manifestaciones, compra de seguidores virtuales inventados (bots) para atacar al gobierno, saltarse el confinamiento… la lista es tan larga que parece mentira que hayan tenido tiempo a todo. Han volcado todos sus esfuerzos en boicotear al Gobierno en una crisis sanitaria, y por extensión, a aquellos a quien gobierna. 

No seré yo quien defienda a Pedro Sánchez o al PSOE en condiciones normales. Sin embargo, ahora mismo tiene todo mi apoyo (signifique lo que eso signifique). Porque, nos guste o no, es la persona al mando en una situación realmente compleja y que, además, él no ha provocado. Le ha tocado estrenarse al timón del barco justo cuando comienza la peor tempestad que recordamos muchos. Y por eso aquellos que lo intentan boicotear, aún a riesgo de que todos naufraguemos, no deben ser consideradas más que ratas.  Nunca una oposición ha sido tan fiera, ni por decisiones políticas tan cuestionables como meternos en la guerra de Irak, ni por mentir tras los peores atentados en nuestro territorio aquel 11-M, ni por mentir a los familiares del YAK-42, ni por el desastre parcialmente evitable del Prestige, ni por fomentar la burbuja inmobiliaria que todos pagamos, ni por regalar 60.000 millones de euros a la banca, ni por todo el dinero público robado en cientos de tramas de corrupción, ni por privatizar la sanidad… nunca habíamos visto este nivel tan exagerado de ataque al Gobierno. Y lo estamos viendo ante una crisis sanitaria global provocada por un virus. Increíble. 

Después de esto, observar la situación en nuestro vecino peninsular resulta casi como viajar a otra dimensión. Tan cerca y tan lejos. El líder de la oposición en Portugal, Rui Rio (del Partido Socialdemócrata) le deseó al primer ministro Costa, del Partido Socialista, “coraje, nervios de acero y mucha suerte… porque su suerte es nuestra suerte”, aseguró en el parlamento. Aquí algo así parece impensable a día de hoy. Porque nuestros políticos nos han acostumbrado a semejantes niveles de bajeza moral que ya nos parece lo normal. Ni siquiera en plena pandemia global, con miles de muertes debidas a un virus que nadie podría haber evitado, entra el sentido común en la cabeza de algunos representantes públicos. Y por extensión, ese virus del confrontamiento contínuo se extiende entre la población. No hay más que ver las redes sociales estos días. En lugar de unirse para hacer frente común como especie ante un virus que nos amenaza a todos, parece que esto sea una carrera de los autos locos donde cada uno hace o dice una estupidez mayor, sin duda contagiados por el virus de la bajeza moral que ha infectado a la oposición. 

No quiero despedirme sin hacer una mención especial a una de las peores ratas en la historia de la política española: Felipe González. Hace mucho que se le ve el plumero, pero su deriva hacia la inmundicia parece no tener fin. De defender los derechos de los trabajadores, a chupar el látigo del explotador y ponerle tachuelas metálicas, todo en una misma vida. Algo realmente inverosímil. Y cuando parece que no se puede ser más asqueroso, llega y se supera el tío. Primero se enfadó porque nadie le consultó sobre cómo gestionar la crisis. Y ya luego se lanzó con todo a elogiar la gestión del Alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, en la lucha de la capital contra el coronavirus,  así como también a criticar la gestión del Gobierno y su «inexperiencia». Sin duda un claro ejemplo de una rata que antes de saltar del barco, le prende fuego. 


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