![]()
La pérdida en 1898 de Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Guam, las islas Carolinas y Marianas…calificadas también en su día por los ‘Margarita Robles’ de turno como españolísimos territorios, sumió en un profundo estado de shock a la ya caduca España y su Ejército imperial.
Por Sabino Cuadra | 25/09/2026
La ministra de Defensa, Margarita Robles, en un arranque de fervor patrio, declaró hace poco que Ceuta y Melilla eran, no solo españolas, sino “españolísimas”. Ni siquiera Franco se atrevió a tanto. En la escuela, allá por los años 50-60, estudiamos que aquellas ciudades eran tan solo “plazas de soberanía”; es decir, restos coloniales de un imperio que desde comienzos del siglo XIX venía desmoronándose cual piezas de dominó. Prueba de ello es que, hasta 1986, su población autóctona carecía de DNI y para viajar a la península necesitaba un salvoconducto especial.
Se aduce hoy para defender su pertenencia a España el hecho de que forman parte de ella desde los siglos XV (Melilla) y XVI (Ceuta). Se silencia sin embargo que en aquellos mismos años fueron tomados también por la fuerza de las armas españolas otros territorios norteafricanos, tales como Mazalquivir, Oran, el peñón de Argel, Trípoli, Túnez, La Goleta…, y que todos ellos pertenecen hoy a otros estados: Marruecos, Argelia, Libia. De todo aquello tan solo quedan hoy el peñón de Alhucemas, el de Gomera, las islas Chafarinas y el islote de Perejil, microscópicos enclaves militares, sin habitante civil alguno, de un proyecto capitidisminuido que se resiste como gato panza arriba a cederlos a Marruecos, tal como debía ser.
La pérdida en 1898 de Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Guam, las islas Carolinas y Marianas…, calificadas también en su día por los “Margarita Robles” de turno como españolísimos territorios, sumió en un profundo estado de shock a la ya caduca España y su Ejército imperial. Para compensar lo anterior, y dar empleo a tanto militar en paro, en 1912, ésta se embarcó junto con Francia en el reparto norteafricano, creando el Protectorado de Marruecos y dividiendo aquel territorio en dos zonas de soberanía, violencia y rapiña. Esto motivó fuertes y continuos alzamientos de las poblaciones autóctonas (guerras rifeñas,..), que obligaron a mantener allí un contingente militar que llegó a alcanzar los 50.000 soldados. Finalmente, en 1956, Marruecos consiguió su independencia y recuperó ambos protectorados.
Por su lado, el proceso descolonizador impulsado por la ONU tras la II guerra mundial conllevó la concesión de la independencia a Guinea ecuatorial (1968) y la cesión de Ifni a Marruecos (1969). El régimen franquista trató de evitar estos procesos recalificando y otorgando a todas sus colonias el rango de “provincias” españolas, escaños en las Cortes incluidos, pero el truco no funcionó y finalmente Franco tuvo que tragarse la pérdida de una parte de su querida España “una, grande y libre”.
Lo del Sáhara fue diferente. Lejos de abrir una vía similar a la de Guinea, el estado español terminó cediendo este territorio al sátrapa Hasan II, rey de Marruecos. A pesar de que el Tribunal Internacional de Justicia (ONU) declaró que este país carecía de vínculos históricos y jurídicos sobre el Sahara y que, por tanto, España, como potencia colonial, debía abrir un proceso de autodeterminación que permitiera al pueblo saharaui alcanzar la independencia, el franquismo entregó vergonzosamente a Marruecos, en 1975, aquella “españolísima” provincia. EEUU estuvo detrás de todo aquello, oponiéndose a una hipotética república saharaui que pudiera reforzar lazos de amistad con una Argelia gobernada entonces por un FLN antiimperialista.
A decir verdad, España no ha sabido nunca determinar el alcance de sus territorios patrios, sin ligar esto a la fuerza de sus armas. Sirva como esperpéntico ejemplo el caso de Ceuta y Melilla, ciudades en las que su extensión se fijó hace 160 años sobre la base de la distancia alcanzada por un disparo de cañón lanzado desde las fortalezas de aquellas ciudades. ¡Pura ciencia política!
Aún con todo, este discurso españolista no solo pertenece a las derechas españolas (ésas que afirman las esencias eternas de una patria a cuyo himno nacional han sido incapaces de ponerle letra), sino que también afecta a buena parte de la izquierda española. El consenso constitucional, aquel en el que participó lo más granado del franquismo (monarquía, ejército, judicatura, gran capital, UCD, AP…), introdujo también en las izquierdas importantes dosis de rancio españolismo.
Hace tiempo que el PSOE abandonó las tesis anticolonialistas sobre Ceuta y Melilla que mantuvo durante el franquismo. En el Congreso de Surennes (1974), este partido se mostró abierto a la cesión de éstas ciudades a Marruecos, pero esta puerta se cerró pronto. La Constitución española de 1978, definiría a España en su artículo 2º como “indisoluble” e “indivisible”, así que el PSOE cambió radicalmente su postura y comenzó a decir “digo” donde antes decía “Diego”, hasta llegar a los últimos exabruptos de la ministra Margarita Robles.
Algo parecido, si bien con ritmos más lentos, sucedió en el PCE. Durante el franquismo este partido reclamó con fuerza la devolución de Ceuta y Melilla a Marruecos. Pero en 1995, tras un viaje de Julio Anguita a Melilla, éste pasó a afirmar que la españolidad de estas ciudades era incuestionable. Y así hasta hoy, en que su actual secretario general, Enrique Santiago, acaba de reiterar esa misma tesis y subrayar que Marruecos carece de derecho alguno sobre estas ciudades.
Es más que evidente que los problemas que afectan hoy a Ceuta tienen que ver sobre todo con la violación de los derechos humanos más básicos de la población llegada recientemente a la ciudad y la reaccionaria política migratoria mantenida por la Unión Europea y el estado español. En cualquier caso, junto a lo anterior e impregnándolo todo, existe también un problema de fondo relativo a la nacionalidad de estos territorios. Y abordarlo exige empezar por denunciar el histórico discurso gran-español respecto a los mismos, así como la sacrosanta unidad de las tierras de España y su carácter indisoluble e indivisible.
El problema es así de simple: ¡abre los ojos y mira el mapa! ¿Qué es lo que ves?, ¿España y Europa o Marruecos y África?
Se el primero en comentar