La vergüenza consentida

Por Victor Chamizo | Ilustración: JRMora

No existe nada peor que la vergüenza consentida. ¿A qué me refiero con la vergüenza consentida? La vergüenza consentida es cuando, a sabiendas de que un hecho es vergonzoso, objetivamente vergonzoso, se consiente por parte de aquellos que tendrían la potestad de erradicarlo, de sancionarlo, de denunciarlo, o, simplemente, de señalarlo.

El comportamiento de la Iglesia con los casos de pederastia es un hecho claro de vergüenza consentida, que, en muchos de los casos, llega a ser de vergüenza justificada, lo que es infinitamente peor. Decir que “es peor el aborto que los abusos a menores en las escuelas católicas” es un claro ejemplo de tratar de justificar lo injustificable, es una manifestación evidente de tratar de proteger un hecho delictivo, y, lo que para una organización religiosa, que se basa en determinados conceptos morales, es algo aun peor, es inmoral. Esconder, justificar, defender, acallar, disfrazar las conductas de determinados casos de pederastia de miembros de la Iglesia Católica –o de cualquier otra confesión religiosa– es algo que va en contra de todos los preceptos que predican. Y aquellos que defienden, aplauden, o justifican esa defensa de la vileza de los hechos de los que hablamos son cómplices de ellos, ni más, ni menos. El Estado, los estados, deberían ser absolutamente exigentes con este tipo de delitos, y las propias órdenes religiosas deberían, a su vez, ser duras con aquellos de sus miembros que perpetran estas asquerosas conductas. Las condenas deberían cumplirse a rajatabla y las confesiones religiosas deberían expulsar a aquellos que se demuestre que las practican.

Sin embargo, está ocurriendo lo contrario. Los estados, fundamentalmente conservadores, como es el caso de España, en el que gobierna el Partido Popular, un partido político ligado históricamente a la Iglesia, se limita a mirar para otro lado ante tamaños indecentes sucesos, los estamentos judiciales no aplican condenas ejemplarizantes y las iglesias, en nuestro caso la Iglesia Católica, se hace la sueca, sin apartar a dichos individuos de sus filas. En muchos casos tratando de justificarlos o de protegerlos, aplicando la benevolencia divina para aquellos pobres pecadores que han sentido la debilidad de la carne, como humanos que son. Sin embargo solicitan toda suerte de condenas humanas y divinas para todos aquellos que desean interrumpir el embarazo, o los que podríamos denominar agentes colaboradores (médicos, enfermeros, abogados, jueces, políticos, etc.).

El caso de la Bañeza no es un caso aislado. La Iglesia Católica está podrida y mucho. Ya se han aireado demasiados sucesos de este tipo. ¡Lo que debe quedar aún debajo del agua! ¡Y no salen los acólitos, los feligreses, los creyentes, los esclavos de Dios a repletar las calles pidiendo justicia para con esos desalmados que se aprovechan del candor y la inocencia de los niños para sus pervertidas y perversas maniobras!

¿Por qué será que se parecen tanto los casos aislados de la Iglesia y los del PP? ¿Por qué será que se apoyan tanto mutuamente?

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