La Transacción Española

La ley de Amnistía cerraba la puerta a cualquier intento de juzgar la cruel dictadura y a los criminales franquistas, otorgándoles un aura de impunidad que solidificaba los cimientos de un franquismo sociológico que perdura hasta nuestros días.

Por Javier Ríos | 23/12/2024

El Golpe de Estado fascista, iniciado la noche anterior al 18 de julio de 1936 en Melilla, y liderado por los militares Emilio Mola, Francisco Franco y Queipo de Llano atentó contra la frágil democracia que sustentaba la República desde 1931. Desembocó en lo que conocemos como “La Guerra Civil Española” convirtiéndose en uno de los conflictos bélicos más crueles desde la primera guerra mundial y en el que más de 200 mil personas murieron entre torturas y vulneraciones de derechos humanos. A pesar del apoyo que recibieron los militares golpistas de los ejércitos de la Alemania nazi que lideraba Adolf Hitler y del Fascismo italiano de Mussolini, la masacre duró tres años por la fuerte resistencia del pueblo español.

Se da por terminado el conflicto en 1939, con la victoria del general Franco, que instauraría una dictadura criminal denominada “Franquismo”, una de las dictaduras más antiguas de la Europa occidental junto a la portuguesa de Salazar. Durante el régimen franquista, más de medio millón de personas huyeron a Francia, 15.000 fueron enviados a campos de concentración nazis y se estima que más de 114.000 continúan desaparecidos, estas cifras siguen siendo polémicas e inexactas a día de hoy. El dictador español Francisco Franco fallece por causas naturales en 1975 postrado en una cama y firmando sentencias de muerte hasta su último aliento.

Un desaparecido forzado es alguien al que una fuerza sin legitimidad lo detiene, lo asesina y no le entrega su cadáver a la familia” Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

En 1969 el dictador nombraba como su heredero a Juan Carlos I de Borbón y Borbón. Con anterioridad, en 1953, había cerrado acuerdos con los Estados Unidos de América para que instalarán sus bases militares en territorio español y, en 1959, con la excusa de los planes de estabilización, tras diez años de durísima postguerra donde el hambre era protagonista, abrió las puertas al modelo turístico, entregando gran parte de las costas del territorio para el disfrute de potencias extranjeras.

La resistencia a la dictadura franquista se organizaba en la clandestinidad. Comunistas, anarquistas y brazos armados cobraban fuerza en los años previos a la muerte del dictador, lo que generaba un clima de represión y violencia que enmarcó el periodo de “Transición”.

Tras el golpe del 36, la Iglesia Católica obtuvo el control de la educación y la cultura de la sociedad española, que, de una manera u otra, trasciende hasta la actualidad. Enmarcada en ese conflictivo páramo intelectual, entre los años 1975 y 1978, se forja lo que hoy conocemos como Democracia, Estado de Derecho, Estado Social y Monarquía Parlamentaria.

Tras el atentado a Carrero Blanco en 1973, las tensiones entre los partidarios de la ruptura y los reformistas iban en aumento, los sindicatos mayoritarios cedían en sus peticiones al igual que los rupturistas en sus exigencias. En 1977, Adolfo Suárez pasa de ser el Vicesecretario General del Movimiento a ser Presidente del Gobierno de España, tras la dimisión de Arias Navarro, y ganar las primeras elecciones generales que se hacían en territorio español desde 1936.

En este contexto de crisis económica, política y social se acuerdan una serie de pactos conocidos como “Los Pactos de la Moncloa” en los que no quedaba rastro de ruptura y poco de reforma. Bajo amenaza constante de Golpe de Estado se fraguó la Ley de Amnistía y al año siguiente la Constitución Española. La ley de Amnistía cerraba la puerta a cualquier intento de juzgar la cruel dictadura y a los criminales franquistas, otorgándoles un aura de impunidad que solidificaba los cimientos de un franquismo sociológico que perdura hasta nuestros días.

El Tribunal del Orden Público pasó, sin sustitución alguna y de un día para otro, a llamarse Audiencia Nacional, Adolfo Suárez y el rey Juan Carlos I, reforzado tras el Golpe de Estado de 1981 llevado a cabo por Tejero y del que a día de hoy no tenemos más que “incógnitas” sobre los autores intelectuales y sus intereses, se convirtieron según la prensa de la época y los efectos del franquismo sociológico, en arquitectos de una Transición Modélica y una Democracia Ejemplar, cuya Carta Magna, la Constitución Española, manuscrita en su totalidad por hombres, conocidos como los siete padres, y votada en ese marco idílico para el consenso, blindaba al Borbón como Jefe del Estado, a pesar de ser el elegido por el fallecido dictador.

El Ministro Franquista Manuel Fraga Iribarne funda Alianza Popular en 1979, lo que acabó siendo el Partido Popular, que junto al Partido Socialista Obrero Español, alternan el poder sucesivamente hasta la actualidad, sin amago alguno de un proceso constituyente libre y sin amenazas, lo que nos da a entender con el tiempo, y cada vez mejor, aquella frase del dictador: “Todo atado y bien atado”.

Así, quedaron atados, desde los acuerdos que someten al Estado Español a los intereses estadounidenses, a la indestructible estructura de poder económico que enriqueció a las familias fieles al franquismo, y hasta la creación de una nueva constitución escrita por y para los de abajo. Y bien atada la imposibilidad, ya no de juzgar, si no de votar al Jefe del Estado.

El caso español es conocido mundialmente como una anomalía democrática y, desde el punto de vista de los Derechos Humanos y la Justicia Universal, es totalmente incomprensible que un país que juzgó al dictador chileno Augusto Pinochet, no sea capaz de juzgar a los criminales de la dictadura franquista. Los Movimientos Memorialistas no tienen otra alternativa jurídica que encauzarse a través de la jueza Maria Servini, que a sus 87 años, sigue intentando abrir causas contra la Triple A, Martín Villa y contra todos los crímenes de lesa humanidad que el franquismo cometió, en lo que se conoce como “La Querella Argentina”. La actual ley de Memoria Democrática parece cocinada en aquel polvorín del Madrid de 1976 y básicamente ha servido, hasta la fecha, para darle un paseo en helicóptero a los restos del Caudillo, del Valle de los Caídos a Mingorrubio-El Pardo.

«No entiendo cómo España no ha excavado con sus manos todo el campo de Granada para recuperar el cuerpo de su poeta. No entiendo una nación que no le haya dado un castigo histórico a sus asesinos». Leonard Cohen en honor a Federico García Lorca.

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