La revuelta estudiantil se extiende a Bélgica: miles de alumnos protestan por el abandono del sistema educativo

El movimiento arrancó con fuerza en Lieja a comienzos de mes, con bloqueos de una docena de institutos y marchas de cientos de jóvenes.

Por Sergio Meneses | 11/10/2026

La ola de protestas estudiantiles que sacude Francia desde finales de septiembre se ha trasladado a la Bélgica francófona. Desde principios de octubre, alumnos de secundaria y estudiantes de enseñanza superior bloquean centros, marchan y se movilizan en Lieja, otras ciudades de Valonia y Bruselas. Reclaman mejoras materiales concretas en un sector marcado por recortes, aulas saturadas, falta de profesorado y subidas de costes.

El 9 de octubre se sumaron a una gran jornada de huelga nacional en la capital, donde se concentraron unas 50.000 personas en el marco de la oposición a las medidas de austeridad del Gobierno federal de Bart De Wever y a las reformas de la Federación Valonia-Bruselas.

Orígenes y extensión en Bélgica

El movimiento arrancó con fuerza en Lieja a comienzos de mes, con bloqueos de una docena de institutos y marchas de cientos de jóvenes. Se extendió a Charleroi, Mons, Verviers, Tournai, Arlon y otras localidades, además de Bruselas. En la capital, grupos de estudiantes se unieron a la manifestación convocada por los principales sindicatos (FGTB/ABVV y CSC/ACV) contra los planes de ahorro de unos 10.000 millones de euros. Las pancartas pedían inversión en educación y criticaban las “medidas Arizona” (nombre popular de la coalición federal) y las políticas regionales.

En Lieja se registraron episodios de violencia y vandalismo: más de 200 detenciones acumuladas, tiendas dañadas, incendios y enfrentamientos que llevaron a restricciones de reunión.

En Bruselas, el grueso de la marcha del 9 de octubre transcurrió de forma pacífica, pero grupos de jóvenes (muchos enmascarados) lanzaron proyectiles, botellas, piedras y fuegos artificiales, y provocaron incendios cerca de las estaciones centrales y Midi. La policía respondió con cañones de agua y gases lacrimógenos; se detuvo a decenas de personas, entre ellas numerosos menores.

Demandas materiales: costes, recursos y condiciones

Los estudiantes denuncian un sector infrafinanciado y deteriorado. Entre las reivindicaciones principales figuran, la oposición a la subida del “minerval” (matrícula) en la enseñanza superior de la Comunidad francófona: de 835 a 1.194 euros anuales para la mayoría de los alumnos (alrededor del 58 %), con tarifas reducidas o exención según renta familiar. Los sindicatos y la Federación de Estudiantes Francófonos (FEF) advierten que encarece el acceso y obliga a más jóvenes a trabajar durante el curso.

Los alumnos denuncian también los recortes previstos de unos 500 millones de euros hasta 2029 en la Federación Valonia-Bruselas, que arrastra un déficit crónico (proyecciones superiores a 1.700 millones en 2026). Incluyen aumento de la carga lectiva de profesores sin subida salarial, reducción de comidas y material escolar gratuitos, y otras medidas de austeridad.

El movimiento advierte que las aulas están superpobladas, que hay escasez de profesores (en algunas asignaturas hay ausencias prolongadas), edificios en mal estado y dificultades para acceder a materiales y transporte (subida anunciada del abono joven de transporte público).

Los eslóganes recurrentes son “Estudiar es un derecho, no un privilegio” o “Es un desastre, luchamos por un derecho”. Organizaciones estudiantiles y sindicatos de la enseñanza sostienen que la educación absorbe los ajustes mientras persisten problemas estructurales de recursos y personal.

El Gobierno regional (MR y Les Engagés) defiende las medidas como necesarias para contener el déficit y evitar una espiral de deuda e intereses que recaería sobre las generaciones futuras.

Paralelismo con Francia

El paralelismo con Francia es evidente y reconocido por los propios participantes belgas. Al otro lado de la frontera, desde mediados de septiembre, cientos de miles de alumnos de lycée (estimaciones oficiales de más de 250.000 en las jornadas más grandes; los organizadores hablan de hasta 450.000) bloquean centros y marchan por condiciones materiales similares: edificios deteriorados (goteras, calor/frío extremos, falta de mobiliario), falta crónica de profesores, clases sobrecargadas, horarios excesivamente largos y problemas de recursos. Ha habido miles de detenciones (la gran mayoría de menores), enfrentamientos, heridos y respuestas policiales con gases y material antidisturbios. El Gobierno francés ha anunciado medidas parciales (sustitutos, revisión de horarios), pero las movilizaciones continúan.

En ambos países, los jóvenes señalan que el sistema público de enseñanza —financiado mayoritariamente por el Estado— sufre un desfase entre las necesidades reales (infraestructuras, personal, materiales) y los recursos asignados, en un contexto de presión presupuestaria. En Bélgica la escala es menor y más concentrada en la parte francófona, pero el eco de las imágenes y consignas francesas ha actuado de catalizador sobre reclamaciones locales ya existentes desde la primavera y el verano.

Las protestas ponen de relieve las tensiones que se están dando debido a los recortes sociales en los sistemas educativos europeos fruto de las políticas liberales.

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