La rendición ideológica de IU y el PCE: del euroescepticismo comunista al blindaje irrevocable de la UE

Al votar a favor, IU y el PCE legitiman el actual modelo de integración europea: un constructo supranacional diseñado para desarmar a los Estados frente al capital global.

Por Fernando Ariza | 29/05/2026

Este 28 de mayo, el Congreso de los Diputados aprobó una proposición no de ley del PSOE que declara “irrevocable” la pertenencia de España a la Unión Europea. La iniciativa, presentada con motivo del 40 aniversario de la adhesión española, blinda el compromiso con el proyecto comunitario como “garante de la democracia, el Estado de Derecho, los derechos humanos, la seguridad y la estabilidad económica”.

La votación resultó previsible en sus apoyos mayoritarios: PSOE, Sumar (incluyendo a Izquierda Unida y el PCE), PNV, Bildu, ERC, Compromís, CC y UPN. Vox y Podemos votaron en contra, mientras que el PP se abstuvo. Lo verdaderamente bochornoso, sin embargo, es el posicionamiento de Izquierda Unida y el Partido Comunista de España (PCE). Integrados en Sumar, han dado su voto favorable a una medida que consolida constitucionalmente la subordinación española a los marcos liberales y burocráticos de Bruselas.

Una traición a su propia historia

Durante décadas, el PCE y IU mantuvieron una línea crítica —a veces abiertamente euroescéptica— frente a la integración europea. En los años 80 y 90, criticaron el carácter neoliberal de la Comunidad Económica Europea, el déficit democrático de sus instituciones, el Tratado de Maastricht y la imposición de políticas de austeridad y mercado único que beneficiaban al capital transnacional en detrimento de los trabajadores. Julio Anguita, referente histórico de IU, encarnó durante años esa resistencia: Europa sí, pero no esta Europa capitalista y atlantista.

El viraje eurocomunista ya supuso un primer retroceso, pero bajo Anguita se recuperó cierto discurso de soberanía popular, crítica al imperialismo y defensa de una “Europa de los pueblos” frente a la Europa de los mercados y los bancos. Hoy, ese legado parece liquidado. IU y el PCE, diluidos en Sumar, han pasado de cuestionar los tratados europeos a blindar su irreversibilidad.
De denunciar la pérdida de soberanía a consagrarla como dogma intocable.

Esta decisión no es un simple voto táctico. Representa una degradación ideológica profunda. El comunismo histórico, en sus distintas corrientes, siempre defendió la soberanía nacional como instrumento para avanzar hacia el socialismo y la transformación social. Aceptar que la pertenencia a la UE sea “irrevocable” equivale a admitir que España renuncia de facto a recuperar instrumentos esenciales de política económica, monetaria y social. Significa someterse permanentemente a las reglas del euro, la competencia desleal intraeuropea, las directivas de liberalización y un Banco Central Europeo independiente de cualquier control democrático.

Abrazando los marcos liberales

Al votar a favor, IU y el PCE legitiman el actual modelo de integración europea: un constructo supranacional diseñado para desarmar a los Estados frente al capital global, imponer austeridad en tiempos de crisis y subordinar las políticas públicas a criterios de “estabilidad” y “competitividad” que priorizan el beneficio privado sobre los intereses de los trabajadores. Han terminado abrazando —o al menos no desafiando— precisamente aquello que antaño denunciaban como instrumento de dominación burguesa a escala continental.

Es especialmente llamativo en un contexto donde crece el descontento popular con la UE en amplios sectores de la izquierda europea: por su gestión de la crisis migratoria, su alineamiento con la OTAN, su imposición de políticas verdes que castigan a las clases trabajadoras o su incapacidad para proteger a los Estados frente a las grandes corporaciones tecnológicas y financieras.

Esta claudicación no fortalece a la izquierda. La debilita. Cuando las fuerzas que se reclamaban anticapitalistas terminan blindando el status quo supranacional liberal, entregan el discurso de la soberanía y la crítica al establishment a otros actores. La frustración de amplios sectores populares con las élites europeas no desaparecerá por decreto. Alguien la capitalizará.

El voto de este 28 de mayo es un símbolo claro de hasta dónde ha llegado la domesticación de la izquierda española. De prometer romper con el sistema a consagrar como “irrevocable” uno de sus pilares fundamentales. Una degradación que no pasará desapercibida para quienes aún creen que la izquierda debe defender la soberanía popular frente a cualquier poder no democrático, sea de Bruselas, Washington o los mercados.

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