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Vox es, en la práctica, conservador en lo social y liberal en lo económico. Ese es el ADN real del partido.
Por Joaquín Castro | 14/10/2026
Las recientes declaraciones de José María Figaredo, portavoz económico de Vox, han puesto al descubierto lo que hasta ahora la formación había mantenido en un segundo plano: su programa económico de corte liberal, con una clara apuesta por la privatización del sistema de pensiones. Hasta este momento, el crecimiento electoral de Vox se había apoyado principalmente en un discurso centrado en la seguridad y en el control de la inmigración. El episodio de las pensiones muestra, sin embargo, que el partido no es tan claro ni directo cuando se trata de lo público.
En una entrevista publicada el pasado fin de semana en El Debate, Figaredo calificó el sistema público de pensiones de “zombi” y aseguró que “lo han quebrado”. Añadió que Vox plantea “una reforma estructural hacia un modelo mixto que combine el reparto con la capitalización individual, como han hecho con éxito otros países europeos”. La idea no es nueva. Ya en el programa de 2019 el partido defendía un sistema mitad de capitalización y mitad de reparto, en el que el 50 % de las aportaciones iría a cuentas personales gestionadas por entidades privadas. El programa económico y de vivienda de 2025, que Figaredo ha dado por vigente, propone “iniciar el proceso de capitalización de un fondo de pensión público con criterios de rentabilidad privada y reconvertir el sistema de reparto en un sistema mixto siguiendo una línea similar a la de Suecia”. Figaredo negó posteriormente que se trate de una privatización —“nunca hemos dicho tal cosa y es objetivamente falso”—, pero el modelo supone el punto de partida para privatizar las pensiones.
La reacción de Santiago Abascal no se hizo esperar. El líder de Vox ha salido al paso asegurando que “jamás VOX ha hablado de privatizar las pensiones” y que, si gobierna, “las pensiones se van a pagar como sea, por un sistema o por otro”. En un mitin en Estepona insistió en que “nos da igual el modelo y la fórmula”, pero que se garantizará el pago “al precio que sea”. Días después, Figaredo ha moderado el tono y ha hablado de “estudiar todas las alternativas” para que las pensiones se paguen “sí o sí por un sistema o por otro”. El mensaje tranquilizador de Abascal es revelador: el partido no parece dispuesto a defender con la misma rotundidad sus medidas económicas que las que ha convertido en bandera de identidad (seguridad, inmigración o unidad nacional).
Esta ambigüedad encaja con el perfil del partido. Vox combina un conservadurismo social nítido —oposición al aborto, a la eutanasia, defensa de la familia tradicional, rechazo a lo que denomina ideología de género— con una agenda económica liberal: rebaja drástica del IRPF (mínimo exento de 22.000 euros, tipos del 15 % y 25 %), reducción del IVA y del Impuesto de Sociedades, desregulación y preferencia por el mercado. El propio Figaredo ha situado el recorte del gasto y la revisión del sistema de pensiones en el centro del programa económico de cara al 29-N. Además, Vox ha sido reiteradamente el único partido del Congreso que ha votado en contra de las revalorizaciones de las pensiones impulsadas por el Gobierno, argumentando que el sistema es insostenible.
El contraste es evidente. Mientras el discurso sobre inmigración y seguridad permite a Vox expandirse en barrios obreros y zonas donde el voto tradicional de izquierdas se ha fragmentado, el programa económico puro —liberalización, reducción de impuestos y transición hacia un sistema de pensiones con mayor peso de la capitalización— se presenta con rodeos y matices. Vox es, en la práctica, conservador en lo social y liberal en lo económico. Ese es el ADN real del partido. Las declaraciones de Figaredo no deberían generar sorpresa; simplemente han hecho más visible lo que el partido ya había escrito en sus programas y lo que su estrategia electoral había preferido no poner en primer plano para no asustar a una parte del electorado de corte obrero que pretende atraer.
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