La playa artificial de Alovera, ¿despilfarro u oportunidad?

Por Victor Marrero

 Que te hablen de construir una playa artificial en medio de la campiña castellana con la sequía que estamos padeciendo, puede resultar un ejercicio de resistencia a lo moralmente correcto. Es lo primero que pensé cuando leí por vez primera que el ayuntamiento de Alovera, en Guadalajara, ha autorizado a un importante grupo inmobiliario la instalación y gestión de la playa artificial más grande de Europa; un complejo, bautizado ya como Alovera Beach, que mide (entre la arena y la lámina de agua) 40.000 metros cuadrados, cuya apertura está prevista para 2020, y cuyos datos de asistencia rondan los 250.000 visitantes al año.

Ante este genuino proyecto en mitad de la campiña castellana, surgen voces a favor y en contra del mismo. Más teniendo en cuenta que una construcción de agua de semejante tamaño, en un territorio que sufre sequías importantes de forma recurrente, como ahora, puede acarrear un debate moral acerca de su idoneidad.

El pasado día 22, EQUO preguntaba en el Congreso de los Diputados acerca de este proyecto, que consideran “disparatado” y que supone un nuevo caso de especulación inmobiliaria. La explicación es que la constructora, el grupo Rayet, supedita la ejecución de este complejo acuático y de ocio, a la urbanización de varias parcelas sin edificar anexas al recinto (alrededor de 4.000 viviendas). Y, como bien se presupone, la playa artificial encarece el precio del suelo, produciéndose la citada especulación con la que el constructor pretende rentabilizar su inversión, la cual, en el cómputo general de gasto, es solo una pequeña parte del total. También la coalición de izquierdas municipal, Ahora Alovera, ha exigido al ayuntamiento la anulación del proyecto, al no haberse remitido la documentación técnica del proyecto ni información detallada sobre el mismo. La aprobación de este nuevo planteamiento urbano contó con el voto positivo de PP, Ciudadanos y Alternativa Alovera, y con la abstención del PSOE.

No sería de extrañar que la playa artificial que tan buenamente nos venden solo sea el prefacio de un Eurovegas 3.0 que nos metan con calzador y sin levantar la atención ciudadana

No se puede obviar que la construcción de una gran parcela de ocio (término en general) ha sobrevolado siempre a la Comunidad de Madrid y sus alrededores, como es el caso del fallido Eurovegas (que se intentó hasta dos veces), que finalmente se tumbó, entre otras cosas, por su voluntad de no respetar las leyes españolas en cuanto a consumo de tabaco, alcohol o juegos de azar. Con el nacimiento de Alovera Beach, la sombra de un macrocomplejo de ocio compuesto por hoteles y casinos vuelve a aparecer a la vista. Teniendo en cuenta que el planeamiento urbano lo permite, que se trata de una zona altamente despoblada y de que se encuentra a 20 minutos en coche del centro de Madrid, no sería de extrañar que la playa artificial que tan buenamente nos venden solo sea el prefacio de un Eurovegas 3.0 que nos metan con calzador y sin levantar la atención ciudadana. Los partidos y grupos ecologistas son actores muy presentes en la conservación del entorno natural del Henares, así que su papel es crucial para, dado el momento, abanderar una movilización social contra un nuevo caso de destrucción del ecosistema.

No es tarea sencilla. La revitalización económica de Alovera y sus localidades circundantes supone un atisbo de esperanza para sus vecinos, al mismo tiempo que favorece (¿en qué condiciones?) el poblamiento del municipio (Alovera cuenta con poco más de 12.000 habitantes). Ante un panorama así, ¿es correcta la construcción de un complejo de ocio en un área tan densamente industrializada como es el corredor del Henares? ¿Preservar el entorno es una idea final injustificable? ¿Es un despilfarro o una oportunidad?

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