La Memoria de la Transición en Euskal Herria, primera parte

El Segundo de los viajes, que la productora londinense realizó con la pretensión de cubrir la totalidad del Estado, fue el realizado a Euskal Herria, uno de los focos más activos de la resistencia antifranquista, y donde la movilización obrera y estudiantil generó sinergias propias

Por Angelo Nero

Punto final: Memoria de la Transición 1969-82”, es una interesante producción documental de Heliópolis Producciones y Reel News, del que ya hemos hablado de sus tres primeros capítulos, “que tiene por objetivo recuperar para la memoria histórica la lucha política llevada a cabo contra la dictadura franquista durante la transición a la democracia en el conjunto del Estado español, entre los años 1969 y 1982. El proyecto ha recabado, entre los años 2012-18, testimonios de lucha en torno a los movimientos sindicales, estudiantiles y vecinales con especial énfasis en las historias de vida de aquellos que sufrieron persecución, cárcel, exilio, torturas o muertes durante esta etapa de la historia.”

El Segundo de los viajes, que la productora londinense realizó con la pretensión de cubrir la totalidad del Estado, fue el realizado a Euskal Herria, uno de los focos más activos de la resistencia antifranquista, y donde la movilización obrera y estudiantil generó sinergias propias, canalizadas, en gran parte por el componente nacionalista, y por la organización armada ETA, cuyas escisiones darían lugar también a partidos como el EMK (Euskadiko Mugimendu Komunista), LKI (Liga Komunista Iraultzailea) o LAIA (Langile Abertzale Iraultzaileen Alderdia), muy activos asimismo en la Transición.

El primer apartado de este capítulo -el cuarto en la serie Punto Final- es el titulado Historias de Errentería, en el que recoge el testimonio de tres protagonistas de la Transición en Euskal Herria. El primero de ellos es Peio Mindegia, que comenzó a militar en LAK (Langile Abertzale Komiteak), un movimiento sindical asambleario, creado en 1974, a partir del Frente Obrero de ETA, para después entrar en el EMK (Euskadiko Mugimendu Komunista). Cuando tenía 27, en las fiestas de Errentería, en medio de una carga policial, tal como él lo cuenta, “en una de las barricadas que yo estaba defendiendo un policía me disparó un bote lacrimógeno, con una escopeta, a cuatro metros, y me tiró a matar”, ese disparo dejó ciego a Peio, que ya había perdido el otro ojo de pequeño. Después de muchos años litigando, Peio, que ahora milita en el ecologismo, consiguió que el Estado reconociera su responsabilidad y lo indemnizara.

El testimonio de Peio Mindegia sobre la represión en Euskal Herria es bastante concluyente: “Las detenciones aquí han sido un dinamizador de conciencias impresionante, la represión ha generado más conciencia que la propia dinámica de búsqueda de militancia. La represión era tan brutal, por parte de la policía, que generaba toda una dinámica de apoyos y de solidarias.

La siguiente voz es la de Txomin Goñi Tirapu, entonces militante del PCE (m-l), que cuenta lo decisivas que fueron las movilizaciones populares tras los asesinatos de Germán Rodríguez, en los Sanfermines de 1978, y tres días después, el 11 de julio, de Joseba Barandiaran, en una marcha de protesta por la primera de las muertes: “Decidimos que el pueblo lo íbamos a defender con barricadas, y que esas barricadas las íbamos a defender con lo que hiciera falta, con cócteles molotov o con lo que hiciera falta, pero que no nos iban a tomar el pelo más.”

También este bloque recoge el testimonio de José Iriarte, Bikila, que comenzó su militancia en ETA, para, a partir de la VI Asamblea ser uno de los referentes de la trotskista LKI (Liga Komunista Iraultzailea), fue elegido juntero en Guipúzcoa por Euskal Herritarrok en 1999, y en 2015, se sumó al proyecto de EHBildu, integrado en Alternatiba, cuya cara más visible es el diputado Oskar Matute. “De ETA se pueden decir muchas cosas, se puede ser todo lo crítico que se quiera, yo lo he sido siempre, nunca he estado de acuerdo con su actividad militar, desde que cambié de línea política, pero es evidente que en la época de la dictadura, la gente veía a ETA como un referente de la lucha contra la dictadura, no solo porque habían matado a Carrero Blanco, sino por la cantidad de presos que habían aportado, y una parte de la población siguió viendo a ese mundo como referente, y más cuando la Transición le frustró tanto.”

El segundo apartado está dedicado a La muerte de Joseba Barandiarán, que ocurrió en medio de la Huelga General declarara en Euskal Herria, tras la sangrienta represión desatada por la policía, el 8 de julio de 1978, en los Sanfermines de Pamplona, donde fue asesinado el militante de la LKI Germán Rodríguez. En una de las manifestaciones de protesta, en San Sebastián, la vida de Joseba, que tenía 19 años, fue segada por una ráfaga de metralleta disparada por un policía. Sus hermanos Iñaki y José Miguel, así como su amigo Iñaki Alejos, que lo acompañaba en aquella manifestación, son los que dan testimonio de aquellos días. “En aquel entonces era ministro Martín Villa y dijo que los asesinatos los cometía ETA, y que los suyos eran errores, y como estas muertes ha habido otras, y no pasa nada, no hay justicia para ellos”, señala Iñaki Barandiarán. Su muerte, como la de Germán, quedaron impunes.

El tercero de los bloques, titulado Historias de Ondárroa, recoge el testimonio de los hermanos de Andoni Arrizabalaga, militante de ETA, que fue sometido a tortura en las detenciones que sufrió, primero en 1964 y luego en 1968, tortura que también sufrieron sus hermanos, Mikel y Josu, por lo que interpusieron una querella contra el capitán de la Guardia Civil Jesús Muñecas, condenado a cinco años de cárcel por su implicación en el golpe militar del 23-F. “El estado no puede reconocer que ha habido torturas, porque no se hacía a unos individuos, eso estaba organizado, y con el respaldo de todo el aparato del estado,” señala Mikel Arrizabalaga.

El documental también trata el tema de los curas obreros, que eligieron comprometerse con el pueblo, en contra de la jerarquía eclesiástica que apoyaba al régimen franquista. La voz del cura de Ondarroa Imanol Oruemazaga, que también fue trabajador portuario, promotor de la cultura vasca en plena dictadura, por lo que fue detenido, torturado y encarcelado varias veces, y que en 1979 fue concejal de Herri Batasuna en el ayuntamiento de Ondarroa, es importante también para comprender el alcance del movimiento católico de base, que en muchos lugares fue el germen del sindicalismo clandestino. Junto con Altzalei Basterretxea, recuerda al joven Koldo Arriola, ejecutado el 23 de mayo de 1975 en el cuartel de la guardia civil de Ondarroa. En 2010 Imanol publicaría “Koldo Arriola, una historia tan oscura como un asesinato bien conectado.”

El ultimo de los bloques está dedicado a La muerte de Ángel Etxaniz, militante de la izquierda abertzale, detenido y torturado en varias ocasiones durante el franquismo, en la Transición su local fue atacado por la Triple A, con un artefacto explosivo que no causó víctimas, y finalmente, el 30 de agosto de 1980, fue asesinado por un comando del Batallón Vasco Español, otro de los nombres con los que actuaban las bandas paramilitares al servicio de las cloacas del estado, en el atentado también fueron heridas Francisca Urresti y Noelia Olabarri. Su familia y sus amigos son los que dan testimonio del asesinato de Ángel.

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