La mala praxis de la enseñanza superior española al enseñar qué es el comunismo (Parte I)

En los centros públicos españoles el comunismo, sea por interés particular o por omisión, ha sido tergiversado, mal explicado y demonizado. 

Por Manuel del Valle

Permítanme en las siguientes semanas que aborde un tema espinoso dentro de la educación española: la enseñanza de la historia del comunismo. En mi condición como doctor en Historia Contemporánea y como miembro del PCE he sufrido en primera persona las consecuencias, puesto que la mayor parte de los argumentos que aquí esgrimiré tuve que investigarlos después de cinco años de licenciatura.

No se trata tanto que se haya contado mal en qué consiste la teoría marxista, aunque en ocasiones es así, como la tergiversación de forma consciente o inconsciente de todo lo que el comunismo consiguió en el contexto de la Revolución Rusa y a lo largo de la existencia de la Unión Soviética. Por tanto, centraremos el análisis a partir de los hechos acontecidos desde 1917.

Desde el principio, la Revolución de octubre tuvo una connotación negativa, especialmente si la comparamos con la que se produjo en febrero. La prensa europea de la época, afectada por la censura debido a la Primera Guerra Mundial, ensalzó la Revolución de febrero y demonizó la de octubre. ¿La razón? La prensa aliada pretendía favorecer el régimen de Kerensky porque este era partidario de continuar luchando contra los Imperios Centrales, mientras que la revolución llevada a cabo por los soviets tenía como objetivo primordial sacar a Rusia del conflicto (en la prensa francesa se puede comprobar bien esta dicotomía). Tampoco debe extrañar este comportamiento, ya que los grandes medios de opinión estaban al servicio de las grandes fortunas de los países beligerantes, quienes poseían importantes intereses en el conflicto. Esta línea de opinión tiene su continuidad en nuestros días, por tanto pasaremos a analizar los principales sucesos en cuestión.

Lenin dio un Golpe de Estado a la Asamblea Constituyente

Tras el triunfo de la Revolución Bolchevique, el 25 de octubre en el calendario juliano (7 de noviembre), y solo transcurridas 24 horas, el nuevo Gobierno aprobó los conocidos Decretos de octubre, a través de los cuales Rusia se retiraría de la Primera Guerra Mundial, quedaba abolida la propiedad privada de la tierra, se dispuso la distribución de los terrenos entre los campesinos y se aprobaron medidas para mejorar las condiciones laborales y de vida de los trabajadores (salario mínimo, reducción de horas de trabajo y establecimiento de comités de trabajadores en las fábricas).

Para el 12 de noviembre todo el poder estaba en manos de los soviets, tal y como había defendido Lenin en sus tesis de abril, conseguido gracias a la actuación del 2º Congreso Panruso de los Sóviets de obreros y soldados, donde tenían mayoría. No obstante, el Gobierno permitió que se celebraran las elecciones a una Asamblea Constituyente convocadas por el Gobierno Provisional de Kerensky. En las mismas vencieron los socialistas revolucionarios con poco más de 18 millones de votos y 380 diputados, los bolcheviques quedaron segundos con casi 10 millones de votos y 168 diputados.
Reunida la Asamblea, esta se negó a que sus propios electores pudieran revocar democráticamente sus puestos, tal y como Lenin pretendía en su camino a una democratización plena de Rusia. También se opuso a los comentados decretos de octubre, por lo cual Rusia continuaría en la guerra, los trabajadores seguirían estando bajo un régimen de explotación y la tierra seguiría en manos de los grandes propietarios. Además, se negaba a reconocer la autoridad del Congreso de los Soviets y del Gobierno de Lenin. Con este panorama fue el Congreso de los Soviets (formado por bolcheviques, eseristas de izquierdas, socialdemócratas internacionalistas, por el Partido Socialista Ucraniano y por un eserista maximalista) el que aprobó la disolución de la Asamblea Constituyente, ya que esta iba a llevar a Rusia por el camino de una democracia burguesa sin atender a las necesidades de la sociedad rusa, solo para contentar los intereses de las grandes potencias occidentales y de los grandes empresarios, concediendo solo ciertas medidas democratizadoras a imitación de países como Francia y Reino Unido.

Por tanto, la Asamblea Constituyente se desveló como una auténtica enemiga del programa democratizador radical que pretendía llevar a cabo Lenin. Así, podemos ver cómo el líder de la Revolución decidió disolver la Asamblea porque esta amenazaba las conquistas conseguidas por su partido en favor del pueblo ruso y no por el hecho de quedar segundo en las elecciones, como tradicionalmente se cuenta en los centros españoles cuando se analiza la Revolución Rusa.

El comunismo crea pobreza

Por décadas se ha dicho que el comunismo solo es capaz de crear pobreza y agravar las desigualdades existentes. Sin embargo, el PIB ruso estaba estancando desde el último cuarto del siglo XIX, algo que no solucionó la llegada de la Revolución Rusa y la Guerra Civil, pero cuando se inició el Gosplán en 1921 (basado en la electrificación del país para establecer una infraestructura productiva donde no había nada) el PIB creció de forma exponencial, de forma que hasta 1970 el crecimiento era muy alto, entre 1970 y 1980 el crecimiento fue algo menor, precisamente cuando aparecieron los mecanismos de bloqueo a la economía soviética, que se hundió en los años de la Perestroika. Considerándolo de forma global, el PIB de la URSS solo cayó durante la Segunda Guerra Mundial. (Henri Hooben, La crisis de 30 años).

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Europa necesitó que EEUU inyectara cantidades de dinero ingentes para ayudar a recuperar su economía (Plan Marshall), la Unión Soviética no. En 1963, Rusia había multiplicado por 52 su volumen industrial gracias a la economía planificada, sin esclavizar ni explotar los recursos naturales de países subdesarrollados.

Por otra parte, la esperanza de vida aumentó de 40 a 70 años en cuatro décadas, la mortalidad infantil descendió en un 90%, las mejoras en alimentación provocaron un aumento de la estatura media de más de 20 cm y la ingesta calórica per cápita era superior al de los países occidentales.

Se estableció una sanidad universal y gratuita en su totalidad. Un informe de la OMS de 1963 decía: “Los servicios sanitarios actuales de la URSS son el resultado de 40 años de evolución, experiencias e investigaciones. Forman un sistema unificado que se extiende a todas las disciplinas sanitarias y cuyas ramificaciones alcanzan a todos los centros de población  que constituyen las 15 Repúblicas de la Unión, llegando hasta las más pequeñas y remotas aldeas y zonas agrícolas”.

Igualmente, crearon el primer sistema universal gratuito de enseñanza, en el que se incluía la universidad y en el que todo el material escolar lo proporcionaba el estado.

Por último, hay que recordar que mientras que EEUU sufrió una grave crisis económica debido al crack de la bolsa de New York de 1929, situándose el paro en un 23%, la URSS alcanzó la plena ocupación, permaneciendo sus oficinas de desempleo cerradas hasta 1988 (El País, 20 enero de 1988). Al mismo tiempo, las condiciones laborales establecidas en la constitución de 1936 fijaban la jornada laboral en 7 horas, reduciéndose a 6 o 4 para los trabajos más duros; la jubilación era a los 60, siendo a los 50 para los trabajos más duros; solo hacían falta 20 años cotizados para cobrar la pensión máxima; los salarios se cobraban al 100% durante las bajas por enfermedad, etc.

Stalin mató deliberadamente de hambre al pueblo ucraniano (Holodomor)

En los años 30 del siglo XX se produjo una hambruna en Ucrania en la que perecieron miles de personas, la cual tradicionalmente se ha achacado a la política de Stalin, pues este habría actuado deliberadamente para acabar con el pueblo ucraniano.

Sin embargo, hay hechos que desmienten la anterior afirmación. La primera vez que se lanzó la campaña del holocausto ucraniano se produjo entre 1934 y 1935 debido a la propaganda nazi, ya que Hitler en Mein Kampf consideraba a Ucrania como parte del espacio vital de Alemania. Por otra parte, el multimillonario William Randolph Hearts comenzó la publicación de una serie de artículos de Thomas Walker, quien supuestamente recorrió la URSS durante décadas. No obstante, este solo había estado en Rusia una vez en el otoño de 1934, permaneciendo cinco días en territorio soviético antes de tomar el transiberiano, por lo que es imposible que viera el hambre que él denunciaba en Ucrania. Además, las fotos que ilustran el hambre en Ucrania en 1934 fueron tomadas durante la hambruna de 1922, tras la Guerra Civil rusa. Todo cobra más sentido cuando se dio a conocer que Hearts mantuvo en 1934 relaciones con Hitler para concluir un acuerdo por el que Alemania compraría las noticias a la International News Service, empresa perteneciente a Hearts.

Tras la Segunda Guerra Mundial, miles de nazis ucranianos se refugiaron en EEUU y estos prestaron testimonio al Comité de Actividades Antiamericanas de McCarthy en calidad de víctimas de la barbarie comunista, una “barbarie” que precisamente había liberado a Ucrania de la mayor amenaza que ha sufrido la humanidad. Fue durante la Caza de Brujas en EEUU cuando se publicó otro libro que colaboró en crear el mito del Holodomor, titulado Black Deeds of the Kremlin. La obra muestra fotos manipuladas como la de una teórica ejecución de kulaks a manos del Ejército Rojo, aunque los soldados portan el uniforme zarista. Hay que añadir que uno de los principales autores, Alexandre Hay Holowko, fue ministro de Propaganda en el Gobierno de la Organización de las Nacionalidades Ucranianas de Stepan Bandera, aliado y colaboracionista de la Alemania nazi.

Por otra parte, el número total de víctimas varía según los autores entre 1 y 15 millones de muertos, en una población ucraniana que estaría alrededor de los 30 millones de habitantes. El problema viene en que las fuentes consultadas para dar tales cifras provienen de artículos antisoviéticos publicados por la prensa del pro-nazi de Hearts y  de publicaciones anticomunistas de la derecha en tiempos de McCarthy. Algunos podrán recurrir al método del profesor Jhon Ryan quien para calcular los muertos del “genocidio” tomó los datos del censo de 1926 y de 1939, estableciendo el crecimiento promedio antes de la colectivización (2,36% por año) y resultando de ello que Ucrania había perdido 7,5 millones de personas. No obstante, este método no considera que la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil y la hambruna de 1920-1922 provocaron una reducción de la natalidad; además, la nueva generación tendría 16 años cuando comenzó la colectivización, por lo que no llegaría a la edad de procreación hasta fines de la década de 1930. La natalidad también bajó a causa el hambre, ya que esta existió, pero también por las luchas de clase en el campo, por la emigración y los cambios de nacionalidad debido a los matrimonios interétnicos. (Mertens, Otra Mirada sobre Stalin, pp. 99-107)

Si bien hasta ahora hemos dado una serie de argumentos sin querer extendernos demasiado para no cansar al lector, es el momento de acometer la intervención personal de Stalin en este asunto.

En el mes de junio de 1932 Stalin escribió una carta a las autoridades ucranianas preguntando acerca de la hambruna, pero estas les respondieron que no existía nada conocido. Aquellos que acusan a Stalin de genocidio deliberado usan una carta que escribió el 11 de agosto de 1932 (visible en Wikipedia), aunque el final de la misma no se menciona en ninguna fuente acusatoria. He aquí un extracto: “Hagan del objetivo de convertir a Ucrania en una verdadera fortaleza de la Unión Soviética, en el menor tiempo posible. Conviértanla en una República verdaderamente ejemplar, no escatimen dinero ni esfuerzos”. Incluso, documentos desclasificados han demostrado que Ucrania fue ayudada, pues un telegrama del Comité Central del Partido Comunista Ucraniano fechado el 23 de junio de 1933 solicita ayuda urgente, ya que las reservas de pan se agotaron. Stalin escribió al margen, en lápiz, “hay que hacerlo”.

El historiador y director del departamento de Historia de la Universidad Estatal de Penza (Rusia), Viktor Kodrashin, establece que en 1933 Ucrania recibió más de 506.000 toneladas de granos. Mientras que el profesor de Historia soviética en la Universidad de West Virginia (EEUU) Mark B. Tauger, afirma que el gobierno soviético asignó elementos de ayuda para combatir el hambre en Ucrania, aunque no fueron suficientes para evitarla.

Todas estas cuestiones, tratadas en los distintos niveles educativos españoles, no son rebatidas, pero tampoco se ofrecen las pruebas o las fuentes que las sostienen. Simplemente se cuentan y se aceptan como dogma de fe. Yo mismo fui víctima de esta historiografía dominante. Solo tras acabar la carrera y tras cientos de horas de lectura e investigación, pude comprobar y corroborar una realidad muy diferente a la de los mitos anticomunistas que aún hoy siguen muy vigentes. Espero y deseo que me acompañen en este humilde proceso de lucha en el segundo miércoles del mes de noviembre.

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