La fundamentación histórica del socialismo en Valle Iberlucea

El socialismo científico aduciría que la propiedad había sido común a todos los miembros de una comunidad social en determinado momento histórico, y que la evolución económica habría creado en otro momento histórico la propiedad individual, y que habría revestido distintas formas

Por Eduardo Montagut | 3/01/2026

Nos acercamos a una reflexión del destacado socialista argentino de origen español, Enrique del Valle Iberlucea, a través de un trabajo que El Socialista publicó el primero de mayo de 1914, sobre el fundamento histórico del socialismo.

El derecho de propiedad era la consecuencia inmediata, más que ningún otro derecho, de la estructura económica de las sociedades. Dicho derecho habría revestido distintas modalidades a lo largo de la historia y de los lugares, es decir, según las épocas y los países, se modificaba y transformaba.

Nuestro autor afirmaba que para saber si la propiedad legítima no había que recurrir a la metafísica. Era un asunto histórico más que un problema jurídico o filosófico. Serían los hechos los que revelarían cuando apareció este derecho, cuáles habían sido sus variantes y los que nos servirían para saber las razones de su existencia y saber si sería estable en la modalidad imperante en el presente o, si por el contrario, pueda adquirir nuevas formas impuestas por las nuevas necesidades de los pueblos.

Así pues, el derecho de propiedad no estaba en la constitución misma del ser humano. Dicho derecho debía colocarse en el mismo lugar que los demás derechos y que podían modificarse en un sentido u otro.

Dicho esto, el socialismo científico no repetía el principio de Proudhon de que la propiedad era un robo, como no proclamaba la nivelación de los individuos. El socialismo científico aduciría que la propiedad había sido común a todos los miembros de una comunidad social en determinado momento histórico, y que la evolución económica habría creado en otro momento histórico la propiedad individual, y que habría revestido distintas formas. Y del mismo modo el desarrollo de los agentes de la producción crearía en el futuro la propiedad social o colectica, procedida, seguramente, por formas intermedias. Había habido quienes habían sostenido que esta marcha hacia la propiedad colectiva sería la vuelta a un comunismo primitivo, y por eso el marxismo era una ideología de retroceso, pretendiendo “barbarizar” las sociedades modernas. Pero, en realidad, el propio capitalismo tendía por las necesidades de la producción a la propiedad colectiva. Y esto sucedía por el determinismo histórico, no por lo que quisieran ciertos hombres y a pesar de los esfuerzos contrarios de otros. En tal caso, el colectivismo era independiente de la “barbarización” de las sociedades de tipo capitalista. La tendencia a la apropiación colectiva no llevaría al comunismo primitivo ni a los primeros estadios de la civilización. Y es que el colectivismo no proclamaba la absoluta comunidad de los bienes, sino que reivindicaría para la sociedad la propiedad de los agentes de la producción.

Así pues, Del Valle Iberlucea estaría defendiendo el materialismo histórico, es decir, la defensa de que la propiedad privada era un producto histórico, y no algo innato al ser humano, además de que esa misma evolución histórica llevaría a la propiedad colectiva, pero no a un comunismo primitivo de bienes, sino a la apropiación social de los medios de producción. Y ese camino lo habría emprendido la propia evolución del período capitalista.

 

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